Fotografía de Herr_Mueller - The Good Life #1
Mostrando entradas con la etiqueta Quevedo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Quevedo. Mostrar todas las entradas

17 de agosto de 2026

Quevedo - «Todo tras sí lo lleva el año breve...»

 


QUE LA VIDA ES SIEMPRE BREVE Y FUGITIVA

Todo tras sí lo lleva el año breve
de la vida mortal, burlando el brío,
al acero valiente, al mármol frío,
que contra el tiempo su dureza atreve.

Antes que sepa andar, el pie se mueve
camino de la muerte, donde envío
mi vida oscura, pobre y turbio río
que negro mar con altas ondas bebe.

Todo corto momento es paso largo
que doy a mi pesar en tal jornada,
pues parado y durmiendo siempre aguijo;

breve suspiro, y último, y amargo,
es la muerte forzosa y heredada;
mas si es ley y no pena, ¿qué me aflijo?


Francisco de Quevedo


12 de febrero de 2026

Quevedo

 

Aquél es avisado, que usa de sus caricias y no se fía dellas.

Quevedo



Leído en Anacrónica y Fidel, de Luis Martínez de Mingo, Anthropos, 1985



27 de enero de 2026

Bergamín y Quevedo

 

De todo lo que tú dices,
de todo lo que yo digo,
apenas si llega el eco
de una voz a mis oídos.

Y es tan profundo el silencio
de la noche sin sentido
que oigo los pasos del tiempo
como si fueran los míos.




                  "¿Quién oyó las pisadas de los días?"
                                                         Quevedo


El tiempo lo hace todo
y todo lo deshace.
Porque el tiempo no deja
de andar un solo instante.

El tiempo todo es alma.
El alma toda es aire.
Y los pasos del tiempo
no los escucha nadie.

José Bergamín


Poesía, VI. Hora última, Turner, 1984



20 de noviembre de 2025

Quevedo - «Huye sin percibirse lento el día...»

 

Arrepentimiento y lágrimas debidas al engaño de la vida

Huye sin percibirse lento el día,
y la hora secreta y recatada
con silencio se acerca, y despreciada
lleva tras sí la edad lozana mía.

La vida nueva, que en niñez ardía,
ya juventud robusta, y engañada,
en el postrer invierno sepultada,
yace entre negra sombra y nieve fría.

No sentí resbalar mudos los años,
hoy los lloro pasados, y los veo
riyendo de mis lágrimas y daños.

Mi penitencia deba a mi deseo,
pues me deben la vida mis engaños,
y espero el mal que paso, y no le creo.


Francisco de Quevedo



9 de octubre de 2025

Quevedo - «En los claustros del alma la herida...»

 

PERSEVERA EN LA EXAGERACIÓN DE SU AFECTO AMOROSO
Y EN EL EXCESO DE SU PADECER


En los claustros del alma la herida
yace callada; mas consume hambrienta
la vida, que en mis venas alimenta
llama por las medulas extendida.

Bebe el ardor hidrópica mi vida,
que ya, ceniza amante y macilenta,
cadáver del incendio hermoso, ostenta
su luz en humo y noche fallecida.

La gente esquivo, y me es horror el día;
dilato en largas voces negro llanto,
que a sordo mar mi ardiente pena envía.

A los suspiros di la voz del canto,
la confusión inunda l’alma mía:
mi corazón es reino del espanto.

Francisco de Quevedo


16 de agosto de 2025

Quevedo - Felicidad barata y artificiosa del pobre

 

FELICIDAD BARATA Y ARTIFICIOSA DEL POBRE

Con testa gacha toda charla escucho;
dejo la chanza y sigo mi provecho;
para vivir, escóndome y acecho,
y visto de paloma lo avechucho.

Para tener, doy poco y pido mucho;
si tengo pleito, arrímome al cohecho;
ni sorbo angosto ni me calzo estrecho:
y cátame que soy hombre machucho.

Niego el antaño, píntome el mostacho;
pago a Silvia el pecado, no el capricho;
prometo y niego: y cátame muchacho.

