Fotografía de Herr_Mueller - The Good Life #1
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25 de agosto de 2026

León Felipe - Revolución

 

REVOLUCIÓN

Siempre habrá nieve altanera
que vista al monte de armiño
y agua humilde que trabaje
en la presa del molino.

Y siempre habrá un sol también
—un sol verdugo y amigo—
que trueque en llanto la nieve
y en nube el agua del río.

León Felipe



Versos y oraciones de caminante, Libro II, Nueva York, 1929, en Nueva Antología Rota, Finisterre Editores, México, 1974, segunda edición



29 de abril de 2026

Rafael Alberti - Campo de batalla

 

CAMPO DE BATALLA

Nace en las ingles un calor callado,
como un rumor de espuma silencioso.
Su dura mimbre el tulipán precioso
dobla sin agua, vivo y agotado.

Crece en la sangre un desasosegado,
urgente pensamiento belicoso.
La exhausta flor perdida en su reposo
rompe su sueño en la raíz mojado.

Salta la tierra y de su entraña pierde
savia, veneno y alameda verde.
Palpita, cruje, azota, empuja, estalla.

La vida hiende vida en plena vida.
Y aunque la muerte gane la partida,
todo es un campo alegre de batalla.

Rafael Alberti


26 de marzo de 2026

Unos versos de José Bergamín

 

¿Quién dijo miedo?
¿la zorra, la gallina
o el lobo hambriento?

              *

               “Eso que estás esperando…
                                         A. Ferrán

La cosa que más se teme
es la que no llega nunca
y se está esperando siempre.

José Bergamín


Poesía, VI. Hora última, Turner, 1984



20 de febrero de 2026

Juan Larrea - Vendimia

 

VENDIMIA 

Un gran viento se ha levantado entre tu espalda y tú
un gran viento armonioso de sorpresas y pámpanos
en el que voy raptado por un celo sin máscara
hacia ese último extravío que un racimo de olvido asombra

La estatua corporal del éxtasis es sacudida
sin embargo porque el sol al cabo de fatigas
no se acuerda de haber quemado tu sonrisa
sólo la niebla que cae despliega sus alas de helecho

El proceder ilimitado de la otoñada desfallece
en los brazos transparentes de un bello curso de mentiras
y el amor reflejado al filo de los adioses se derrumba
labios abandonados concluidos como dos remos

(La única manera de ser dos es creer en tu dolor
dándole un sentido a la tarde que tiembla y se deshoja
como un ramo de azares escogido aprisa en, el destino
de un ser llamado a producir un tierno despojo mortal)

Este mundo reconstruye el crimen de haberte visto
enteramente desnuda
antorcha no domesticada

Juan Larrea

(Bilbao, 1895 - Córdoba, Argentina, 1980)


Version celeste (1969)   



7 de diciembre de 2025

Rafael Alberti - A la divina proporción

 

A LA DIVINA PROPORCION

A ti, maravillosa disciplina,
media, extrema razón de la hermosura
que claramente acata la clausura
viva en la malla de tu ley divina.

A ti, cárcel feliz de la retina,
áurea sección, celeste cuadratura,
misteriosa fontana de mesura
que el Universo armónico origina.

A ti, mar de los sueños angulares,
flor de las cinco formas regulares,
dodecaedro azul, arco sonoro.

Luces por alas un compás ardiente.
Tu canto es una esfera transparente.
A ti, divina proporción de oro.

Rafael Alberti





V. Manuel Rivas - «A Sección Áurea»



6 de diciembre de 2025

Manuel Altolaguirre - El mar

 

EL MAR

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar al espejo
sin porvenir de la muerte.
Allá van nuestros recuerdos
mostrándonos lo que fuimos
y para siempre seremos,
cristal en que nuestras almas
revivirán lo vivido
en las prisiones del tiempo.
Estar lejos de la muerte
es no verse, es estar ciego,
con la memoria perdida,
nublado el entendimiento,
sin voluntad caminando,
volubles, desconociéndonos.

Manuel Altolaguirre


Soledades juntas, Plutarco, Madrid, 1931



27 de noviembre de 2025

Rafael Alberti - Amaranta

 


AMARANTA

                              …calzó de viento...
                                        Góngora


Rubios, pulidos senos de Amaranta,
por una lengua de lebrel limados
pórticos de limones desviados
por el canal que asciende a tu garganta.

