Fotografía de Herr_Mueller - The Good Life #1
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31 de agosto de 2026

Phoebe Giannisi - Éxodo

 

Éxodo

durante años
hasta ayer
era una niña
pasó mucha vida hasta llegar a ser mujer
para mí crecer fue muy difícil 
ahora digo que soy mujer y niña a la vez
las dos cosas las domino
son mías
seré vieja y sólo yo lo sabré 

Phoebe Giannisi 



Homérica, de Phoebe Giannisi. Edición bilingüe griego-español. Traducción de Vicente Fernández González y Ioanna Nicolaidou. Vaso Roto, 2023




Έξοδος

για χρόνια μέχρι χθες
ήμουν κορίτσι
πέρασε πολλή ζωή ώστε να γίνω γυναίκα
ήταν για μένα δύσκολο να μεγαλώσω
τώρα λέω πως είμαι
γυναίκα και κορίτσι μαζί
τα κατέκτησα πλέον και τα δύο
είναι δικά μου
θα είμαι γριά και μόνο εγώ δεν θα το ξέρω

Φοίβη Γιαννίση

Ομηρικά, Κέδρος, 2007


Φοίβη Γιαννίση 



31 de julio de 2026

30 de julio de 2026

Óscar Hahn - Cosas que se escuchan

 

COSAS QUE SE ESCUCHAN  

Qué extraño es sentir el sonido de la lluvia
cuando no está lloviendo
mirar por la ventana las calles secas
y sentir el sonido incesante de la lluvia
Ahora escucho el crujido de una silla mecedora
Alguien teje alguien se para
alguien entra con unas tazas de té
alguien hace ruido con la vajilla
Qué extraño es sentir el quejido
de una silla mecedora
cuando nadie se está meciendo
el tintinear de la vajilla
cuando nadie está poniendo la mesa
la algarabía de los invitados
cuando las sillas están vacías
y el sonido de la lluvia
el persistente sonido de la lluvia
cuando no está lloviendo

Óscar Hahn


Paul Jackson - Black and White Project, 2018




24 de julio de 2026

Kate Steinitz - Natación de espalda

 


Kate Steinitz - Rückenschwimmen, 1930


«Kate Steinitz (1889 - 1975), informally known as “the Mama of Dada,” was a German-American artist, preserver and collector of Bauhaus and Dadaist art, promoter, and, librarian. From 1945 until her death, she served as the librarian of the Elmer Belt Library of Vinciana, first when the library was based in the collector's medical offices, and later as honorary curator when the collection was given to UCLA in 1961.

Steinitz is remembered for collaborative work with the Kurt Schwitters, and, in later life, her scholarship on Leonardo da Vinci.»

(Wikipedia)





15 de julio de 2026

Una décima de José de Jesús Martínez

 


Adiós, amor, me despido
de ti, de mí, de los dos.
A los tres un mismo adiós
en tres muertes dividido.
Con los dedos cuento y mido
lo que no tenía medida,
y con el alma podrida
recuerdo nuestro amor tierno.
¡Chucha, qué poco lo eterno!
¡Mierda, qué larga la vida!

José de Jesús Martínez 




12 de julio de 2026

Enric Juliana - Historia de un cuaderno azul


Historia de un cuaderno azul

El taxi subía lentamente por una de las calles del barrio lisboeta del Chiado y cerca de la plaza de Camões me fijé en el escaparate de una pequeña papelería. Me llamaron la atención unos cuadernos de color azul que no había visto nunca. Colecciono blocs y libretas. Me gustan especialmente los cuadernos que vienen del pasado y traen consigo el recuerdo de los tiempos lentos. Me complace observarlos y los suelo usar para anotaciones rápidas, sin ninguna intención literaria. Debo confesar que escribo muy poco a mano, con una letra indisciplinada, casi ilegible –lletra de metge, decimos en catalán-, que ni yo mismo entiendo cuando repaso mis notas. Admiro a la gente que es capaz de concluir la jornada resumiendo reflexivamente las impresiones del día con letra clara y bien ordenada. Lo mío podríamos llamarlo fetichismo. Me interesaron esos cuadernos azules y le dije al taxista que me apeaba.

