John Morales - Camila, 2018
AMANTES
Desnudos afrentamos el cuerpo
como dos ángeles equivocados,
como dos soles rojos en un bosque oscuro,
como dos vampiros al alzarse el día,
labios que buscan la joya del instante entre dos muslos,
boca que busca la boca, estatuas erguidas
que en la piedra inventan el beso
sólo para que un relámpago de sangres juntas
cruce la invencible muerte que nos llama.
De pie como perezosos árboles en el estío,
sentados como dioses ebrios
para que me abrasen en el polvo tus dos astros,
tendidos como guerreros de dos patrias que el alba separa,
en tu cuerpo soy el incendio del ser.
Jorge Gaitán Durán
(Pamplona, Colombia, 1924 - Guadalupe, 1962)
RAMO NOCTURNO
Ve a la noche y espérame
con un ramo de flores amarillas;
un sol hay dentro de ellas
que conoce el destino.
No te ocultes de nadie,
ve a los que salen a tu encuentro;
nuestra casa es de ramas floridas
y en ella habita el cielo que no cesa.
Estás cubierta como todos
por esa fuente de nombre inacabable;
nadie podrá dañarte,
ni un color que estallara en los almendros.
Ve en la noche y camina
por las calles de la ciudad asediada;
si en la piedra escribimos nuestra dicha
algo contra la muerte atesoramos.
Ven y escucha en el puerto
una canción antigua, a nuestro lado
las hilanderas de la vida pasan,
no devuelvas tu remo ni tu barca.
Giovanni Quessep
Giovanni Quessep (1939) es un poeta y escritor colombiano, de ascendencia libanesa.
LOLA JATTIN
Más allá de la noche que titila en la infancia,
más allá incluso de mi primer recuerdo.
Está Lola —mi madre— frente a un escaparate,w
empolvándose el rostro y arreglándose el pelo.
Tiene ya treinta años de ser hermosa y fuerte
y está enamorada de Joaquín Pablo —mi viejo—
No sabe que en su vientre me oculto para cuando
necesite su fuerte vida la fuerza de la mía.
Más allá de estas lágrimas que corren en mi cara,
de su dolor inmenso como una puñalada
está Lola —la muerta— aún vibrante y viva
sentada en un balcón mirando los luceros
cuando la brisa de la ciénaga le desarregla
el pelo y ella se lo vuelve a peinar
con algo de pereza y placer concertados.
Más allá de este instante que pasó y que no vuelve
estoy oculto yo en el fluir de un tiempo
que me lleva muy lejos y que ahora presiento.
Más allá de este verso que me mata en secreto
está la vejez —la muerte— el tiempo inacabable
cuando los dos recuerdos: el de mi madre y el mío
sean sólo un recuerdo solo: este verso.
Raúl Gómez Jattin
Si alguien llama a tu puerta, amiga mía,
y algo en tu sangre late y no reposa
y en su tallo de agua, temblorosa,
la fuente es una líquida armonía.
Si alguien llama a tu puerta y todavía
te sobra tiempo para ser hermosa
y cabe todo abril en una rosa
y por la rosa se desangra el día.
Si alguien llama a tu puerta una mañana
sonora de palomas y campanas
y aún crees en el dolor y en la poesía.
Si aún la vida es verdad y el verso existe.
Si alguien llama a tu puerta y estás triste,
abre, que es el amor, amiga mía.
(1954)
Gabriel García Márquez
(Con el seudónimo de Javier Garcés)
Dulce enemiga
Que llevas al hombre
Más allá de sí mismo
Adoro tus perfecciones
Y tus fulgores sobre mi cuerpo helado
Recorres a zancadas
Los cielos –nada apacibles –
Y las estrellas incesantes
Y las estrellas quietas
Bella al alba y al crepúsculo
Dueña de la vida
Todo te magnifica.
Harold Alvarado Tenorio
En este poema se describe un ser femenino en términos admirativos (1-3, 4-5, 10-12). Pero desde el primer verso se comienza a ver la contradicción, que hace comprender que no describe a una mujer sino a la muerte. Una descripción que pasa por el tamiz de un lenguaje exaltante y valorativo como si se estuviera describiendo un encuentro erótico y, como el que se haría a un cuerpo deseado, pero que sirve en este caso para resaltar la magnificencia y poderío de la muerte. La Muerte es personificada, y se ve como una mujer imparable que puede recorrer «a zancadas los cielos». En una época turbulenta que hace que el yo poético se considere tomado por la muerte al referirse a su propio cuerpo con el adjetivo «helado».
