Fotografía de Herr_Mueller - The Good Life #1
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1 de julio de 2026

Agustín García Calvo - «Creí que buscaba...»

 

14

Creí que buscaba
las moras negras,
y encontré la rosa de zarza.

Creí que cortaba
la rosa blanca,
y se hincó la espina en mis venas.

Creí que saldría
clavel caliente,
y brotó un arroyo de leche.

Creí que el arroyo
se hundía en tierra,
y fluyó al Océano verde.

Creí que era aquello
el verde Océano,
y era el río eterno de estrellas.

Creí que hallaría,
cruzando el cielo,
al Señor del todo y la nada.

Y solo encontré
puñado de moras
que de amor en mi mano sangraban.

Agustín García Calvo




Canciones y soliloquios,
Editorial Lucina, 2ª ed. 1982 (1ª ed. en La Gaya Ciencia, 1976)



17 de febrero de 2026

Agustín García Calvo - «¿Cómo es que si te has muerto...?»

 

¿Cómo es que si te has muerto
obedeces a tu nombre
y vienes si te llamo?
¿Cómo puedes tú saber
quién eres
ni a mí reconocerme ?
Aquí en el camposanto
ya el tiempo y la lluvia
de las cintas las letras
han borrado,
y estos crisantemos
no son ya para tu tumba.
que el viento ha enmarañado.
La araña que se mece
en ese hilo de oro
no llega a la gota de rocío:
se mira y no sabe
y se asusta y retrocede...
y yo no acierto a dar contigo
entre tanta mayoría!

Agustín García Calvo



1 de noviembre de 2025

Agustín García Calvo - «¿No lo oís? Es el tiempo, que corre…»

 

193

¿No lo oís? Es el tiempo, que corre,
que sopla, que azuza,
que silba y se arremolina,
por las puntas de los cipreses,
por las calles donde los hombres
compran y venden.
¿Dónde han ido las rosas de antaño?
¿Dónde está la casa de adobes
de los abuelos? Todo,
todo arrastra. Subid
arriba a las torres,
si queréis oírlo
su aullido, su silbo
con que junta en rebaño las nubes,
su canto destemplado,
y gritar, preguntarle dónde los ha llevado:
¿dónde nos llevas, tiempo,
oh tiempo cierzo,
tiempo del Norte, tiempo
huracanado?
¿Dónde la madre aquella
que ya, que no,
que cómo se llamaba?
Los nombres vanos
se arrojan como cáscaras,
y los arrastra el tiempo
por las cañadas, por los bosques
de fresnos y de hayas
¿adónde? ¿Adónde
las hojas por la tierra,
las muertes de oro
innumerables,
los verdes cuerpos
de los faunos y dríades
antiguas marchitos,
amarillos, adónde?
¿Dónde? ¿Dónde? Ya basta:
¿para qué más abono
a la tierra?, ¿porqué
nuevas hojas, nueva
primavera a la rama?
Sopla, salvaje, aliento
del valle de la muerte:
que te oiga al menos
silbar en mis oídos,
en mis entrañas,
no pensar que todo va bien,
que la mar en calma,
que vamos tirando,
que la vida
dulcemente se pasa.
Hijos de muerte, ¿sentís
cómo os ciega de polvo los ojos,
cómo os roe la piel de la cara?
Silba, Aquilón, y dinos
adónde los llevas,
para quién arrancas
los negros cabellos
de estas sienes amargas:
¿adónde los dientes tan firmes?,
¿adónde las ingles doradas?
¿Adónde los caballitos
del tiovivo? ¿Adónde
la novia de labios humildes
como leche? Y aquel
muchacho que cantaba
“¿Dónde me llevas, tiempo?”
¿dónde se ha ido? ¿En dónde,
oh Tiempo, pára?

Agustín García Calvo


Canciones y soliloquios, Editorial Lucina, 2ª ed. 1982 (1ª ed. en La Gaya Ciencia, 1976)



23 de septiembre de 2025

Agustín García Calvo - «Un golpe de viento...»

 

CLXXXIII

Un golpe de viento
desvelado me ha
cerca del alba
(¡Eh! ¿Qué pasa?)

