Fotografía de Herr_Mueller - The Good Life #1
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20 de septiembre de 2026

Miguel Hernández - Niña al final

 

NIÑA AL FINAL

Ella:
Sonrisas no
aprendidas
chocan en
mi granada.
Me las hallo
en el agua redonda
de mi pozo.

Me empino para ser
mujer, pero
no llego.

Ya me subo
medias y ligas,
ya me bajo la falda
a la misma cintura
de la rodilla.

No sé por qué me busco,
con este afán de niño hambriento
los senos con los dedos.

Los senos,
que exigen terreno
al percal
y al viento.

Yo les he cobrado miedo
a los chivos
y a los ojos
de aquel muchacho
de moreneces y alargamientos
de higos secos...
Pero los sigo
sin saber por qué yo...

                            Yo:
Tú desafías a los limones
y a los corazones.

Miguel Hernández



De los primeros poemas de Miguel Hernández. Leído hoy en Perito en lunas Poemas de adolescencia Otros poemas. Editorial Losada. Cuarta edición: 25-X-1976, Buenos Aires; libro adquirido un 14 de julio de 1977



18 de julio de 2026

Miguel Hernández - Vida solar

 

VIDA SOLAR

Cuerpo de claridad que nada empaña.
Todo es materia de cristal radiante,
a través de ese sol que te acompaña,
que te lleva por dentro hacia adelante.

Carne de limpidez enardecida,
hueso más transparente si más hondo,
piel hacia el sur del fuego dirigida.
Sangre resplandeciente desde el fondo.

Cuerpo diurno, día sobrehumano,
fruto del cegador acoplamiento,
de una áurea madrugada del verano
con el más inflamado firmamento.

Ígnea ascensión, sangrienta hacia los montes,
agua sólida y ágil hacia el día,
diáfano barro lleno de horizontes,
coronación astral de la alegría.

Cuerpo como un solsticio de arcos plenos,
bóveda plena, plenas llamaradas.
Todos los cuerpos fulgen más morenos
bajo el cenit de todas tus miradas.

Cuerpo de polen férvido y dorado,
Flexible y rumoroso, tuyo y mío.
De la noche final me has enlutado,
del amor, del cabello más sombrío.

Ilumina el abismo donde lloro
por la consumación de las espumas.
Fúndete con la sombra que atesoro
hasta que en transparencias te consumas.

Miguel Hernández



De Cancionero y romancero de ausencias, último poemario de Miguel Hernández, inacabado por su muerte. Fue escrito mientras se encontraba en prisión y publicado póstumamente en Buenos Aires.

 (Wikipedia)





14 de abril de 2026

Miguel Hernández - Para la libertad

 

PARA LA LIBERTAD

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.

Miguel Hernández,


El hombre acecha (1938-39)





30 de octubre de 2025

Miguel Hernández - Vecino de la muerte

 

VECINO DE LA MUERTE

Patio de vecindad que nadie alquila
igual que un pueblo de panales secos;
pintadas con recuerdos y leche las paredes
a mi ventana emiten silencios y anteojos.

Aquí dentro: aquí anduvo la muerte mi vecina
sesteando a la sombra de los sepultureros,
lamida por la lengua de un perro guarda-lápidas;
aquí, muy preservados del relente y las penas,
porfiaron los muertos con los muertos
rivalizando en huesos como en mármoles.

Oigo una voz de rostro desmayado,
unos cuervos que informan mi corazón de luto
haciéndome tragar húmedas ranas,
echándome a la cara los tornasoles trémulos
que devuelve en su espejo la inquietud.

¿Qué queda en este campo secuestrado,
en estas minas de carbón y plomo,
de tantos encerrados por riguroso orden?
No hay nada sin un monte de riqueza explotado.
Los enterrados con bastón y mitra,
los altos personajes de la muerte,
las niñas que expiraron de sed por la entrepierna
donde jamás tuvieron un arado y dos bueyes,
los duros picadores pródigos de sus músculos,
muertos con las heridas rodeadas de cuernos:
todos los destetados del aire y del amor
de un polvo huésped ahora se amamantan.