El erotismo en la poesía colombiana de la Generación desencantada de Golpe de Dados, de Alejandra Toro Murillo
ESO DICEN
Dicen que hablar no cuesta nada.
Parece infalible la sentencia.
Se cae la boca con el grito,
pesan las palabras como trenes frenéticos
que atropellan las noches,
el compás del corazón,
la forma de peinarse.
Alguien pronuncia dos palabras
y se desploma el paisaje en la ventana,
deja de salir el agua por el grifo
o sale con desgano, sin sed que la recoja.
Dices adiós y algo se quiebra,
puede ser el espejo o su imagen,
alguna cosa que guardabas,
la secreta esperanza de un algo impronunciable,
su cobarde mudez.
Podríamos andar ligeros de voz y de preguntas,
dos o tres dudas como globos que estallan
sin ruido, sin misterio.
Pero las palabras se cargan de sal y de sonidos
llegan a pesar tanto que un día nos matan
de memoria, de silencio,
qué le vamos a hacer,
si estamos más hechos de palabras que de huesos
y hablar nos cuesta todo.
Luz Helena Cordero
(Bucaramanga, 1961)
La estación dolorosa
Vivo en un lugar lleno de árboles y vacas, y mujeres con niños en sus brazos que caminan largos trayectos buscando un poco de leña, un poco de agua, un poco de leche; mujeres hechas de viento, de madera gastada y de sed.
Mujeres que amasan el barro del desamparo en sus costillas y encienden sus lámparas con el aceite que brota de sus muslos.
En el verano el lugar que habito se llena de polvo, el sol quiebra el rostro de los animales y Dios se esconde como un niño detrás de los árboles.
Todo se transforma en esa estación dolorosa, hay una llaga que acosa el pie izquierdo y un ángel lanzallamas juega con su aburrimiento a las puertas del cielo.
Pero el invierno es lo peor, el barro se pega al alma como una maldición y no hay manera de transportarse, el camino se llena de Cristos con sus cruces a cuestas y sólo caminar nos vuelve mansos.
Me toca vivir aquí, cada día debo ponerme una máscara que oculte las lágrimas; yo que soñaba con una casita frente al mar y pescadores de piel renegrida hablando de sus dulces preocupaciones; hablando del sol, del viento y la marea.
En este lugar hay una montaña donde ayer hubo hombres con la inteligencia de un pequeño dios, el alma blanca y las manos cuarteadas por el trabajo.
Aquí Dios ha olvidado sus zapatos para que recordáramos que no todo es luz en su reino.
Y a mí sólo me ha tocado el viento amenazando con llevarse mi casa, y dentro de poco no seré más que un cristal esparcido después de la estampida.
Ela Cuavas
(Montería, Córdoba, Colombia, 1979)
De Juntar los huesos, 2011
(Abisinia Review)
SOBRAN LAS PALABRAS
Por traidora decidí hoy,
martes 24 de junio,
asesinar algunas palabras.
Amistad queda condenada
a la hoguera, por hereje;
la horca conviene
a Amor por ilegible;
no estaría mal el garrote vil,
por apóstata, para Solidaridad;
la guillotina como el rayo,
debe fulminar a Fraternidad;
Libertad morirá
lentamente y con dolor;
la tortura es su destino;
Igualdad merece la horca
por ser prostituta
del peor burdel;
Esperanza ha muerto ya;
Fe padecerá la cámara de gas;
el suplicio de Tántalo, por inhumana,
se lo dejo a la palabra Dios.
Fusilaré sin piedad a Civilización
por su barbarie;
cicuta beberá Felicidad.
Queda la palabra Yo. Para esa,
por triste, por su atroz soledad,
decreto la peor de las penas:
vivirá conmigo hasta
el final.
María Mercedes Carranza
ERÓTICA
Bosque vedado
manantial que no cesa
te anega y te desborda
la marea contra la roca
sudor en las axilas
tersura de los muslos
te cubro y te habito
es áspero y se pliega
tu vello
en la yema de mis dedos
en la punta de la lengua
el sabor de tu
sexo gruta plena.
Juan Gustavo Cobo Borda
Escrito en 1974 y publicado en Casa de citas (1981)
En el barrio suenan disparos,
me apresuro a cerrar la puerta
pero un conocido la empuja
para resguardarse y lo dejo entrar.