Rojo, un puente de rizos se adelanta
e incendia tus marfiles ondulados.
Muerde, heridor, tus dientes desangrados,
y corvo, en vilo, al viento te levanta.

La soledad, dormida en la espesura
calza su pie de céfiro y desciende
del olmo alto al mar de la llanura.

Su cuerpo en sombra, oscuro, se le enciende,
y gladiadora, como un ascua impura
entre Amaranta y su amador se tiende.


Rafael Alberti


Cal y canto (1929)



22 de noviembre de 2025

Emilio Prados - Dormido en la yerba

 

DORMIDO EN LA YERBA

Todos vienen a darme consejo.
Yo estoy dormido junto a un pozo.

Todos se acercan y me dicen:
- La vida se te va,
y tú te tiendes en la yerba,
bajo la luz más tenue del crepúsculo,
atento solamente
a mirar cómo nace
el temblor del lucero
o el pequeño rumor
del agua, entre los árboles.

Y tú te tiendes sobre la yerba:
cuando ya tus cabellos
comienzan a sentir
más cerca y fríos que nunca,
la caricia y el beso
de la mano constante
y sueño de la luna.

Y tú tiendes sobre la yerba:
cuando apenas si pudes
sentir en tu costado
el húmedo calor
del grano que germina
y el amargo crujir
de la rosa ya muerta.

Y tú te tiendes sobre la yerba:
cuando apenas si el viento
contiene su rigor,
al mirar en ruina
los muros de tu espalda,
y, el sol, ni se detiene
a levantar tu sangre del silencio.

Todos se acercan y me dicen:
- La vida se te va,
Tú, vienes de la orilla
donde crece el romero y la alhucema
entre la nieve y el jazmín, eternos,
y, es un mar todo espumas
lo que aquí te ha traído
por que nos hables...
Y tú te duermes sobre la yerba.

Todos se acercan para decirme:
- Tú duermes en la tierra
y tu corazón sangra
y sangra, gota a gota
ya sin dolor, encima de tu sueño,
como en lo más oculto
del jardín, en la noche,
ya sin olor, se muere la violeta.
Todos vienen a darme consejo,
Yo estoy dormido junto a un pozo.

Sólo, si algún amigo
se acerca, y, sin pregunta
me da un abrazo entre las sombras:
lo llevo hasta asomarnos
al borde, juntos, del abismo,
y, en sus profundas aguas,
ver llorar a la luna y su reflejo,
que más tarde ha de hundirse
como piedra de oro,
bajo el otoño frío de la muerte.

Emilio Prados



22 de octubre de 2025

Nazim Hikmet - Autobiografía

 

AUTOBIOGRAFÍA

Nací en 1902
no he vuelto nunca a mi ciudad natal
no me gustan los retornos
a los tres años en Alepo era nieto de bajá
a los diecinueve estudiante en la universidad comunista de Moscú
a los cuarenta y nueve otra vez en Moscú invitado por el Comité Central
y desde los catorce años soy poeta

hay hombres que conocen las diferentes clases de hierbas; otros, de peces;
yo, de separaciones
hay hombres que se saben de memoria el nombre de cada estrella;
yo, de nostalgias

he dormido en las cárceles y en los grandes hoteles
he conocido el hambre y también la huelga de hambre y no hay plato
que no haya probado
a los treinta años quisieron ahorcarme
a los cuarenta y ocho quisieron concederme el Premio mundial de la Paz
y me lo concedieron
a los treinta y seis durante medio año sólo pude recorrer cuatro metros
cuadrados de hormigón
a los cincuenta y nueve volé desde Praga a La Habana
en dieciocho horas

no conocí a Lenin pero hice la guardia de honor junto a su féretro en 1924

en 1961 el mausoleo que visito son sus libros
han intentado alejarme de mi partido
pero han fracasado
tampoco he sido aplastado por los ídolos caídos
en 1951 viajé por mar hacia la muerte con un joven camarada
en 1952 con el corazón cascado esperé la muerte durante cuatro meses

estuve locamente celoso de las mujeres a las que amé
no envidié a nadie ni siquiera a Charlot
engañé a mis mujeres
pero nunca hablé mal de mis amigos a sus espaldas