¿Y para quién están los tiernos epitafios,
las alabanzas más sañudas,
formuladas a fuerza de cincel y mentiras,
atacando el silencio natural de las piedras,
todas con menoscabos y agujeros
de ser ramoneadas con hambre y con constancia
por una amante oveja de dos labios?
¿Y este espolón constituido en gallo
irá a una sombra malgastada en mármol y ladrillo?
¿No cumplirá mi sangre su misión: ser estiércol?
¿Oiré cómo murmuran de mis huesos,
me mirarán con esa mirada de tinaja vacía
que da la muerte a todo el que la trata?
¿Me asaltarán espectros en forma de coronas,
funerarios nacidos del pecado
de un cirio y una caja boquiabierta?

Yo no quiero agregar pechuga al polvo:
me niego a su destino: ser echado a un rincón.
Prefiero que me coman los lobos y los perros,
que mis huesos actúen como estacas
para atar cerdos o picar espartos.

El polvo es paz que llega con su bandera blanca
sobre los ataúdes y las casas caídas,
pero bajo los pliegues un colmillo
de rabioso marfil contaminado
nos sigue a todas partes, nos vigila,
y apenas nos paramos nos inciensa de siglos,
nos reduce a cornisas y a santos arrumbados.

Y es que el polvo no es tierra.
La tierra es un amor dispuesto a ser un hoyo,
dispuesto a ser un árbol, un volcán y una fuente.

Mi cuerpo pide el hoyo que promete la tierra,
el hoyo desde el cual daré mis privilegios de león y nitrato
a todas las raíces que me tiendan sus trenzas.

Guárdate de que el polvo coloque dulcemente
su secular paloma en tu cabeza,
de que incube sus huevos en tus labios,
de que anide cayéndose en tus ojos,
de que habite tranquilo en tu vestido,
de aceptar sus herencias de notarios y templos.

Úsate en contra suya,
defiéndete de su callado ataque,
asústalo con besos y caricias,
ahuyéntalo con saltos y canciones,
mátalo rociándolo de vino, amor y sangre.

En esta gran bodega donde fermenta el polvo,
donde es inútil injerir sonrisas,
pido ser cuando quieto lo que no soy movido:
un vegetal, sin ojos ni problemas;
cuajar, cuajar en algo más que en polvo,
como el sueño en estatua derribada;
que mis zapatos últimos demuestren ser cortezas,
que se produzcan cuarzos en mi encantada boca,
que se apoyen en mí sembrados y viñedos,
que me dediquen mosto las cepas por su origen.

Aquel barbecho lleno de inagotables besos,
aquella cesta de uvas quiero tener encima
cuando descanse al fin de esta faena
de dar conversaciones, abrazos y pesares,
de cultivar cabellos, arrugas y esperanzas,
y de sentir un beso sobre cada deseo.

No quiero que me entierren donde me han de enterrar.
Haré un hoyo en el campo y esperaré a que venga
la muerte en dirección a mi garganta
con un cuerno, un tintero, un monaguillo
y un collar de cencerros castrados en la lengua,
para echarme puñados de mi especie.

Miguel Hernández


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28 de marzo de 2025

Miguel Hernández - Vals de los enamorados y unidos hasta siempre

 

VALS DE LOS ENAMORADOS
Y UNIDOS HASTA SIEMPRE   


No salieron jamás
del vergel del abrazo.
Y ante el rojo rosal
de los besos rodaron.
Huracanes quisieron
con rencor separarlos.
Y las hachas tajantes
y los rigidos rayos.

Aumentaron la tierra
de las pálidas manos.
Precipicios midieron,
por el viento impulsados
entre bocas deshechas.
Recorrieron naufragios,
cada vez más profundos
en sus cuerpos, sus brazos.

Perseguidos, hundidos
por un gran desamparo
de recuerdos y lunas,
de noviembres y marzos,
aventados se vieron,
pero siempre abrazados.

Miguel Hernández


(Escrita en la Prisión de Conde de Toreno,
a fines de 1939, para el álbum de un amigo
)  


El hombre acecha - Otros poemas - Cancionero y romancero de ausencias - Últimos poemas, Editorial Losada, Buenos Aires, Tercera edición, 8-VI-1975



Miguel Hernández - El ahogado del Tajo

 

EL AHOGADO DEL TAJO

(Gustavo Adolfo Bécquer)


No, ni polvo ni tierra;
inacallable metal líquido eres.