Torbellino de polvo corría
arrastrando los pies
alrededor de la casa.

Habían quedado batiendo
(¿Qué pasa?)
los postigos de la ventana.

He saltado del lecho,
descalzo, sin gafas
a asomar a la puerta vidriera
de atrás. (¿Qué pasa,
madre? ¿Qué pasa?)

Más allá de la tapia
sobre el puente de hierro
el cielo lívido
se secaba el sudor de la cara
(¡Eh!)
con jirones de sábanas
(¿Qué pasa?)

Acá, tras la alambrada,
el ánima de mi madre
llamaba a las gallinas muertas
con palmadas.

«Nada, nada, hijo mío.
Ha terminado el último
verano. Nada, nada.
Ale, a la cama.
¿Qué?:
entre lo negro, hijo,
¿ya blanquea tu barba?»

Como un gorrión que el viento
del nido derribara,
contra el turbio cristal todavía
mi corazón temblaba.


Agustín García Calvo


Más canciones y soliloquios. Editorial Lucina, 1988.



5 de junio de 2025

Unos versos de Agustín García Calvo

 

(...) y van
los días como ciervos grises
del cazador por el monte huyendo

sin esperanza. (...)


Agustín García Calvo




Canciones y soliloquios. Editorial Lucina, 2ª ed. 1982 (1ª ed. en La Gaya Ciencia, 1976)



Agustín García Calvo - «A ti, negrura del agua…»

 

I

A ti, negrura del agua,
madre mía, mi reina mora, raíz del mundo,
maestra de niños ciegos,
aquí te conjuro.

De pensamiento vacía
calavera, preñada de algas y escaramujos,
mi luz de mi luna blanca,
aquí te conjuro.

A ti, que nombre no tienes,
yo te nombro, y por ser quien eres y por lo mucho
que con tu falta me llenas,
aquí te conjuro.

Yo mismo, a falta de otro,
yo, al que otros dicen 'tú' para hacerlo suyo,
a ti, la que ya no eres,
aquí te conjuro.

En tu regazo y tus pechos
derramando las rosas negras y el vaho humo
de letras y letanías,
aquí te conjuro.

Para que huyas y vengas
y que acudas y que te vayas, que todo es uno
que te hundas y que amanezcas
aquí te conjuro.

Con fuertes nombres vacíos,
ordenando tu miedo mío en dorados números
de lo hondo de mí y del cielo
aquí te conjuro,

y por Poniente y Naciente,
por delante y por detrás, por lo alto y por lo profundo
y a la izquierda y derecha mía
aquí te conjuro.

Eh madre, aquí te conjuro,
mi verdad y mentira mía, mi propio luto,
luciérnaga de mi noche,
relámpago mudo.


Agustín García Calvo


Libro de conjuros
. Lucina, 1979 ( 2ª ed. 1981; 3ª ed. 1991)



7 de mayo de 2025

Agustín García Calvo - «Yo entonaría también una danza…»

 

4

Yo entonaría también una danza
de ti, como antaño astuto coplero,
que a cuentas llamaba a son de pandero
papas y reyes en dulce venganza,
cantando «Señores, dejad esperanza
de que os valgan honores o cargos,
oro ni tierra, que, cortos o largos,
en el osario no rige ordenanza»;

y añadiría en nueva mudanza
«Venga el pastor de empresas y bancos,
el que esquilaba los débitos blancos,
el que de crédito henchía la panza;
venga y suscriba aquí mi libranza,
venga y verá lo que vale dinero:
todas sus cifras verá que eran cero
y qué de vacío mi cuenta se danza.

Venga a mi cita y no se retarde
por la autopista a ciento cuarenta
el mico neumático que se revienta
contra el terror de que nadie le aguarde;
alma enlatada de esencia que arde,
él, que hacia todo sin fin se dispara,
tendrá aquí su meta: de golpe mi cara
la verá fija; pero un poco tarde.