he bebido pero no soy un borracho
tuve la suerte de ganarme siempre el pan con el sudor de mi frente

si mentí fue porque sentí vergüenza ajena
por piedad
pero también he mentido porque sí

he montado en tren en avión y en coche
la mayoría no puede hacerlo
he ido a la ópera
la mayoría no puede ir y ni siquiera sabe que existe
sin embargo desde 1921 no voya muchos de los sitios
donde va la mayoría la mezquita la iglesia la sinagoga
el templo el curandero
pero a veces me gusta que me lean los posos de café

se me ha publicado en treinta o cuarenta lenguas
pero estoy prohibido en Turquía en mi propia lengua

hasta ahora no he tenido cáncer
tampoco es obligatorio
nunca seré primer ministro o algo parecido
tampoco me gustaría serlo
nunca he ido a la guerra
no he descendido a los refugios en medio de la noche
no he recorrido los caminos del exilio bajo el vuelo rasante de los avi0nes

pero me he enamorado ya cerca de los sesenta
camaradas en pocas palabras
hoy en Berlín aunque muerto de nostalgia
puedo decir que he vivido como un hombre
pero los años que me quedan por vivir
y las cosas que puedan sucederme
¿quién lo sabe?


Nazim Hikmet


Esta autobiografía fue escrita en Berlín Oriental el 11 de setiembre de 1961


(Últimos poemas 1959-1960-1961. Versión de Fernando García Burillo. Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 2000) - Festival de Poesía de Medellín)



23 de agosto de 2025

Jesús Hilario Tundidor - Epístola a Rafael Alberti

 

EPÍSTOLA A RAFAEL ALBERTI

Desde una tierra donde
España yace como
en siglos arropada injustamente y dormida.
Bajo mi juventud
de potro y hombre
triste, Alberti, amigo, compañero en la orilla
de la esperanza, oh, bajo
mi corazón te nombro
este silencio y esta durísima ceniza
de la patria:
¿Quién puso
la palabra comercio, o sangre, o muerte, unida
a la niñez? ¿Quién hizo
el miedo por las calles,
quién despojo la limpia
ternura de los niños? Porque recuerdo ahora
de qué color la vida
se ponía en la tarde,
cómo calzaba a nuestros sueños, cómo
los crecimientos iban
sin luz. Era terrible.
De repente y sin más, igual que un agua fría
nos cayó la tristeza,
para siempre, varones
acosados sin lágrimas, perdida
la fe, perdida
nuestra generación de larga espera.

Acuso hoy como un hombre que tiene
el pecho en alto y un viento verde atiza
sus espaldas. ¿Qué rasa
atardecida
nos abrirá los puentes del silencio, querrá darnos
la voz, la juventud, el aire
claro y la alegría
humilde? Alberti, Alberti,
si vieras las espigas
de la patria, su cielo
azul, el alcotán, el alma
mísera de Castilla, aún tan hermosa,
pero tan apagada y tan vencida…

Tomando la amistad por tu hombro izquierdo
si estuvieses aquí, te llevaría
una mañana al campo
para que vieras las palomas blancas
y grises y zuritas.
Y te hablaría como a un viejo padre
de las cosas sencillas,
a ver si con hablarte y con oírte
lleno de amor, de sueño y metal puro
en el alfar de España amanecía.

Jesús Hilario Tundidor


Pasiono. Colección de poesía Provincia, León, 1972    



21 de agosto de 2025

Manuel Altolaguirre - Romance de Saturnino Ruiz, obrero impresor

 

ROMANCE DE SATURNINO RUIZ,
OBRERO IMPRESOR


Estoy mirando mis libros,
los míos, los de mi imprenta,
que pasaron por tus manos
hoja a hoja, letra a letra.
Pienso en el taller contigo
antes de empezar la guerra;
pienso en ti, tan cumplidor
delante de la minerva.
Un libro de García Lorca,
con sus primeros poemas,
iba de él a mí, pasando
por el amor de tus prensas.
Si contigo fue impresor,
él conmigo fue poeta,
y los dos habéis llegado
gloriosos a mi presencia:
él, con palma de martirio,
tú, cual héroe en la guerra;
si él hace la causa justa,
tú haces la victoria cierta.
Saturnino Ruiz, valiente,
libertador de tu tierra.