El dueño de la papelería me los mostró y se confirmó el flechazo. Tapa dura de tela azul empastada, con una etiqueta blanca con doble orla. Algunas de las etiquetas estaban visiblemente torcidas. Trabajo manual sin pensar en el qué diran. Cuadernos autárquicos. Tres tamaños: de bolsillo, de mesa y uno muy alargado para la contabilidad de antes. Quizás en uno de esos cuadernos azules, María Jesús Caetano, la legendaria ama de llaves del dictador Oliveira Salazar, apuntaba el número de huevos que ponían las gallinas del palacio presidencial, que ella misma vendía cada mañana a una tienda cercana. En uno de esos cuadernos quizás algún joven oficial del ejército portugués apuntó las contraseñas del levantamiento del 25 de abril de 1974. Eran muy dispares. No había ningún cuaderno igual a otro. Variaba siempre el numero de páginas, que podían ser blancas, a rayas o con cuadrícula. Los lomos del papel estaban ligeramente tintados de rosa o azul, como si se hubiesen utilizado resmas de papel sobrante. Cuadernos de batalla. Cuadernos rudos. Nada que ver con los estilizados Moleskine, el viejo bloc de los artistas parisinos relanzado como producto de éxito por la diseñadora italiana Maria Segronbodi.

El encargado de la papelería me hablaba en portugués y yo le respondía en castellano. Antes de despedirme, le hice una pregunta un poco relamida. Le dije: “Hay un escritor americano llamado Paul Auster que habla de unos cuadernos azules portugueses en una de sus últimas novelas, ¿podrían ser estos?”. El señor Luis Bordalo me miró sonriente y me dio cuerda: “Creo que lo son”. Subí las cuestas del Barrio Alto más contento que un niño con zapatos nuevos. Había encontrado los cuadernos azules portugueses que aparecen en la novela La noche del oráculo, me alojaba en la pensión Londres, con una vista fenomenal sobre Lisboa, y por las noches leía fragmentos del Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa. Sólo faltaba una canción de Madredeus como música de fondo. Me sentía un personaje de Wim Wenders en la película Lisbon Story. Fetichismos.

De vuelta a Madrid escribí un artículo sobre los cuadernos azules portugueses que llamó la atención de algunos lectores viajeros. Finales de febrero del 2007. Aún no había comenzado la crisis económica y la gente viajaba mucho. En julio regresé a Lisboa y empecé a trabar amistad con Luis y Sandra, los propietarios de la pequeña papelería del Largo de Calhariz, a dos pasos de la plaza de Camões. Habían ampliado el negocio. Ella se ocupaba primordialmente de la pequeña papelería y él atendía un quiosco cercano en el que se vendían todo tipo de revistas internacionales.

Corrió la voz sobre los cuadernos azules portugueses, que evidentemente se podían comprar en otras papelerías del país. La revista de la TAP, las aerolíneas portugueses, les dedicó un artículo de una página, que los Bordalo colgaron inmediatamente en el escaparate. Había en aquellos momentos en Portugal un fuerte apego a los productos tradicionales: colonias, perfumes, jabones de afeitar, envases, latas de sardina con las viejas marcas, carteles, cestos…. Una cadena de tiendas llamada A vida portuguesa tiene un amplio catálogo de productos que remiten a los tiempos pasados. Este año han puesto a la venta una infusión de clavel rojo para conmemorar el cincuenta aniversario de la Revolución de Abril. El cuaderno azul también formaba parte de ese catálogo.