Y tú, la clienta de las galerías
del supermercado, que por la escalera
mecánica en pos de la cosa cualquiera
bajabas al cielo, al limbo subías,
entra a mi danza, y tus chucherías
saldrán de la bolsa profunda hechas humo,
consumidora de puro consumo,
tu vientre sin fondo, tus manos vacías.

También a mi danza entrad, presidentes,
jueces, ministros, y cuantos prohombres
engorda el Estado con pienso de nombres,
porque a Él lo guardéis con uñas y dientes;
vosotros que, en toda mentira potentes,
matábais seguros, con fe legislábais,
veréis quién hacía lo que ejecutabáis
veréis de qué Dios sois ciegos sirvientes.

Y venga» te haría cantar «a mi corro
el sabio, hilandero de telas de araña,
que hacía de yerba y sangre patraña;
verá qué de claro su libro le borro.
Ven tú también, obrero modorro,
que, prole criando con santo trabajo,
vendías la vida a jornal o destajo:
yo te daré libreta de ahorro».

Y así seguiría en fúnebre chanza
llamando uno a uno a todos tus seres,
blancos o negros, y chulos, mujeres
o santos, bailando en la misma balanza.
Pero no puedo: la voz no me alcanza,
y a todos llamando, no llamo a ninguno:
porque tú solo lo llamas a uno,
y uno soy yo que cantaba tu danza.


Agustín García Calvo


Libro de conjuros. Lucina, 1979 ( 2ª ed. 1981; 3ª ed. 1991)



14 de febrero de 2025

Agustín García Calvo - Tú, cuya mano me ha bañado...

 

Tú, cuya mano me ha bañado
de un fuego transparente las espaldas,
cuyos ojos en claros naufragios hundieron
algunos principios elementales de mi alma,
tú eres mi patria.

Tú, que no tienes apellido,
que no sé si eres pájaro o si alcándara,
que de todos tus brazos las letras de plomo
cayéndose han ido, como si fueran nueces vanas,
tú eres mis padres
y mi patria.

Tú, que ni tú te acuerdas dónde
tendiste a orear las nubes blancas,
que de tantos amores que tienes confundes
el nombre de todos los días de cada semana,
tú eres mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Tú, que tan dulcemente besas
que el cielo bocabajo se volcaba,
y que no se sabía de quién ya la lengua,
de quién la saliva, de puro sabrosa y templada,
tú eres mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Tú, que apacientas calaveras
por las praderas de la verde África
y a los rojos leones les echas de pasto
las rosas de leche de luna de Nuruquimagua,
tú eres mi ejército
y mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Eres mi ejército y mis leyes
y mi Dios y mis padres y mi patria,
y el ejército y Dios y las leyes y todas
las patrias y padres se creen que tú no eres nada:
que no eres nada.


Agustín García Calvo



Canciones y Soliloquios,  Lucina (1976)




25 de diciembre de 2024

Agustín García Calvo - «La gracia nevando»

 

61

Don din, din dan.
¡Ya!
La gracia nevando,
y el puerco sangrando,
la perla temblando,
la llama llamando,
y el chantre cantando,
y el ama amasando:
nevando
la gracia en la ciudad
sin fe.
¿Dónde, dónde, dónde fue?
Pues aquí,
pues allá.
No sé.
Pero ¿qué más da?:
La luna rocío
el sol su sed;
el rico oro,
el pobre palidez.
Eh, eh
ah, ah.
Uno solo tiene
aquello que da.
Don din, din dan.
¡Ya!
Nacida la vida,
la peña florida,
la loba dormida,
la casa caída,
la leche vertida,
la cierva parida:
la vida
nacida de la mar
sin fe.
¿Cómo, cómo, cómo fue?
Pues así;
pues asá.
No sé.
Pero ¿qué más da?:
tristeza el espejo,
los ojos miel;
amor el hombre,
justicia la mujer.
Eh, eh
ah, ah.
Lo que olvide uno
todo eso sabrá.
Don din, din dan.
¡Ya!
La grana granada,
y el alba alborada,
la mora morada,
la pólvora helada,
la carne encarnada,
la sombra asombrada,
granada
la grana de la paz
sin fe.
¿Cómo, cómo, cómo fue?
Pues ayer;
pues será...
No sé.
Pero ¿qué más da?:
La cal delirio,
el vino pez;
el reo cáñamo
y terciopelo el juez.
Eh, eh.
Ah, ah.
Cuando muera el alma
alguien nacerá.
Don din, din dan.
¡Ya!
La muerte muriendo
y el río riendo
y el papa paciendo
y el nardo nardiendo
y el rojo rugiendo
y el lirio liriendo
y el credo creyendo
y Adán sin atuendo
de estrella en estruendo
reverdinaciendo
muriendo
muriendo la fidelidad
sin fe.
¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Qué?
Te diré:
pues verás:
no sé.
Pero ¿qué más da
eh?
Ah,
todo lo que esperes,
jamás lo verás.
Don din, din dan.
din don dan.