Vivo pajizo, no visito nicho;
en lo que ahorro está mi buen despacho:
y cátame dichoso, hecho y dicho.

Francisco de Quevedo



6 de julio de 2025

Quevedo - Riesgo de celebrar la hermosura de las tontas

 

RIESGO DE CELEBRAR LA HERMOSURA DE LAS TONTAS

Sol os llamó mi lengua pecadora,
y desmintiome a boca llena el cielo;
luz os dije que dábades al suelo,
y opúsose un candil, que alumbra y llora.

Tan creído tuviste ser aurora,
que amanecer quisiste con desvelo;
en vos llamé rubí lo que mi abuelo
llamara labio y jeta comedora.

Codicia os puse de vender los dientes,
diciendo que eran perlas; por ser bellos,
llamé los rizos minas de oro ardientes.

Pero si fueran oro los cabellos,
calvo su casco fuera, y, diligentes,
mis dedos los pelaran por vendellos.

Francisco de Quevedo



30 de abril de 2025

Quevedo - «Miré los muros de la patria mía»

 

Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.

Salime al campo: vi que el sol bebía
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.

Entré en mi casa: vi que amancillada
de anciana habitación era despojos,
mi báculo más corvo y menos fuerte.

Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.

Francisco de Quevedo



(Recordemos que la patria de que habla Quevedo es la ciudad de Madrid, no España)



7 de febrero de 2025

Garcilaso y Quevedo - Sonetos a Dafne y Apolo


Soneto XIII

A Dafne ya los brazos le crecían,
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tomaban
los cabellos que al oro escurecían.

De áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros, que aún bullendo estaban;
los blancos pies en tierra se hincaban,
y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
el árbol que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable hado, oh mal tamaño!
¡Que con lloralla cresca cada día,
la causa y la razón por que lloraba!

Garcilaso de la Vega
(1491/1503 - 1536)




A APOLO SIGUIENDO A DAFNE


Bermejazo platero de las cumbres,
a cuya luz se espulga la canalla,
la ninfa Dafne, que se afufa y calla,
si la quieres gozar, paga y no alumbres.

Si quieres ahorrar de pesadumbres,
ojo del cielo, trata de compralla:
en confites gastó Marte la malla,
y la espada en pasteles y en azumbres.

Volvióse en bolsa Júpiter severo;
levantóse las faldas la doncella
por recogerle en lluvia de dinero.

Astucia fue de alguna dueña estrella;
Que de estrella sin dueña no lo infiero;
Febo, pues eres Sol, sírvete della.



A DAFNE, HUYENDO DE APOLO

 «Tras vos, un alquimista va corriendo,
Dafne, que llaman Sol, y ¿vos, tan cruda?
Vos os volvéis murciégalo sin duda,
pues váis del Sol y de la luz huyendo.

  »Él os quiere gozar, a lo que entiendo,
si os coge en esta selva tosca y ruda:
su aljaba suena, está su bolsa muda;
el perro, pues no ladra, está muriendo.

  »Buhonero de signos y planetas,
viene haciendo ademanes y figuras,
Cargado de bochornos y cometas.»

Esto la dije; y en cortezas duras
se injirió contra sus tretas,
Y, en escabeche, el Sol se quedó a oscuras.

Francisco de Quevedo

(1580 - 1645)



(Fotografía de Egisto Sani)


4 de febrero de 2025

José Bergamín - Pareceres

 

