PARTIDO DE TENIS
Los pies trituran el polvo de la arcilla
y un sonido rasposo recuerda la hojarasca.
En la mano, la pelota afelpada
tiene una consistencia de verano.
El jugador lanza al aire la tensión amarilla,
levanta la raqueta,
una malla de luz se amolda, vibra,
golpea la redondez del viento
con la fuerza precisa de la angustia.
Luego vendrá la danza,
el espejo de los cuerpos blancos,
vendrá la seducción de todas las esquinas.
Suena a gozo el golpe de la bola en la tierra.
La respiración es un fuelle
que prende la tibieza de la tarde.
Sólo las líneas blancas sobre el fondo rojo
trazan los límites
de esta precaria libertad.
Carmen Villoro