Manuel Altolaguirre





23 de julio de 2025

Juan Gil-Albert - Las labores (Homenaje a Hesíodo)

 

LAS LABORES
(Homenaje a Hesíodo)

No sé porqué la lluvia ha sido siempre
para mí tan balsámica. En verano
abre como un paréntesis, los soles
parecen descansar y el hombre mismo
deja en la tierra azadas y legonas
y se protege arisco mientras mira
por la ventana abierta desplegarse
esa recia cortina de luz blanca
patrimonio del cielo. Un cigarrillo
es entonces, en manos laboriosas,
mientras se lía, enciende, un pasatiempo
sutil, un abandono reflexivo,
un desertar que nadie nos reprende,
y con los ojos claros recogemos
la música, el fragante privilegio
de la estación, el agua, llueve, llueve,
suave y firme a la vez, mientras fumamos,
mientras el pensamiento se hace hondo,
se hace distante, ausente, perdidizo,
y fuera va lloviendo lentamente
y nos aísla más, nos deja absortos:
un ser dueños de todo, un ser nada.

Juan Gil-Albert




7 de julio de 2025

Luis Cernuda - Soliloquio del farero

 

SOLILOQUIO DEL FARERO

Cómo llenarte, soledad,
Sino contigo misma.

De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
Quieto en ángulo oscuro,
Buscaba en ti, encendida guirnalda,
Mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
Y en ti los vislumbraba,
Naturales y exactos, también libres y fieles,
A semejanza mía,
A semejanza tuya, eterna soledad.

Me perdí luego por la tierra injusta
Como quien busca amigos o ignorados amantes;
Diverso con el mundo,
Fui luz serena y anhelo desbocado,
Y en la lluvia sombría o en el sol evidente
Quería una verdad que a ti te traicionase,
Olvidando en mi afán
Cómo las alas fugitivas su propia nube crean.

Y al velarse a mis ojos
Con nubes sobre nubes de otoño desbordado
La luz de aquellos días en ti misma entrevistos,
Te negué por bien poco,
Por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
Por quietas amistades de sillón y de gesto,
Por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
Por los viejos placeres prohibidos,
Como los permitidos nauseabundos,
Útiles solamente para el elegante salón susurrado,
En bocas de mentira y palabras de hielo.

Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
Que yo fui,
Que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
Por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
Limpios de otro deseo,
El sol, mi dios, la noche rumorosa,
La lluvia, intimidad de siempre,
El bosque y su alentar pagano,
El mar, el mar como su nombre hermoso;
Y sobre todos ellos,
Cuerpo oscuro y esbelto,
Te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
Y tú me das fuerza y debilidad
Como el ave cansada los brazos de piedra.
Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
oigo sus oscuras imprecaciones,
contemplo sus blancas caricias;
Y erguido desde cuna vigilante
Soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres.
Por quienes vivo, aun cuando no los vea;
Y así, lejos de ellos,
Ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
Roncas y violentas como el mar, mi morada,
Puras ante la espera de una revolución ardiente
O rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
Cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.

Tú, verdad solitaria,
Transparente pasión, mi soledad de siempre,
Eres inmenso abrazo;
El sol, el mar,
La oscuridad, la estepa,
El hombre y el deseo,
La airada muchedumbre,
¿Qué son sino tú misma?

Por ti, mi soledad, los busqué un día;
En ti, mi soledad, los amo ahora.

Luis Cernuda


Invocaciones a las gracias del mundo (1935), reducido en 1958 en la tercera edición de su poesía completa, La realidad y el deseo, a Invocaciones.



4 de julio de 2025

Jorge Guillén - Muerte a lo lejos

 

MUERTE A LO LEJOS

                     Je soutenais l'éclat de la mort toute pure
                                                                 Valery


Alguna vez me angustia una certeza,
Y ante mí se estremece mi futuro.
Acechándole está de pronto un muro
Del arrabal final en que tropieza

La luz del campo. ¿Mas habrá tristeza
Si la desnuda el sol? No. no hay apuro
Todavía. Lo urgente es el maduro
Fruto. La mano ya le descorteza.

...Y un día entre los días el más triste
Será. Tenderse deberá la mano
Sin afán. Y acatando el inminente

Poder diré sin lágrimas: embiste,
Justa fatalidad. El muro cano
Va a imponerme su ley, no su accidente.