El mundo antes de la eclosión definitiva de internet. Europa antes del garrotazo financiero del 2009. Portugal antes de la intervención de la troika en 2011. Lisboa antes de la explosión del turismo en 2014. Aquella modesta papelería del Largo de Calhariz nos decía que en una de las zonas más visitadas de Lisboa aún quedaban pequeños intersticios para el comercio local, espacios para el esfuerzo individual autopropulsado. Las grandes marcas y las cadenas internacionales aún no lo habían arrasado todo. La supervivencia de ese pequeño comercio local era uno de los atractivos de la ciudad. Lisboa y Oporto parecían caminar un poco más lentas en el gran circuito de la globalización. Y los cuadernos azules podían considerarse un símbolo de esa lentitud. En la novela de Auster también aparece una pequeña y modesta papelería en la que el protagonista de la narración, el escritor Sydney Orr, compra unos cuadernos portugueses de tapa dura con tela azul, con los que vuelve al trabajo después de una dura enfermedad. El comercio se llama Palacio de Papel y lo regenta un comerciante chino llamado Chang. Sydney Orr descubrirá que sólo logra escribir cuando dispone de un cuaderno azul portugués. Y después deberá descubrir también por qué su mujer llora desconsoladamente.

Luis y Sandra se interesaron por la novela de Auster, otearon el mercado y se dispusieron a dar la batalla. Escribieron a los fabricantes pidiéndoles una mayor estilización del producto. Mientras estos se lo pensaban, en la pequeña papelería del Chiado vendían los cuadernos azules junto con una gruesa goma elástica para mantenerlos cerrados. Con esa goma elástica construyeron una pequeña leyenda. Al cabo de unos años, cuando el turismo empezaba a desbordar Lisboa, los fabricantes decidieron finalmente estilizar el cuaderno azul: más elegancia, mejor papel, una hoja inicial para apuntar el nombre y las señas, más una cinta elástica de tela azul perfectamente incorporada a la tapa. Con ese cambio también llegaron malas noticias para los Bordalo.

Después de la crisis, Portugal estaba exhausto y los grandes fondos empezaron a fijarse primero en Lisboa y después en Oporto. Se empezaron a construir nuevos hoteles, llegaron los pisos turísticos, abrieron nuevos restaurantes y todo tipo de tiendas, mientras cerraban muchos viejos comercios. Nada que no hayamos experimentado en las grandes ciudades españolas. Un día, los Bordalo recibieron la notificación de que sus contratos de alquiler no serían renovados. La papelería y el quiosco deberían cerrar. “La papelería de los cuadernos azules ha cerrado”, me comentó un amigo que acababa de regresar de Lisboa.

Al cabo de unos meses, la música del azar se puso en marcha. Luis y Sandra Bordalo me escribieron informándome que se habían trasladado a un pueblo del interior de Portugal en el que pensaban abrir una papelería. Y aquí apareció la mano de Paul Auster, que hoy está en los cielos. El lugar al que se habían trasladado se llama Covilhã, a los pies de la sierra de la Estrella, un viejo centro textil no muy lejano de la frontera con España, hoy convertido en ciudad universitaria. Y en esa ciudad hay alguien que conoce muy bien la magia de los cuadernos azules.

La música del azar. En Covilhã vive y trabaja el profesor Gabriel Magalhães, entrañable amigo portugués y colaborador mensual de La Vanguardia desde hace más de una década. Avisé a Magalhães y pronto conoció a los propietarios de la nueva papelería. Hace un par de años tuve la ocasión de visitarles. Además de material escolar y pertrechos para los estudiantes universitarios, venden revistas internacionales y cuadernos azules. Trabajan mucho. En ocasiones abren los domingos. La vida es más tranquila en el interior del país, fondos e inmobiliarias no hostigan como en Lisboa, pero el coste de la vida también ha subido. Vivir modestamente en Portugal hoy no es fácil. Quizá ello nos ayude a entender los resultados de las últimas elecciones legislativas en ese país. Bajo las buenas formas portuguesas, late también una fuerte tensión. Fue un encuentro entrañable en el que se habló de Paul Auster y de la noche del oráculo.

La papelería de Covilhã se llama ‘Parágrafo Seguinte’. El Párrafo Siguiente.

Enric Juliana



Fotografía de Patrícia de Melo Moreira (2007) 



8 de julio de 2026

Jesús López Pacheco - «Agradezco a los árboles sus sombras…»

 

Agradezco a los árboles sus sombras,
la protección delgada de sus troncos.
Al banco la amistad de su respaldo
y a los faroles su bombilla rota.

