Fotografía de Herr_Mueller - The Good Life #1
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22 de febrero de 2026

Antonio Machado - La muerte del niño herido

 

La muerte del niño herido

Otra vez en la noche... Es el martillo
de la fiebre en las sienes bien vendadas
del niño. —Madre, ¡el pájaro amarillo!
¡Las mariposas negras y moradas!
—Duerme, hijo mío. —Y la manita oprime
la madre, junto al lecho. —¡Oh, flor de fuego!
¿quién ha de helarte, flor de sangre, dime?
Hay en la pobre alcoba olor de espliego;
fuera, la oronda luna que blanquea
cúpula y torre a la ciudad sombría.
Invisible avión moscardonea.
—¿Duermes, oh dulce flor de sangre mía?
El cristal del balcón repiquetea.
—¡Oh, fría, fría, fría, fría, fría!

Antonio Machado







José Agustín Goytisolo - Homenaje en Collioure

 

HOMENAJE EN COLLIOURE 

(En Collioure, el XX aniversario
de la muerte de Machado.)


Aquí, junto a la línea
divisoria, este día
veintidós de febrero,
yo no he venido para
llorar sobre tu muerte,
sino que alzo mi vaso
y brindo por tu claro
camino, y por que siga
tu palabra encendida,
como una estrella, sobre
nosotros ¿nos recuerdas?,
aquellos niños flacos,
tiznados, que jugaban
también a guerras, cuando,
grave y lúcido, ibas,
don Antonio, al encuentro
de esta tierra en que yaces.

José Agustín Goytisolo


Claridad, 1961



Antonio Machado, por Sorolla

 


Antonio Machado, retratado en 1918 por Joaquín Sorolla. Hispanic Society of America (Nueva York). Sorolla se lo regaló a Machado «como un poema personal».

(Wikipedia)


28 de junio de 2025

Julio Llamazares - Paisaje y memoria

 

PAISAJE Y MEMORIA

Antes de la mirada el paisaje sólo era territorio. La frase es de Joan Nogué, geógrafo catalán estudioso del paisaje, a cuya interpretación ha dedicado muchas horas. Para Nogué, como para tantos paisajistas y geógrafos, el paisaje es una construcción social con efectos sobre las personas, pero también un producto de la actividad de éstas. Sin la mirada del hombre el paisaje no existe y sin su intervención tampoco.

He recordado a Nogué estos días a propósito de la polémica que se ha desatado en Soria ante la posibilidad de que el machadiano Cerro de los Moros, que mira al Duero por el que paseó el poeta, se vea transformado por una urbanización que prevé construir 1.200 viviendas justo sobre la perspectiva del río, allí donde San Polo y San Saturio continúan custodiando los árboles añosos que conservan en sus cortezas los corazones y los nombres que inmortalizó Machado (“Estos chopos del río que acompañan/ con el sonido de sus hojas secas/ el son del agua cuando el viento sopla/ tienen en sus cortezas/ grabadas iniciales que son nombres/ de enamorados, cifras que son fechas…”) y frente al romántico monte de las Ánimas en el que Gustavo Adolfo Bécquer, otro poeta andaluz, situó una de sus famosas Leyendas. Suficiente motivo para que los sorianos y muchos otros que no lo son, pero que aman a Machado y la ciudad, hayan alzado sus voces contra lo que a todas luces es un sacrilegio cultural y estético. Técnicamente, el debate se libra en términos legalistas, con un Ayuntamiento obligado a cumplir la decisión tomada por una corporación anterior que declaró urbanizables los terrenos y cuyo incumplimiento sería una ilegalidad (la única posibilidad que el Ayuntamiento de Soria tiene es permutar los terrenos por otros o comprárselos a la promotora, algo imposible para su tesorería), pero emocional y culturalmente trasciende la cuestión legal, como se ha puesto de manifiesto estos días. Un escrito promovido por el Instituto de Estudios Sorianos y firmado por dos centenares de personas ha hecho que la polémica salte las fronteras de Soria para alcanzar a España y al mundo entero. Machado, el gran poeta español del siglo XX junto con Lorca, universalizó la ciudad de Soria y lo que suceda en ella interesa a todo el planeta.