Agustin Garcia Calvo 


Canciones y soliloquios, Editorial Lucina, Segunda edición, noviembre de 1982 (Primera edición en La Gaya Ciencia, 1976)


Chicho Sanchez Ferlosio musicó y cantó este poema, que lleva como título La gracia nevando.



1 de noviembre de 2024

Agustín García Calvo - «Esos oros y cobres…»

 

170

Esos oros y cobres
de nogales y chopos y cielos,
esa plata transida
de neblina otoñal sobre el Duero
¡cómo se entran hoy los ojos
y el corazón adentro!
Nunca tan vivos, nunca,
como muriendo.

¡Cómo yo de muchacho
no os supe sentir? ¿Qué embelecos
de ilusiones y letras
le cegaban los claros ojuelos?
Por saber lo que veía,
ay, no podía veros,
cielos y ramas, oros
de muerte ardiendo.

Ya me voy de saberes
desnudando según encanezco;
ya como hojas los nombres
se me caen dorados de secos.
Y ¡cómo bajo la niebla
va floreciendo el fuego!
¡Muera yo todo, muera,
si no lo siento!

Agustín García Calvo


Más canciones y soliloquios, Editorial Lucina, 1988




14 de octubre de 2024

Agustín García Calvo - «Cuando veas al hombre de banca…» (La cara del que sabe)

 

111

Cuando veas al hombre de banca
dinámico y grave
que en la ranura de su coche
introduce la llave,
mientras habla con un cliente
importante,
y con mano segura
agarra el volante,
verás, si te fijas, en el cristal
la cara del que sabe.

En la escuela, al salir de recreo
al patio empujándose,
si ves a uno que lo llaman
el Capacobardes
que le escupe en la oreja al tonto
de la clase
y se planta aguardando
que el otro se arranque,
helados de vidrio verás allí
los ojos del que sabe.

O si ves por la turbia ventana
de frente a su amante
a la querida que, ya seca,
se aferra al cadáver
de su amor, y a cuchillo dice
«Como escapes,
te lo juro, aquí mismo
me siego el gaznate»,
grabado verás en la blanca piel
el signo del que sabe.

En la foto del jefe de estado
que fija el instante
en que él, sentado ante un decreto
de muerte de alguien,
en penoso deber la pluma
de oro blande,
cuando firme la firma
de un trazo la trace,
trazada en su frente la puedes ver
la marca del que sabe.

O si no, en el neón del espejo
del bar de 'My darling'
si ves al chulo que a su rubia
le dice, fumándole
de nariz, «Que nanay, nenita,
que tu padre,
y cuidao con el rímel,
que no se te empaste»,
posada en sus párpados la verás
la fuerza del que sabe.

Y si asomas, en fin, al estudio
de altos cristales
donde el cerebro de la empresa
dibuja los planes
de la ruta futura, y corre
recto el lápiz
y a derecho y a regla
los borra los árboles,
guiada verás de la pura ley
la mano del que sabe.

Todos tienen su idea: son ellos
los reyes del aire.
Y si tú ves que, cuando a todos
los cierre en la cárcel
de los versos y que la música
ya se apague,
yo me quedo a las nubes
mirando distante,
recuérdame y dime «La veo ahí
la cara del que sabe».