Agradezco a las calles sus esquinas,
sus rincones oscuros como nidos,
sus portales sin nadie, resguardados
de la lluvia y el viento y las miradas.

Agradezco a los cines sus butacas,
su oscuridad amiga de los labios,
y a la tarde su luz porque se marcha
para que venga el beso y el abrazo.

Ciudad donde yo amé: ya tiempo y tiempo
ha pasado de aquel beso primero.
Hoy te agradezco todos tus paseos,
tus calles y tus plazas, tus tranvías,

tus barrios pobres, cómplices de amor,
toda tu oscuridad amada y triste,
donde ha nacido, sin embargo, el beso
largo y continuo en el que vivo ahora.

Jesús López Pacheco


(Leído en Rua das Pretas)



Escritor, poeta y profesor español  (Madrid, 1930 - London, Ontario, Canadá, 1997)

+ Wikipedia 



Luz Helena Cordero - Eso dicen

 

ESO DICEN

Dicen que hablar no cuesta nada.
Parece infalible la sentencia.
Se cae la boca con el grito,
pesan las palabras como trenes frenéticos
que atropellan las noches,
el compás del corazón,
la forma de peinarse.
Alguien pronuncia dos palabras
y se desploma el paisaje en la ventana,
deja de salir el agua por el grifo
o sale con desgano, sin sed que la recoja.
Dices adiós y algo se quiebra,
puede ser el espejo o su imagen,
alguna cosa que guardabas,
la secreta esperanza de un algo impronunciable,
su cobarde mudez.
Podríamos andar ligeros de voz y de preguntas,
dos o tres dudas como globos que estallan
sin ruido, sin misterio.
Pero las palabras se cargan de sal y de sonidos
llegan a pesar tanto que un día nos matan
de memoria, de silencio,
qué le vamos a hacer,
si estamos más hechos de palabras que de huesos
y hablar nos cuesta todo.

Luz Helena Cordero


(Bucaramanga, 1961)


23 de junio de 2026

Felipe Núñez - Una pregunta menor: la hora exacta

 

Una pregunta menor: la hora exacta

Una pregunta menor: la hora exacta
o la ruta más corta –llega tarde
hacia un destino también insuficiente
donde ni está ni se lo espera lo que sea que busque
y daría lo mismo el largo
rodeo, o aun el extravío, y la pesquisa
de su senda mejor, sabe que sobra.

Pero sabe además que no hay otras,
–ni pesquisa ni senda
sino estas vacías
destreza y pulcritud,
este celo y esmero
en la gestión del desatino –horas, rutas–
que nadie apreciará.

Como toda respuesta, saca entonces
del bolsillo del gastado gabán
un puño –tan apretado que los nudillos palidecen
y con rápido gesto lo vuelve y abre
hasta atrás la mano, y muestra
sobre la palma –más que plana: convexa–
migas pétreas, hebras de tabaco y otras briznas sin nombre que arrebata el viento
y en el medio un grumo
de lavado papel.

Felipe Núñez 



A poema abierto  Escribir en tiempos de pandemia
. Edicion de Amalia Iglesias Serna. Universidad de Salamanca, edición no venal, octubre de 2020



17 de junio de 2026

Manoel de Barros - «Poesia não é para compreender…»


Para entender nós temos dois caminhos: o da
sensibilidade que é o entendimento do corpo; e o da
inteligência que é o entendimento do espírito.
Eu escrevo com o corpo.
Poesia não é para compreender, mas para incorporar.
Entender é parede; procure ser uma árvore.