Jorge Guillén


Cántico (1ª ed. 1928)


1 de julio de 2025

Unos aforismos de Juan Ramón Jiménez

 

Actual; es decir, clásico; es decir, eterno.

Busquemos la gran alegría del haber hecho.

Tenerlo todo, pero con esfuerzo.

En el conocerse a uno mismo, cierta distancia.


Juan Ramón Jiménez


(aquí)


17 de junio de 2025

Rafael Alberti - «Se equivocó la paloma»


Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.

Por ir al Norte, fue al Sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.

Creyó que el mar era el cielo;
que la noche, la mañana.
Se equivocaba.

Que las estrellas, rocío;
que la calor, la nevada.
Se equivocaba.

Que tu falda era tu blusa;
que tu corazón, su casa.
Se equivocaba.

(Ella se durmió en la orilla.
Tú, en la cumbre de una rama.)


Rafael Alberti


Entre el clavel y la espada, Losada, Buenos Aires, 1941




3 de junio de 2025

Nazim Hikmet - Mi entierro

 

MI ENTIERRO

¿Mi entierro saldrá de nuestro patio?
¿Cómo vais a bajarme del tercer piso?
El ataúd no cabe en el ascensor
Y las escaleras son demasiado estrechas.

Tal vez el patio esté inundado de sol y haya palomas
Tal vez nieve en medio de los gritos de los niños
Tal vez llueva y esté mojado el asfalto.
Y como siempre los cubos de basura estarán en el patio.

Si como acostumbran aquí me suben al furgón con la cara descubierta
Puede caerme algo de una paloma en la frente: trae suerte.
Venga o no una banda de música habrá niños a mi lado
Los niños siempre sienten curiosidad por los muertos.

La ventana de nuestra cocina me seguirá con la mirada.
Nuestro balcón me acompañará con la ropa tendida.
No podéis saber lo feliz que he sido en este patio.
Vecinos míos a todos os deseo una larga vida...

                                        (Moscú, abril de 1963)


Nazim Hikmet

(Leer aquí "Me acostumbro a envejecer", 12  de enero de 1963)


Nazım Hikmet (Salónica, Imperio otomano, 15 de enero de 1902 - Moscú, 3 de junio de 1963).


(Últimos poemas 1959-1960-1961. Versión de Fernando García Burillo. Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 2000) - Festival de Poesía de Medellín)



23 de mayo de 2025

Luis Cernuda - Góngora

 

GÓNGORA

El andaluz envejecido que tiene gran razón para su orgullo,
El poeta cuya palabra lúcida es como diamante,
Harto de fatigar sus esperanzas por la corte,
Harto de su pobreza noble que le obliga
A no salir de casa cuando el día, sino al atardecer, ya que las sombras,
Más generosas que los hombres, disimulan
En la común tiniebla parda de las calles
La bayeta caduca de su coche y el tafetán delgado de su traje;
Harto de pretender favores de magnates,
Su altivez humillada por el ruego insistente,
Harto de los años tan largos malgastados
En perseguir fortuna lejos de Córdoba la llana y de su muro excelso,
Vuelve al rincón nativo para morir tranquilo y silencioso.
Ya restituye el alma a soledad sin esperar de nadie
Si no es de su conciencia, y menos todavía
De aquel sol invernal de la grandeza
Que no atempera el frío del desdichado,
Y aprende a desearles buen viaje
A príncipes, virreyes, duques altisonantes,
Vulgo luciente no menos estúpido que el otro;
Ya se resigna a ver pasar la vida tal sueño inconsistente
Que el alba desvanece, a amar el rincón solo
Adonde conllevar paciente su pobreza,
Olvidando que tantos menos dignos que él, como la bestia ávida
Toman hasta saciarse la parte mejor de toda cosa,
Dejándole la amarga, el desecho del paria.

Pero en la poesía encontró siempre, no tan sólo hermosura, sino ánimo,
La fuerza del vivir más libre y más soberbio,
Como un neblí que deja el puño duro para buscar las nubes
Traslúcidas de oro allá en el cielo alto.
Ahora al reducto último de su casa y su huerto le alcanzan todavía
Las piedras de los otros, salpicaduras tristes
Del aguachirle caro para las gentes
Que forman el común y como público son arbitro de gloria.
Ni aun esto Dios le perdonó en la hora de su muerte.
Decretado es al fin que Góngora jamás fuera poeta,
Que amó lo oscuro y vanidad tan sólo le dictó sus versos.
Menéndez y Pelayo, el montañés henchido por sus dogmas,
No gustó de él y le condena con fallo inapelable.