«Quién oyó las pisadas de los días?», preguntaba Quevedo para decirnos que el andar del tiempo no se oye; el andar, el correr del tiempo, de los tiempos. Y menos, el volar. Porque parecería que el tiempo, cuyo paso no oímos, cuyos pasos no podemos oír, unas veces anda  xx a paso de andadura, a paso lento xxx, otras  veces corre, otras vuela. Y si no lo oímos, ni cuando va despacio, ni cuando va de prisa, ¿lo vemos pasar? «Corre el tiempo, vuela y va ligero», escribía Cervantes; que este tiempo que corre, que vuela, ligerísimo, que se nos va y no vuelve, es el mismo tiempo o son los mismos tiempos que mudan las cosas y que perfeccionan las artes: «Los tiempos mudan las cosas y perfeccionan las artes». Será entonces que vemos pasar el tiempo, los tiempos, por esta mudanza de las cosas y perfeccionamiento de las artes, que lo veremos de este modo, pasar con lentitud o con ligereza, con rapidez; con «pies de pluma» o con «pies de plomo», que habría dicho Tirso de Molina. No oiremos sus pisadas y acaso tampoco veremos sus pies, pero sí veremos sus huellas. A estas huellas del tiempo pasajero, que por el mudarse, cambiarse de las cosas, se nos muestra, añadiremos, según Cervantes, el ver, el mirar, cómo las artes (¿y qué artes?, ¿las que llamó Lope artes mágicas del vuelo) se perfeccionan. ¿Pues era esta perfección de las artes, y concretamente del arte de pintar, del arte de la pintura, en relación con la mudanza de los tiempos , por lo que dijo Goya que «el tiempo también pinta»?

José Bergamín


Comienzo del artículo «Pareceres», del libro Antes de ayer y pasado mañana, Seix Barral, 1974 (Primera edición con el título Al volver, Seix Barral, 1962)


28 de octubre de 2024

Quevedo - «Ya formidable y espantoso suena...»

 

Ya formidable y espantoso suena
dentro del corazón el postrer día,
y la última hora, negra y fría,
se acerca, de temor y sombras llena.

Si agradable descanso, paz serena,
la muerte en traje de dolor envía,
señas da su desdén de cortesía:
más tiene de caricia que de pena.

¿Qué pretende el temor desacordado
de la que a rescatar, piadosa, viene
espíritu en miserias añudado?

Llegué rogada, pues mi bien previene;
hallame agradecido, no asustado;
mi vida acabe y mi vivir ordene.

Francisco de Quevedo




10 de agosto de 2024

Quevedo - «¿Qué imagen de la muerte rigurosa…?»


¿Qué imagen de la muerte rigurosa,
qué sombra del infierno me maltrata?
¿Qué tirano cruel me sigue, y mata,
con vengativa mano, licenciosa?

¿Qué fantasma en la noche temerosa
el corazón del sueño me desata?
¿Quién te venga de mí, divina ingrata,
más por mi mal que por tu bien hermosa?

¿Quién, cuando con dudoso pie, e incierto,
piso la soledad de aquesta arena,
me puebla de cuidados el desierto?

¿Quién el antiguo son de mi cadena
a mis orejas vuelve, si es tan cierto,
que aun no te acuerdas tú de darme pena?

Francisco de Quevedo



29 de mayo de 2024

Quevedo - «¡Cómo de entre mis manos te resbalas!…»

 

¡Cómo de entre mis manos te resbalas!
¡Oh, cómo te deslizas, edad mía!
¡Qué mudos pasos traes, oh muerte fría,
pues con callado pie todo lo igualas!

Feroz de tierra el débil muro escalas,
en quien lozana juventud se fía;
mas ya mi corazón del postrer día
atiende el vuelo, sin mirar las alas.

¡Oh condición mortal! ¡Oh dura suerte!
¡Que no puedo querer vivir mañana,
sin la pensión de procurar mi muerte!

¡Cualquier instante de la vida humana
es nueva ejecución, con que me advierte
cuán frágil es, cuán mísera, cuán vana.

Francisco de Quevedo



13 de marzo de 2024

Francisco de Quevedo - Es amarga la verdad

 

Pues amarga la verdad,
quiero echarla de la boca;
y si al alma su hiel toca,
esconderla es necedad.
Sépase, pues libertad
ha engendrado en mí pereza
la pobreza.

¿Quién hace al ciego galán
y prudente al sin consejo?
¿Quién al avariento viejo
le sirve de río Jordán?
¿Quién hace de piedras pan,
sin ser el Dios verdadero?
El dinero.

¿Quién con su fiereza espanta,
el cetro y corona al rey?
¿Quién careciendo de ley
merece nombre de santa?
¿Quién con la humildad levanta
a los cielos la cabeza?
La pobreza.