Manoel de Barros


Omar D. Vasquez - Ilha de Paquetá 

(«Paquetá é o bairro comprendido pela pequena Ilha de Paquetá, no interior da baía de Guanabara, no estado do Rio de Janeiro, no Brasil»)


23 de mayo de 2026

Unas fotografías de Ricardo Rangel

 

Modelo de olhos tristes, 1962


No afago da noite, 1970


B.B. da rua Araujo, 1970



«With Euro-Afro-Asian roots, Ricardo Achiles Rangel was born in Lourenço Marques, now Maputo, in 1924. He died in 2009.» (Afronova)





16 de mayo de 2026

Unos versos de Pablo de Rohka

 

Encontré estos versos del poeta chileno Pablo de Rohka por casualidad; el poema completo vino después, pero dejémoslo para otro día…


Voy como los perros mojados
a la siga de tu recuerdo,
sujetándome las palabras.





23 de abril de 2026

Alfredo Buxán - La lectora

 

LA LECTORA

                                           Ana, siempre


Te has vuelto a acurrucar en el rincón
donde leías por un instante, eterna.
Como aquella foto vieja
que guardé entre las páginas de un libro
que no sabría localizar ahora. Levantabas
la vista ─como un pájaro el pico─ para verme
y sonreías a la vida, me entregabas
ese lujo sencillo del silencio, esa belleza
humilde de la tarde y el corazón
de la música
casi al alcance de la mano.
Yo también te miraba con idéntica alegría.

Cuando volví a buscarte, después
de un parpadeo, en el sillón no había nadie,
sólo el hueco de un cuerpo,
sólo un pañuelo de lunares
latiendo en el respaldo
y el abismo.

La belleza sin trucos del abismo.


Alfredo Buxán (Galicia, 1950)


(Leído en El blog de Amaduma)



19 de abril de 2026

José Emilio Pacheco - La mayoría de edad

 

LA MAYORÍA DE EDAD

La mayoría de edad
No se alcanza por fecha de nacimiento
Ni consta en los archivos oficiales.

Nos graduamos de adultos nada más
Cuando alguien nos deja.

En plena juventud llega de pronto
El sabor de la muerte.

José Emilio Pacheco


Como la lluvia (Visor, 2009), en Tarde o temprano [Poemas 1958-2009], Tusquets, abril de 2010



2 de abril de 2026

Eliseo Diego - Frente al espejo y Testamento

 

FRENTE AL ESPEJO

En un abrir y cerrar de ojos
ya no estarás en donde estabas:
un triste viejo está mirándote
con qué terror desde tu cara.

Mirándote ávido y mirándote
mientras la luz te da en su cara:
en un abrir y cerrar de ojos,
ni tú, ni él, ni nada.


La Habana, 1920 - Ciudad de México, 1994


TESTAMENTO

Habiendo llegado al tiempo en que
la penumbra ya no me consuela más
y me apocan los presagios pequeños;

habiendo llegado a este tiempo;

y como las heces del café
abren de pronto ahora para mí
sus redondas bocas amargas;

habiendo llegado a este tiempo;

y perdida ya toda esperanza de
algún merecido ascenso, de
ver el manar sereno de la sombra;

y no poseyendo más que este tiempo;

no poseyendo más, en fin,
que mi memoria de las noches y
su vibrante delicadeza enorme;

no poseyendo más
entre cielo y tierra que
mi memoria, que este tiempo;

decido hacer mi testamento.
Es
este: les dejo
el tiempo, todo el tiempo.

Eliseo Diego


(Leídos en el blog Encuentros de lecturas)



28 de marzo de 2026

Unos aforismos de Mariana Frenk-Westheim

 

Ningún reloj te dice tu hora.

No te conozcas a ti mismo, te ahorra depresiones.

Quien no sabe perderse, nunca se encontrará.

Si hago planes, es, a lo sumo, para anteayer.


Mariana Frenk-Westheim

(Hamburgo, 1898 - Ciudad de México, 2004)


Disparos al aire  Antología del aforismo en Hispanoamérica (Hiram Barrios). Ediciones Trea, 2022


Marianne Helen Freund Frenk-Westheim, más conocida como Mariana Frenk, fue una escritora, hispanista, curadora de museos y traductora alemana, nacionalizada mexicana. Fue autora de cuentos y aforismos, y se le recuerda principalmente por haber vertido al alemán la obra de Juan Rulfo.  (Wikipedia)