Les disparan
a los que juegan cartas
en la esquina, dice.
Corro hacia el lugar
pero un vecino me detiene,
me abraza contra una reja,
pide que no me mueva
e intenta que no mire al sicario.
Decido mirarlo
mientras me apunta con el arma,
mi miedo no representa un peligro.
Las sillas y las mesas están agujereadas,
yo busco una billetera,
una camisa o una chancleta,
algo a lo que aferrarme.
Junto al árbol de níspero
veo el cuerpo de mi padre,
lo volteo para acunarlo
en mis brazos,
abre sus ojos
y su mirada penetra en mí
como bálsamo sobre una herida.
***
Desde aquel día
la muerte se pasea por el barrio,
junto a la puerta de mi casa.
Tiene veinte años,
nombre y apellido,
siempre usa una gorra
que no permite ver
sus ojos cafés,
esos que me gustaron
cuando era chica.
Ahora me obligan a jugar
a que no les conozco.
Johanna Barraza Tafur
(Zenda)
BORRONES
Qué harán con mis letras inconclusas
con los trapos al sol y la mirada que parece triste
qué con las palabras de verano
y las noches de invierno con sus manos frías.
Qué será de las horas frente a un paisaje ciego
qué del horror a la muerte repetida.
Me pregunto en las noches desveladas
qué hacer si no dicen nada mis cuadernos
borrones de mis días.
Luz Mary Giraldo
(Ibagué, Colombia, 1950)
Postal de viaje Antología (2003)
(Leído en el blog Palabras pesadas)
HISTORIA SIN HISTORIA
Entonces,
para qué la tarde
sino para fatigar el olvido,
para huir un poco de la antigua soledad del día
hacia la noche,
para oír de los patios, de las calles, de la lluvia,
y entregarnos un poco
a la medio adivinada melodía
que nos dice lo que somos y nos dicta
un epitafio compuesto por secretas palabras.
Para qué la tarde
repetimos
sino para un vago asombro de la luz,
de los espejos, para un vago asombro
que anula los presagios de la noche,
para los cuartos de hotel y la llegada de los trenes.
Para qué la tarde
sino para los retratos de hace años
para la envenenada gota del tiempo
suspendida sobre nuestra
inocencia?
Darío Jaramillo Agudelo
INTIMIDAD
La noche vuelve secreta
a tantear mi cuerpo,
me penetra lenta y suave
me abro
como una flor nocturna.
Orietta Lozano
(Cali, 1956)
SANTO Y SEÑA
Mi padre,
severo y absorto,
cuando estalla la ternura
solo encuentra una expresión
que se le sale por los ojos,
como quien toma el barro
y sopla para crear a Dios:
¡Qué belleza!
Con estas palabras forja
el asombro y la fuerza,
el sortilegio y el gozo de la vida.
Vuelvo a ese santo y seña
para redimir de las cenizas
la sustancia de mi padre.
Luz Helena Cordero
(Bucaramanga, Colombia, 1961)
(Leído en La otra - Revista de poesía)
BIOGRAFÍA DE UN HOMBRE CON MIEDO
Mi padre tuvo pronto miedo de haber nacido.
Pero pronto también
le recordaron los deberes de un hombre
y le enseñaron
a rezar, a ahorrar, a trabajar.
Así que pronto fue mi padre un hombre bueno.
(“Un hombre de verdad”, diría mi abuelo).
No obstante,
—como el perro que gime, embozalado
y amarrado a su estaca— el miedo persistía
en el lugar más hondo de mi padre.
De mi padre,
que de niño tuvo los ojos tristes y de viejo
unas manos tan graves y tan limpias
como el silencio de las madrugadas.
Y siempre, siempre, un aire de hombre solo.
De tal modo que cuando yo nací me dio mi padre
todo lo que su corazón desorientado
sabía dar. Y entre ello se contaba
el regalo amoroso de su miedo.
Como un hombre de bien mi padre trabajó cada mañana,
sorteó cada noche y cuando pudo
se compró a cuotas la pequeña muerte
que siempre deseó.
La fue pagando rigurosamente,
sin sobresalto alguno, año tras año,
como un hombre de bien, el bueno de mi padre.
Piedad Bonnett
De La cicatriz en el espejo (1995), en Poesía reunida, Lumen, 2016