Agustín García Calvo


Canciones y soliloquios, Editorial Lucina, Segunda edición, noviembre de 1982 (Primera edición en La Gaya Ciencia, 1976)


1 de agosto de 2024

Agustín García Calvo - «Cuando era yo pequeñita...»

 

239

Cuando era yo pequeñita
(y estaba, sin nombre ni culpa,
de tí enamorada),
recuerdo una vez que te puse
por lobo de burlas:

que entraste al piso una tarde
de invierno de pronto, que estaba
yo sola con madre,
y, al verte, me dio por meterme
por entre sus faldas,

chillando «¡Ay mama, mamita,
el lobo feroz, que me come!»;
conque ella me daba
de azotes, y tú te reías
con dientes de hombre:

que yo por entre sus ropas
espiaba tu risa, y del mundo
la rosa tú eras,
y yo con mi miedo jugaba
porque es que era tuyo.

No, amor, no eras el lobo,
ni yo la niñita del cuento:
del bosque sabía
yo más, sin saber, que supiera
el lobo, sabiendo.

Ni lobo tú ni más eres
que tú; y, con todo, mi burla
de miedo y tu risa
de mí, de mi miedo de veras
tampoco me curan:

que aquí, ya sola y sin madre,
por siempre lo siento acechando
detrás de la puerta
un lobo que sea no tú
ni lobo que sea.

Agustín García Calvo


Y más aún  Canciones y otros juegos, Editorial Lucina, Zamora, 2008



31 de julio de 2024

Agustín García Calvo - El mundo que yo no viva

 

El mundo que yo no viva

El mundo que yo no viva
lo pensé como cosa extraña,
como arca de maravilla.
Ay de mi vida.

Allí ¿sonará la lluvia
junto al fuego las noches frías?
¿Tendrá Agosto en el río barcas?
Y tú ¿la gentil sonrisa?
¿Durará en el papel que siembro
la negra flor de la tinta?
Ay de mi vida.

¿Será posible que vengan
los amigos y que "Era" digan
"un hombre, y te quiso mucho"
y "Mucho" llorando digas?
Es el mundo que no conozco,
Atlántida sumergida.
Ay de mi vida.

Allí las palmeras echan
esmeraldas. Allí las crías
del delfín esmeraldas pacen.
Allí no hay noche ni día:
cuando ordeñan a los rebaños,
de púrpura el mar se agría,
Ay de mi vida.

Más limpio que agua de oro
es el mundo que yo no viva:
no hay naves de arar espumas
ni arado para las viñas;
el gran árbol le da su fruto
al que el nombre del fruto diga.
Ay de mi vida.

Ese mundo no es el mío:
es el tuyo: el que en tus pupilas
hundido está desde siempre
y no lo alcanza mi vista.
A ese mundo quisiera entrar,
antes que suene la hora
—ay— de mi vida.

Agustín García Calvo


Canciones y soliloquios, 1982




7 de junio de 2024

Agustín García Calvo - Los dos sonetos de ‘Sermón de ser y no ser’

 

I

Enorgullécete de tu fracaso,
que sugiere lo limpio de la empresa:
luz que medra en la noche, más espesa
hace la sombra y más durable acaso.
No quiso Dios que dieras ese paso,
y ya del solo intento bien le pesa;
que tropezaras y cayeras, ésa
es justicia de Dios: no le hagas caso.
¿Por lo que triunfo y lo que logro, ciego,
me nombras y me amas?: yo me niego,
y en ese espejo no me reconozco.
Yo soy el acto de quebrar la esencia:
yo soy el que no soy. Yo no conozco
más modo de virtud que la impotencia.


II

Pero no cejes; porque no se sabe
cuándo pierde el amor, dónde la tierra
volteando camina, ni qué encierra
mensaje del que nadie tiene clave
Pues el Libro Mayor (y eso es lo grave)
del Debe y el Haber nunca se cierra,
y acaso acierte el que con tino yerra;
ni es nada el mundo hasta que el mundo acabe.
Si te dicen que Dios es infinito,
di que entonces no es; y si finito,
que lo demuestre pues y que concluya.
Pero no hay Dios ni hay Ley que a contradanza
no se pueda bailar. Tu muerte es tuya.
Tu no saber es toda tu esperanza.


