Fotografía de Herr_Mueller - The Good Life #1
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26 de marzo de 2025

Alfonso Alegre Heitzmann - «Yo oigo siempre la muerte cada día…»

 

Yo oigo siempre la muerte cada día, rasgada tela antes de tiempo dada a los agudos filos. No hay lienzo o escultura, papel, libro u objeto, rincón de la casa infinita, donde no aliente su intensa luz trascendida. No tiene nombre, yo la nombro y la trasnombro cada día, le digo eres y no eres, la vuelvo a crear distinta, la reconozco sólo en su ahora. 

Adolfo Alegre Heitzmann


El camino del alba, Tusquets, 2017


*  *  *  *  *


Y en este mismo valle, donde agora
me entristezco y me canso en el reposo,
estuve ya contento y descansado,
¡Oh bien caduco, vano y presuroso!
Acuérdome, durmiendo aquí algún hora,
que, despertando, a Elisa vi a mi lado.
¡Oh miserable hado!
¡Oh tela delicada,
antes de tiempo dada
a los agudos filos de la muerte!
Más convenible fuera aquesta suerte
a los cansados años de mi vida,
que’s más que’l hierro fuerte,
pues no la ha quebrantado tu partida.

Garcilaso de la Vega, Égloga I, lamento de Nemoroso



7 de febrero de 2025

Garcilaso y Quevedo - Sonetos a Dafne y Apolo


Soneto XIII

A Dafne ya los brazos le crecían,
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tomaban
los cabellos que al oro escurecían.

De áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros, que aún bullendo estaban;
los blancos pies en tierra se hincaban,
y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
el árbol que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable hado, oh mal tamaño!
¡Que con lloralla cresca cada día,
la causa y la razón por que lloraba!

Garcilaso de la Vega
(1491/1503 - 1536)




A APOLO SIGUIENDO A DAFNE


Bermejazo platero de las cumbres,
a cuya luz se espulga la canalla,
la ninfa Dafne, que se afufa y calla,
si la quieres gozar, paga y no alumbres.

Si quieres ahorrar de pesadumbres,
ojo del cielo, trata de compralla:
en confites gastó Marte la malla,
y la espada en pasteles y en azumbres.

Volvióse en bolsa Júpiter severo;
levantóse las faldas la doncella
por recogerle en lluvia de dinero.

Astucia fue de alguna dueña estrella;
Que de estrella sin dueña no lo infiero;
Febo, pues eres Sol, sírvete della.



A DAFNE, HUYENDO DE APOLO

 «Tras vos, un alquimista va corriendo,
Dafne, que llaman Sol, y ¿vos, tan cruda?
Vos os volvéis murciégalo sin duda,
pues váis del Sol y de la luz huyendo.

  »Él os quiere gozar, a lo que entiendo,
si os coge en esta selva tosca y ruda:
su aljaba suena, está su bolsa muda;
el perro, pues no ladra, está muriendo.

  »Buhonero de signos y planetas,
viene haciendo ademanes y figuras,
Cargado de bochornos y cometas.»

Esto la dije; y en cortezas duras
se injirió contra sus tretas,
Y, en escabeche, el Sol se quedó a oscuras.

Francisco de Quevedo

(1580 - 1645)



(Fotografía de Egisto Sani)


4 de noviembre de 2021

Garcilaso y Góngora

 

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena;

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre

                                                           (1533)

Garcilaso de la Vega

(1501/1503? - 1536)



Mientras por competir con tu cabello,
oro bruñido al sol relumbra en vano,
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;

mientras a cada labio, por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano,
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello;

goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lirio, clavel, cristal luciente,

no sólo en plata o víola troncada
se vuelva, mas tú y ello, juntamente,
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

                                                           (1582)

Luis de Góngora
(1560 - 1627)