¿Quién los jueces con pasión,
sin ser ungüento, hace humanos,
pues untándoles las manos
los ablanda el corazón?
¿Quién gasta su opilación
con oro, y no con acero.
El dinero.

¿Quién procura que se aleje
del suelo la gloria vana?
¿Quién siendo tan cristiana,
tiene la cara de hereje?
¿Quién hace que al hombre aqueje
el desprecio y la tristeza?
La pobreza.

¿Quién la montaña derriba
al valle, la hermosa al feo?
¿Quién podrá cuanto el deseo,
aunque imposible, conciba?
¿Y quién lo de abajo arriba
vuelve en el mundo ligero?
El dinero.

Francisco de Quevedo





4 de diciembre de 2023

Quevedo con Flor Garduño - Amor constante más allá de la muerte

 

AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra
que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

Quevedo



Flor Garduño (1957) - Polvo serán, más polvo enamorado, 1990


5 de junio de 2023

Quevedo - «Retirado en la paz de estos desiertos...»

 

DESDE LA TORRE

Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos,
y escucho con mis ojos a los muertos.

Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.

Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años, vengadora,
libra, ¡oh gran don Joseph!, docta la imprenta.

En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquélla el mejor cálculo cuenta,
que en la lección y estudios nos mejora.

Francisco de Quevedo



Nota de José Manuel Blecua en su edición de la Poesía original completa de Quevedo, Planeta, 1981: 

«Añade González de Salas: "Algunos años antes de su prisión última me envió este excelente soneto desde la Torre"»

* * * * * * * * * * * * * * *

Quevedo llegó a La Torre de Juan Abad en 1620, con apenas 40 años de edad. No tardó en marcharse de La Mancha con rumbo a Madrid cuando Felipe IV accedió al trono de España, para adentrarse en las intrigas palaciegas de la Corte de los Austria. En 1632 llegó incluso a ser secretario del rey. 

Después de unas cuantas peripecias en la capital acabó encerrado en la prisión de San Marcos de León y en 1643 renunció a la Corte para volver, maltrecho, a la Torre de Juan Abad. Durante su presidio, Quevedo compuso alguno de sus mejores poemas, y su pensamiento viró hacia un estoicismo inspirado en Séneca y que frenó por momentos su ambición política. 

(Fuente)




19 de diciembre de 2022

Quevedo - «En crespa tempestad del oro undoso...»

 

AFECTOS VARIOS DE SU CORAZÓN FLUCTUANDO
EN LAS ONDAS DE LOS CABELLOS DE LISIS


En crespa tempestad del oro undoso
nada golfos de luz ardiente y pura
mi corazón, sediento de hermosura,
si el cabello deslazas generoso.

Leandro en mar de fuego proceloso
su amor ostenta, su vivir apura;
Ícaro en senda de oro mal segura
arde sus alas por morir glorioso.

Con pretensión de fénix encendidas
sus esperanzas, que difuntas lloro,
intenta que su muerte engendre vidas.

Avaro y rico, y pobre en el tesoro,
el castigo y la hambre imita a Midas,
Tántalo en fugitiva fuente de oro.

Francisco de Quevedo



18 de marzo de 2022

Francisco de Quevedo - «¿Qué otra cosa es verdad sino pobreza...?»

 

¿Qué otra cosa es verdad sino pobreza
en esta vida frágil y liviana?
Los dos embustes de la vida humana,
desde la cuna, son honra y riqueza.

El tiempo, que ni vuelve ni tropieza,
en horas fugitivas la devana;
y, en errado anhelar, siempre tirana,
la Fortuna fatiga su flaqueza.

Vive muerte callada y divertida
la vida misma; la salud es guerra
de su proprio alimento combatida.

¡Oh, cuánto, inadvertido, el hombre yerra:
que en tierra teme que caerá la vida,
y no ve que, en viviendo, cayó en tierra!

Francisco de Quevedo




16 de septiembre de 2021

Francisco de Quevedo - «"¡Ah de la vida!"… ¿Nadie me responde?»

 

 «¡Ah de la vida!…» ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.

¡Que sin poder saber cómo ni a dónde
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.

Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.

En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.

Francisco de Quevedo