Agustín García Calvo


Sermón de ser y no ser, 1ª ed. en Visor, 1972. Estos sonetos fueron añadidos en la segunda o tercera edición.


Miguel Á. Olmos: «Fuera de juego: sobre el “Sermón de ser y no ser”, de Agustín García Calvo»


31 de mayo de 2024

Agustín García Calvo y Jorge Wagensberg

 

Dos versos de un poema de Agustín García Calvo:


Y los días se van a migas,
los años en tromba;




Y un aforismo de Jorge Wagensberg:


El paso del tiempo hace que las horas nos parezcan cada vez más largas y que los años nos parezcan cada vez más cortos.




5 de mayo de 2024

Dos versos de Agustín García Calvo

 

Bendito aquel que venga con la mano en alto
y borre las cenizas de la muerte.

Agustín García Calvo



Al final de Sermón de ser y no ser, 1ª ed., Visor, 1972




1 de mayo de 2023

Un haiku de Agustín García Calvo

 

Verde mayo, y tú,
tú y tú, que ya no estáis:
yo ¿qué hago aquí?

Agustín García Calvo




Y más aún Canciones y otros juegos, Lucina, Zamora, 2008



19 de septiembre de 2022

Agustín García Calvo - «Al despertar, me rebullían las sienes...»

 

CCX

Al despertar, me rebullían las sienes
y algo me dijo restregar las legañas
«y hacia el Lucero por la senda enseguida
échate a andar». Hacia el Lucero he corrido
monte y llanura. A mediodía, sudoso,
entré en el pueblo; pero no preguntaba
dónde el mesón, sino que dónde la escuela;
ah, pero el tísico maestro casposo
nada sabía. Y otra vez al camino
hacia el Lucero. He peleado diez años;
traigo rajada la rodela de bronce,
roma la lanza. Y al caer de la noche,
sólo dos versos he leído en la arena:
«Es bueno todo lo que hagas con gracia:
no todo falso lo que digas mintiendo».

Agustín García Calvo


Más canciones y soliloquios. Editorial Lucina, 1988. En la página 7 leemos esta nota:


"A la manera que se hizo en Canciones y soliloquios, 'La Gaya Ciencia' Barcelona 1976, 2ª edición 'Lucina' 1982, se enhebran aquí cuentas recientes, posteriores a la fecha de ese libro, con otras rescatadas de las viejas; y se mantiene, como allí, el procedimiento de numerar con arábigos las que sean letras de canción, con romanos las que sirvan para soliloquios, que además se imprimen en cursiva. Siendo pues este libro continuación de aquel, llevan aquí las piezas una numeración consecutiva a las 138 de las primeras Canciones y soliloquios. Le deseo al público que también algunas de estas Más hayan acertado, a vueltas del interminable juego del lenguaje común consigo mismo, en dar con esas formulaciones que hagan palpitar a los comunes corazones y quedarse pensando "Eso era lo que yo quería decir, y no sabía cómo"; y pido disculpas por la publicación de las otras, las desacertadas, que serán las que sean propiamente mías."





31 de julio de 2022

Agustín García Calvo - «Por las marismas de Huelva...»

 

98

Por las marismas de Huelva,
por las marismas,
compañerita,
que la tarde se va vacía.

La desolada en el auto,
fija y enferma,
compañerita,
y en el auto y a más de ochenta.

Y un segador con su asno
ciego de polvo,
compañerita,
que se va hacia los cerros blancos.

Y de la radio del auto,
por las marismas,
compañerita,
los jirones de algún fandango,

que dice «¿Pa qué las prisas,
compañerita,
pa qué las penas,
si ella sola se va la vida?».

Agustín García Calvo


Canciones y soliloquios, Editorial Lucina, 2ª ed. 1982 (1ª ed. en La Gaya Ciencia, 1976)




Agustín García Calvo, por Alberto García-Alix

 



Dos grandes de los grandes: Agustín García Calvo (Zamora, 1926 - 2012) y Alberto García-Alix (León, 1956)

El retrato fue realizado en 2007.