Un flujo de campanas de bronce turbio y trémulo,
un galope de espadas de acero circulante jamás enmohecido,
te preservan del polvo.
Y en vano se descuelga de los cuadros
para invadirte: te defiende el agua;
y en vano está la tierra reclamando su presa
haciendo un hueco íntimo en la grama.

Guitarras y arpas, liras y sollozos,
sollozos y canciones te sumergen en música.

Ahogado estás, alimentando flautas
en los cañaverales.

Todo lo ves tras vidrios y ternuras
desde un Toledo de agua sin turismo
con cancelas y muros de especies luminosas.

¡Qué maitines te suenan en los huesos,
qué corros te rodean de llanto femenino,
qué ataúdes de luna acelerada
renuevan sus rebaños de espuma afectuosa a cada instante!

¿Te acuerdas de la vida,
compañero del sapo que humedece las aguas con su silbo?
¿Te acuerdas del amor que agrega corazón,
quita cabellos, cría toros fieros?

¿Te acuerdas que sufrías oyendo las campanas,
mirando los sepulcros y los bucles,
errando por las tardes de difuntos,
manando sangre y barro que un alfarero luego
recogió para hacer botijos y macetas?

Cuando la luna vierte su influencia
en las aguas, las venas y las frutas,
por su rayo atraído flotas entre dos aguas
cubierto por las ranas de verdes corazones.

Tu morada es el Tajo: ahí estás para siempre
dedicado a ser cisne por completo.
Las cosas no se nublan más en tu corazón;
tu corazón ya tiene la dirección del río;
los besos no se agolpan en tu boca
angustiada de tanto contenerlos;
eres todo de bronce navegable,
de infinitos carrizos custodiosos,
de acero dócil hacia el mar doblado
que lavará tu muerte toda una eternidad.

Miguel Hernández

(1935 -1936)



Miguel Hernández - Rosario, dinamitera

 

Rosario Sánchez Mora


ROSARIO, DINAMITERA  

Rosario, dinamitera,
sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.
Nadie al mirarla creyera
que había en su corazón
una desesperación
de cristales, de metralla
ansiosa de una batalla,
sedienta de una explosión.

Era tu mano derecha,
capaz de fundir leones,
la flor de las municiones
y el anhelo de la mecha.
Rosario, buena cosecha,
alta como un campanario
sembrabas al adversario
de dinamita furiosa
y era tu mano una rosa
enfurecida, Rosario.

Buitrago ha sido testigo
de la condición de rayo
de las hazañas que callo
y de la mano que digo.
¡Bien conoció el enemigo
la mano de esta doncella,
que hoy no es mano porque de ella,
que ni un solo dedo agita,
se prendó la dinamita
y la convirtió en estrella!

Rosario, dinamitera,
puedes ser varón y eres
la nata de las mujeres,
la espuma de la trinchera.
Digna como una bandera
de triunfos y resplandores,
dinamiteros pastores,
vedla agitando su aliento
y dad las bombas al viento
del alma de los traidores.

Miguel Hernández


Viento del pueblo (1937)


**************


El PCE despide a Rosario Dinamitera

Un centenar de militantes comunistas acuden al entierro de Sánchez Mora, la miliciana que inspiró durante la Guerra Civil un poema de Miguel Hernández

VERA GUTIERREZ
Madrid - 19 ABR 2008


Sólo cuando Rosario estuvo enterrada, cubierta por flores rojas, la bandera republicana y los últimos besos de los suyos, comenzó a llover sobre el cementerio civil de Madrid. Eran cerca de las cuatro de la tarde de ayer y el PCE acababa de devolver a la tierra a una de sus más queridas milicianas: Rosario Sánchez Mora, rebautizada Rosario Dinamitera por el célebre poema de Miguel Hernández. El lunes habría cumplido 89 años.

Desde los 17 acariciaba con una sola mano, la izquierda, y con el muñón de la derecha, que voló al estallarle una granada rudimentaria en el frente de Madrid. Nacida en Villarejo de Salvanés en 1919, se había alistado en el bando republicano nada más empezar la Guerra Civil, con fervor adolescente. Su mano entregada a la causa la convirtió en icono de los perdedores.