Decía alguien que los paisajes no existen hasta que los colonizan los escritores o los pintores y esa curva de ballesta que el río Duero traza a los pies de Soria es el ejemplo más claro de que es así. La mirada de Antonio Machado compuso ese lugar para nosotros y ya siempre será como él lo cantó en sus versos, impregnado el paisaje de la emoción que a él le produjo y que es ya patrimonio de todos independientemente de su propiedad real. El paisaje es memoria y como tal nos pertenece a todos, y más en el caso de que constituya un patrimonio cultural y estético, como es el de Soria para su suerte.

Hasta el Romanticismo el paisaje era el decorado del teatro de la vida de los hombres, el telón el fondo del escenario que para nada o muy poco influía en la obra, pero hoy ya sabemos que el paisaje es algo más y lo sabemos por personas como Machado, gente que entendió muy pronto que el paisaje es el alma de las personas, el espejo que refleja sus emociones y sus deseos y que los guarda cuando desaparecen.

Julio Llamazares


(El País, 6-2-2021)




1 de abril de 2025

Antonio Machado - La primavera


LA PRIMAVERA

Más fuerte que la guerra —espanto y grima—
cuando con torpe vuelo de avutarda
el ominoso trimotor se encima
y sobre el vano techo se retarda,

hoy tu alegre zalema el campo anima,
tu claro verde el chopo en yemas guarda.
Fundida irá la nieve de la cima
al hielo rojo de la tierra parda.

Mientras retumba el monte, el mar humea,
da la sirena el lúgubre alarido,
y en el azul el avión platea,

¡cuán agudo se filtra hasta mi oído,
niña inmortal, infatigable dea,
el agrio son de tu rabel florido!

Antonio Machado


Poesías de la guerra (1936-1939)


22 de febrero de 2025

Antonio Machado - «Leyendo un claro día...»

 

GALERÍAS

LXI

Introducción

Leyendo un claro día
mis bien amados versos,
he visto en el profundo
espejo de mis sueños

que una verdad divina
temblando está de miedo,
y es una flor que quiere
echar su aroma al viento.

El alma del poeta
se orienta hacia el misterio.
Sólo el poeta puede
mirar lo que está lejos
dentro del alma, en turbio
y mago sol envuelto.

En esas galerías,
sin fondo, del recuerdo,
donde las pobres gentes
colgaron cual trofeo

el traje de una fiesta
apolillado y viejo,
allí el poeta sabe
el laborar eterno
mirar de las doradas
abejas de los sueños.

Poetas, con el alma
atenta al hondo cielo,
en la cruel batalla
o en el tranquilo huerto,

la nueva miel labramos
con los dolores viejos,
la veste blanca y pura
pacientemente hacemos,
y bajo el sol bruñimos
el fuerte arnés de hierro.

El alma que no sueña,
el enemigo espejo,
proyecta nuestra imagen
con un perfil grotesco.

Sentimos una ola
de sangre, en nuestro pecho,
que pasa… y sonreímos,
y a laborar volvemos.

Antonio Machado


Soledades. Galerías. Otros poemas (1907)



 


13 de diciembre de 2024

Antonio Machado - «Pero hablemos del Caos, señores…»

 

Pero hablemos del Caos, señores, que es el tema de la lección de hoy. Mi maestro —habla siempre Mairena a sus alumnos— escribió un poema filosófico a la manera de los viejos Peri Phiseos helénicos, que él llamó Cosmos, y cuyo primer canto, titulado El Caos, era la parte más inteligible de toda la obra. Allí venía a decir, en substancia, que Dios no podía ser el creador del mundo, puesto que el mundo es un aspecto de la misma divinidad; que la verdadera creación divina fue la Nada, como ya había enseñado en otra ocasión. Pero que, no obstante, para aquellos que necesitan una exposición mitológica de las cosas divinas, él había imaginado el Génesis a su manera: «Dios no se tomó el trabajo de hacer nada, porque nada tenía que hacer antes de su creación definitiva. Lo que pasó, sencillamente, fue que Dios vio el Caos, lo encontró bien y dijo: «Te llamaremos Mundo». Esto fue todo.

Antonio Machado


Juan de Mairena (sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo), 1936. Edición, introducción y notas de José María Valverde, Castalia, 1971. Fragmento del capítulo LXVI



5 de noviembre de 2024

Antonio Machado - Los ojos

 

LOS OJOS

I

Cuando murió su amada
pensó en hacerse viejo
en la mansión cerrada,
solo, con su memoria y el espejo
donde ella se miraba un claro día.
Como el oro en el arca del avaro
pensó que guardaría
todo un ayer en el espejo claro.
Ya el tiempo para él no correría.