Viva pues Góngora, puesto que así los otros
Con desdén le ignoraron, menosprecio
Tras del cual aparece su palabra encendida
Como estrella perdida en lo hondo de la noche,
Como metal insomne en las entrañas de la tierra.
Ventaja grande es que esté ya muerto
Y que de muerto cumpla los tres siglos, que así pueden
Los descendientes mismos de quienes le insultaban
Inclinarse a su nombre, dar premio al erudito,
Sucesor del gusano, royendo su memoria.
Mas él no transigió en la vida ni en la muerte
Y a salvo puso su alma irreductible
Como demonio arisco que ríe entre negruras.

Gracias demos a Dios por la paz de Góngora vencido;
Gracias demos a Dios por la paz de Góngora exaltado;
Gracias demos a Dios, que supo devolverle (como hará con nosotros),
Nulo al fin, ya tranquilo, entre su nada.

Luis Cernuda


Como quien espera el alba [1941 - 1944], en La realidad y el deseo



29 de abril de 2025

Juan Chabás - Palmera

 

Gregorio Prieto - Juan Chabás, (1922-24)


PALMERA

¡Talle nocturno y sombra despeinada!
Clamor de cielo y aire, signo apenas
de una playa de mirtos y sirenas,
espuma el talle y la melena alada.

¡Oh signo y norma de esta tierra anclada!
Esbelta ninfa, viento y mar estrenas,
caracola de lirios y azucenas,
de estrellas y alga verde coronada.

Nada perturba tu desnudo anhelo
ni tuerce la flexible primavera
con que susurras por llegar al cielo.

Erguida y llameante vas ligera
hasta el más alto azul, huyendo al suelo
para decir tu nombre de palmera.

Juan Chabás


(Denia, 1900 - Santiago de Cuba, 1954)







22 de abril de 2025

Dos poemas de Juan Gil-Albert

 

A la vejez

Como una sombra a veces te insinúas
lejos aún y un tiempo deliciosa,
casi como una joven que aportara
un nuevo resplandor. Siento en mi cuerpo
la transparente imagen de ti misma
como un sedoso velo que adormece
bríos y ansias. Vas como hechicera
vertiéndome en la sangre un bebedizo
y dando a mi sonrisa una engañosa
sombra primaveral. Qué importa, dices,
si en tus cabellos anda floreciendo
una pálida aurora y a tu puerta
hago sonar con férvida llamada
al juvenil discípulo extasiado.
¿Alguna vez brotaron de tu boca
tal caudal de estivales melodías
ni sentiste en lo hondo de tu pecho,
entre los borbotones de la sangre,
abrirse con dominio tan hermoso
tu flor crepuscular? Oye el susurro
con que se encrespa el don de la palabra
bajo el suave rocío del ocaso.
Y ante tal persuasión, ¿quién no abandona,
como un placer postrero que nos tienta,
su vida a esta fiel mano amortiguada
que pule cuanto toca?




Anacreonte o el enamorado

                                   (Homenaje a la vejez)


Nunca pude pensar que envejecernos
fuera esta plenitud que se reclina
del lado del poniente como tarde,
ya en la noche avanzada, nos volvemos
por consumir el sueño que nos queda
con postrer frenesí. Yo no sabía
que como rizos blancos la fragancia
de unas rosas postreras nos adornan
con impalpable toque de años idos
que apenas pesan. No, no son los días
aquel desconfiado interrumpirnos
en nuestra actividad, indecisiones
que nos hacen vivir cual si la vida
estuviera engañándonos. Ahora
todo es verdad, la vista se recrea
sobre tanto fastidio insatisfecho
como el pastor vigila sus ovejas,
pasado el crudo sol, en los confines
de un país menos hosco. Todo es suave
como un atardecer ensimismado.
Y aunque el cuerpo cansino no recuerde
sus sobresaltos, dentro, muy adentro,
el permanente joven sin torturas,
el corazón, no cesa de decirse
-a quién, ya no se sabe, a quién, en dónde-:
Amor, amor, amor, amor, amor.