"Era muy cariñosa y dulce, pero peleona, ¿eh? Hasta el último día tuvo en la boca sus ideas comunistas. Incluso en el hospital, cuando hablaba con las enfermeras de sus problemas", recordaba el pasado jueves la mayor de sus dos hijas, Elena, nacida, en plena contienda, de la pasión entre Rosario y otro miliciano que la guerra arrancó de su lado pocos meses después de casados.


Jóvenes y veteranos

Elena y su hermana pequeña, Charo -hijas de padres distintos pero las dos espejo de su madre-, acompañaron ayer el féretro con el cuerpo de Rosario hasta su tumba en un rincón del cementerio civil, el mismo en el que reposan los restos de Dolores Ibarruri, Pasionaria, y del fundador del PSOE, Pablo Iglesias. Al sepelio acudieron, junto a la familia de la miliciana, el secretario general del PCE, Francisco Frutos, y el coordinador general de IU, Gaspar Llamazares -que permanecieron separados toda la ceremonia-; así como un centenar de cargos y militantes comunistas (jóvenes y veteranos), dirigentes de IU como la portavoz en la Asamblea Inés Sabanés y los escritores Almudena Grandes y Luis García Montero.

Hubo aplausos, abrazos. Y, antes de que los operarios de la funeraria hicieran descender el ataúd, sonaron los versos de Hernández, los mismos que Rosario, sabiéndolos suyos y de la historia, recitaba de memoria a quien se lo pedía. Luego alguien gritó "¡Viva la República!" y todos cantaron La Internacional puño en alto.

"Con la vida que tuvo y casi ha llegado a los 90", comentaba una mujer de pelo cano. Con la vida que tuvo: sobrevivió a las trincheras donde los españoles mataron y murieron, a los tres años de cárcel, a la primera posguerra vendiendo tabaco de contrabando en la plaza de la Cibeles... "La mía ha sido una vida dura y valiente, porque si no le hubiera echado agallas no sé qué habría sido de mí", reflexionaba hace un par de años con motivo de la publicación de un libro sobre ella.

(El País, 19 de abril de 2008)






Miguel Hernández, por Buero Vallejo

 


El conocido retrato de Miguel Hernández (Orihuela, 30 de octubre de 1910 - Alicante, 28 de marzo de 1942) que le hizo su compañero y amigo Antonio Buero Vallejo (1916 - 2000) en la prisión del Conde de Toreno de Madrid:  «Para Miguel Hernández en recuerdo de nuestra amistad de la cárcel.  Antonio Buero. 25-I-XL».



21 de marzo de 2025

Miguel Hernández - Sentado sobre los muertos

 

SENTADO SOBRE LOS MUERTOS   

Sentado sobre los muertos
que se han callado en dos meses,
beso zapatos vacíos
y empuño rabiosamente
la mano del corazón
y el alma que lo mantiene

Que mi voz suba a los montes
y baje a la tierra y truene,
eso pide mi garganta
desde ahora y desde siempre.

Acércate a mi clamor,
pueblo de mi misma leche,
árbol que con tus raíces
encarcelado me tienes,
que aquí estoy yo para amarte
y estoy para defenderte
con la sangre y con la boca
como dos fusiles fieles.

Si yo salí de la tierra,
si yo he nacido de un vientre
desdichado y con pobreza,
no fue sino para hacerme
ruiseñor de las desdichas,
eco de la mala suerte,
y cantar y repetir
a quien escucharme debe
cuanto a penas, cuanto a pobres,
cuanto a tierra se refiere.

Ayer amaneció el pueblo
desnudo y sin qué ponerse,
hambriento y sin qué comer,
y el día de hoy amanece
justamente aborrascado
y sangriento justamente.
En su mano los fusiles
leones quieren volverse
para acabar con las fieras
que lo han sido tantas veces.