II

Mas pasado el primer aniversario,
¿cómo eran -preguntó- pardos o negros,
sus ojos? ¿Glaucos?... ¿Grises?
¿Cómo eran, ¡Santo Dios!, que no recuerdo?

III

Salió a la calle un día
de primavera, y paseó en silencio
su doble luto, el corazón cerrado...

De una ventana en el sombrío hueco
vio unos ojos brillar. Bajó los suyos
y siguió su camino... ¡Como ésos!

Antonio Machado


Nuevas canciones (1924)



14 de abril de 2024

Antonio Machado - «El 14 de abril de 1931 en Segovia» / La Voz de España

 

Machado, Marañón, Ortega y Pérez de Ayala


Fue un día profundamente alegre – muchos que ya éramos viejos no recordábamos otro más alegre -, un día maravilloso en que la naturaleza y la historia parecían fundirse para vibrar juntas en el alma de los poetas y en los labios de los niños.

Mi amigo Antonio Ballesteros y yo izamos en el Ayuntamiento la bandera tricolor. Se cantó La Marsellesa; sonaron los compases del Himno de Riego. La Internacional no había sonado todavía. Era muy legítimo nuestro regocijo. La República había venido por sus cabales, de un modo perfecto, como resultado de unas elecciones. Todo un régimen caía sin sangre, para asombro del mundo. Ni siquiera el crimen profético de un loco, que hubiera eliminado a un traidor (habla de Lerroux), turbó la paz en aquellas horas. La República salía de las urnas acabada y perfecta, como Minerva de la cabeza de Júpiter.

Así recuerdo yo el 14 de abril de 1931.

Desde aquel día –no sé si vivido o soñado- hasta el día de hoy, en que vivimos demasiado despiertos y nada soñadores, han transcurrido seis años repletos de realidades que pudieran estar en la memoria de todos. Sobre esos seis años escribirán los historiadores del porvenir muchos miles de páginas, algunas de las cuales, acaso, merecerán leerse. Entre tanto, yo los resumiría con unas pocas palabras.

Unos cuantos hombres honrados, que llegaban al poder sin haberlo deseado, acaso sin haberlo esperado siquiera, pero obedientes a la voluntad progresiva de la nación, tuvieron la insólita y genial ocurrencia de legislar atenidos a normas estrictamente morales, de gobernar en el sentido esencial de la historia, que es del porvenir. Para estos hombres eran sagradas las más justas y legítimas aspiraciones del pueblo; contra ellas no se podía gobernar, porque el satisfacerlas era precisamente la más honda razón de ser de todo gobierno.

Y estos hombres, nada revolucionarios, llenos de respeto, mesura y tolerancia, ni atropellaron ningún derecho ni desertaron de ninguno de sus deberes. Tal fue, a grandes rasgos, la segunda gloriosa República española, que terminó, a mi juicio, con la disolución de las Cortes Constituyentes. Destaquemos este claro nombre representativo: Manuel Azaña.

Antonio Machado

De «El 14 de abril de 1931 en Segovia», La Voz de España


(Aquí)






8 de marzo de 2024

Rodolfo Serrano - Retrato

 

RETRATO

                           A la manera de Don Antonio Machado.
                           Y con todo respeto.


Mi infancia es una escuela con olor a pobreza.
Un cura prometiendo del infierno el rigor.
Un padre derrotado y una madre que reza.
Y ropas heredadas del hermano mayor.

Amé y sufrí de amores como manda la vida.
Gocé cuerpos gloriosos que me dieron las noches
más hermosas. Y supe que en toda despedida
la añoranza es un viento que vence a los reproches.

De mis derrotas guardo la grandeza de haber
apostado al tablero donde el hombre sufría.
No es mejor la victoria si no puedes vencer
el miedo a los fracasos y el paso de los días.

Tengo algún enemigo que no me ha perdonado.
Y al que tampoco nunca yo he pedido perdón.
Siempre busqué en el hombre que camina a mi lado
el soplo que nos una a un mismo corazón.

Y ya no tengo nada que pueda llamar mío.
En mis hijos he puesto mi esperanza y mi futuro.
El pasado es historia y el presente es un río
que me arrastra a la nada, violento y oscuro.

