El ritmo natural del pensamiento es el paseo.
Jordi Doce
Todo poema es en el fondo un balbuceo, algo dicho en voz baja, entre murmullos, con afán de seducir o prolongar la seducción, y sin oyente, sin lector, sin alguien que se preste por un tiempo al juego y ponga de su parte, no es nada, no existe. Solo cuando las palabras se hallan tan cargadas de latencia o de añoranza puede alguien pensar que hablan para él.
Jordi Doce
Perros en la playa, La Oficina, 2011
Una enseñanza insospechada. Comienzo a saber disfrutar de la satisfacción del deber no cumplido.
Jordi Doce, Perros en la playa (2011)
Asomarse a una ventana nos limpia.
Ramón Andrés
La felicidad del hombre acodado en una ventana.
Jordi Doce
La ilusión ansiosa y algo desesperada de mi hija mientras contempla el desfile de los Reyes Magos, como si adivinara oscuramente que cuanto sucede también está en curso de desaparecer, que aquello que viene ya se está yendo, que el presente no existe si no es como arena que se escurre entre los dedos. Vi alegría en su rostro, pero también la mueca nerviosa de quien no ha podido disfrutar el momento, de quien no termina de creerse o acoger del todo su realidad. Ofuscada por su propio deseo, fue capaz de sonreír solo cuando pudo recordarlo y contarlo todo a su antojo. Estaba más cómoda en el pasado, porque de alguna manera se sentía capaz de abarcarlo, o se hacía ilusión de poder recorrerlo entero.
Jordi Doce
Perros en la playa, La Oficina, 2011
No condenes a tu deseo a pedir limosna.
Jordi Doce
Perros en la playa, La Oficina ediciones, 2011