Aunque te falten las armas,
pueblo de cien mil poderes,
no desfallezcan tus huesos,
castiga a quien te malhiere
mientras que te queden puños,
uñas, saliva, y te queden
corazón, entrañas, tripas,
cosas de varón y dientes.
Bravo como el viento bravo,
leve como el aire leve,
asesina al que asesina,
aborrece al que aborrece
la paz de tu corazón
y el vientre de tus mujeres.
No te hieran por la espalda,
vive cara a cara y muere
con el pecho ante las balas,
ancho como las paredes.

Canto con la voz de luto,
pueblo de mí, por tus héroes:
tus ansias como las mías,
tus desventuras que tienen
del mismo metal el llanto,
las penas del mismo temple,
y de la misma madera
tu pensamiento y mi frente,
tu corazón y mi sangre,
tu dolor y mis laureles.
Antemuro de la nada
esta vida me parece.

Aquí estoy para vivir
mientras el alma me suene,
y aquí estoy para morir,
cuando la hora me llegue,
en los veneros del pueblo
desde ahora y desde siempre.
Varios tragos es la vida
y un solo trago la muerte.

Miguel Hernández


Viento del pueblo (1937)


 





30 de octubre de 2024

Miguel Hernández - El rayo que no cesa

 

(1936)



El poeta griego Tasos Livaditis (1922 - 1988) murió un 30 de octubre y el poeta español Miguel Hernández (1910 - 1942) nació un 30 de octubre. Hoy los recordamos a los dos.


¿No cesará este rayo que me habita
el corazón de exasperadas fieras
y de fraguas coléricas y herreras
donde el metal más fresco se marchita?

¿No cesará esta terca estalactita
de cultivar sus duras cabelleras
como espadas y rígidas hogueras
hacia mi corazón que muge y grita?

Este rayo ni cesa ni se agota:
de mí mismo tomó su procedencia
y ejercita en mí mismo sus furores.

Esta obstinada piedra de mí brota
y sobre mí dirige la insistencia
de sus lluviosos rayos destructores.





18 de julio de 2024

Miguel Hernández - Carta

 

CARTA

El palomar de las cartas
abre su imposible vuelo
desde las trémulas mesas
donde se apoya el recuerdo,
la gravedad de la ausencia,
el corazón, el silencio.

Oigo un latido de cartas
navegando hacia su centro.

Donde voy, con las mujeres
y con los hombres me encuentro,
malheridos por la ausencia,
desgastados por el tiempo.

Cartas, relaciones, cartas:
tarjetas postales, sueños,
fragmentos de la ternura,
proyectados en el cielo,
lanzados de sangre a sangre
y de deseo a deseo.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra
que yo te escribiré.

En un rincón enmudecen
cartas viejas, sobres viejos,
con el color de la edad
sobre la escritura puesto.
Allí perecen las cartas
llenas de estremecimientos.
Allí agoniza la tinta
y desfallecen los pliegos,
y el papel se agujerea
como un breve cementerio
de las pasiones de antes,
de los amores de luego.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.


Cuando te voy a escribir
se emocionan los tinteros:
los negros tinteros fríos
se ponen rojos y trémulos,
y un claro calor humano
sube desde el fondo negro.
Cuando te voy a escribir,
te van a escribir mis huesos:
te escribo con la imborrable
tinta de mi sentimiento.

Allá va mi carta cálida,
paloma forjada al fuego,
con las dos alas plegadas
y la dirección en medio.
Ave que sólo persigue,
para nido y aire y cielo,
carne, manos, ojos tuyos,
y el espacio de tu aliento.

Y te quedarás desnuda
dentro de tus sentimientos,
sin ropa, para sentirla
del todo contra tu pecho.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra
que yo te escribiré.


Ayer se quedó una carta
abandonada y sin dueño,
volando sobre los ojos
de alguien que perdió su cuerpo.
Cartas que se quedan vivas
hablando para los muertos:
papel anhelante, humano,
sin ojos que puedan serlo.

Mientras los colmillos crecen,
cada vez más cerca siento
la leve voz de tu carta
igual que un clamor inmenso.
La recibiré dormido,
si no es posible despierto.
Y mis heridas serán
los derramados tinteros,
las bocas estremecidas
de rememorar tus besos,
y con su inaudita voz
han de repetir: te quiero.


Miguel Hernández



El hombre acecha. Delegación de la Secretaría de Propaganda / Imprenta Moderna, Valencia, 1939



28 de marzo de 2024

Miguel Hernández - «Un carnívoro cuchillo...»

 

Un carnívoro cuchillo
de ala dulce y homicida
sostiene un vuelo y un brillo
alrededor de mi vida.

Rayo de metal crispado
fulgentemente caído,
picotea mi costado
y hace en él un triste nido.

Mi sien, florido balcón
de mis edades tempranas,
negra está, y mi corazón,
y mi corazón con canas.

Tal es la mala virtud
del rayo que me rodea,
que voy a mi juventud
como la luna a mi aldea.

Recojo con las pestañas
sal del alma y sal del ojo
y flores de telarañas
de mis tristezas recojo.

¿A dónde iré que no vaya
mi perdición a buscar?
Tu destino es de la playa
y mi vocación del mar.

Descansar de esta labor
de huracán, amor o infierno
no es posible, y el dolor
me hará a mi pesar eterno.

Pero al fin podré vencerte,
ave y rayo secular,
corazón, que de la muerte
nadie ha de hacerme dudar.

Sigue, pues, sigue cuchillo,
volando, hiriendo. Algún día
se pondrá el tiempo amarillo
sobre mi fotografía.

Miguel Hernández
 
(Orihuela, 30 de octubre de 1910 - Alicante, 28 de marzo de 1942)


El rayo que no cesa (1936)



18 de julio de 2023

Miguel Hernández - «Rumorosas pestañas...»

 

Rumorosas pestañas
de los cañaverales.
Cayendo sobre el sueño
del hombre hasta dejarle
el pecho apaciguado
y la cabeza suave.

Ahogad la voz del arma,
que no despierte y salte
con el cuchillo de odio
que entre sus dientes late.

Así, dormido, el hombre
toda la tierra vale.


Miguel Hernánez



Cancionero y romancero de ausencias, que reúne poemas escritos entre 1938 y 1941, fue publicado en Buenos Aires en 1958.



28 de marzo de 2022

Miguel Hernández - Eterna sombra

 

ETERNA SOMBRA

Yo que creí que la luz era mía
precipitado en la sombra me veo.
Ascua solar, sideral alegría
ígnea de espuma, de luz, de deseo.

Sangre ligera, redonda, granada:
raudo anhelar sin perfil ni penumbra.
Fuera, la luz en la luz sepultada.
Siento que sólo la sombra me alumbra.

Sólo la sombra. Sin astro. Sin cielo.
Seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles
dentro del aire que no tiene vuelo,
dentro del árbol de los imposibles.

Cárdenos ceños, pasiones de luto.
Dientes sedientos de ser colorados.
Oscuridad del rencor absoluto.
Cuerpos lo mismo que pozos cegados.

Falta el espacio. Se ha hundido la risa.
Ya no es posible lanzarse a la altura.
El corazón quiere ser más de prisa
fuerza que ensancha la estrecha negrura.

Carne sin norte que va en oleada
hacia la noche siniestra, baldía.
¿Quién es el rayo de sol que la invada?
Busco. No encuentro ni rastro del día.

Sólo el fulgor de los puños cerrados,
el resplandor de los dientes que acechan.
Dientes y puños de todos los lados.
Más que las manos, los montes se estrechan.

Turbia es la lucha sin sed de mañana.
¡Qué lejanía de opacos latidos!
Soy una cárcel con una ventana
ante una gran soledad de rugidos.

Soy una abierta ventana que escucha.
por donde va tenebrosa la vida.
Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida.

Miguel Hernández



Uno de los últimos poemas escritos por Miguel Hernández. Hoy, 28 de marzo, se cumplen ochenta años de su fallecimiento en la cárcel de Alicante. 



4 de diciembre de 2021

Miguel Hernández - Canción última

 

CANCIÓN ÚLTIMA

Pintada, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.

Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa
con su ruinosa cama.

Florecerán los besos
sobre las almohadas.
Y en torno de los cuerpos
elevará la sábana
su intensa enredadera
nocturna, perfumada.

El odio se amortigua
detrás de la ventana.
Será la garra suave.
Dejadme la esperanza.

Miguel Hernández


De El hombre acecha, penúltimo poemario escrito por el autor entre 1938 y 1939.