He preferido siempre el calor de la taberna,
el vino del amigo y el verano en enero.
Y si puedo elegir, y aunque nunca sea eterna,
elijo la pasión de los amores fieros.

Sin mérito alguno por mi parte, he tenido
la honradez de los pobres y el orgullo de ser
libre —libre hasta donde me dejaron—. No he sido
más que nadie. Ni tengo nada ya que perder.

Rodolfo Serrano

(Villamanta, Madrid, 1947)


Leído en la revista cosmopoética, Cordoba, 2016



24 de febrero de 2024

Ángeles Mora - Ayer

 

EL AYER

                             Estos días azules y este sol de la infancia         

                                                          Antonio Machado


Estos días azules y este sol de la infancia,
que tan vivos me arañan con la melancolía
de una vieja canción.
Estos días azules, este sol desbordando
las sombras de otro tiempo,
desnudan mis heridas, haciéndolas sangrar.

Pues la mujer que soy sabe que nunca más
volverá aquel inmenso, ancho horizonte
a desplegar su luz.
Pues la mujer que soy
sabe que nunca, nunca, volverá
la fe ciega, la ingenua expectativa
de la niña que añora el porvenir.

Pero a veces ocurre en el recuerdo:
la belleza y la dicha parece que regresan
y lloran de alegría mirándome llegar.
Pero a veces ocurre que me encuentro
besando aquella ardiente rosa de mi pasión.
La vida es desafío, dolor y rabia y lucha.
Sin duda desengaño, también felicidad.

La vida, siempre, siempre,
nos lleva hacia el mañana,
mientras en el bolsillo, con cuidado,
para que no se arrugue,
guardamos el ayer.

Ángeles Mora




22 de febrero de 2024

Antonio Machado - «¿Y ha de morir contigo el mundo mago…?»


¿Y ha de morir contigo el mundo mago
donde guarda el recuerdo
los hálitos más puros de la vida,
la blanca sombra del amor primero,

la voz que fue a tu corazón, la mano
que tú querías retener en sueños,
y todos los amores
que llegaron al alma, al hondo cielo?

¿Y ha de morir contigo el mundo tuyo,
la vieja vida en orden tuyo y nuevo?
¿Los yunques y crisoles de tu alma
trabajan para el polvo y para el viento?

Antonio Machado


Soledades, galerías y otros poemas (1907)



22 de febrero de 2023

Antonio Machado - Coplas mundanas

 

COPLAS MUNDANAS

Poeta ayer, hoy triste y pobre
filósofo trasnochado,
tengo en monedas de cobre
el oro de ayer cambiado.

Sin placer y sin fortuna,
pasó como una quimera
mi juventud, la primera...
la sola, no hay más que una:
la de dentro es la de fuera.

Pasó como un torbellino,
bohemia y aborrascada,
harta de coplas y vino,
mi juventud bien amada.

Y hoy miro a las galerías
del recuerdo, para hacer
aleluyas de elegías
desconsoladas de ayer.

¡Adiós, lágrimas cantoras,
lágrimas que alegremente
brotabais, como en la fuente
las limpias aguas sonoras!

¡Buenas lágrimas vertidas
por un amor juvenil,
cual frescas lluvias caídas
sobre los campos de abril!

No canta ya el ruiseñor
de cierta noche serena;
sanamos del mal de amor
que sabe llorar sin pena.

Poeta ayer, hoy triste y pobre
filósofo trasnochado,
tengo en monedas de cobre
el oro de ayer cambiado.

Antonio Machado



Soledades. Galerías. Otros poemas (1907)




11 de junio de 2022

Raúl Nieto de la Torre - Autorretrato de otro

 

AUTORRETRATO DE OTRO  

Mi infancia son recuerdos de cierta primavera
en casa de mis padres, fútbol, flexo, deberes,
zapatillas con alas para volar a pie.
Mi juventud, un mapa en blanco
donde poder perderme.
Alquimista suspenso, nunca aprendí la fórmula
para elevar al cielo un círculo vacío.
Mi caja de Pandora era una caja china.
Tendí mi ropa del revés
por que no se secase cuando el viento soplara.
Crecí perdiendo paraísos.
Apuntalé la noche en un cuaderno.
Una ventana obtuve por respuesta
cuando cerré la puerta a mis espaldas.
Libros, películas, domingos rotos,
llamadas telefónicas, las sábanas en blanco,
discotecas con música de chicle,
la tristeza fingida para escribir un verso.
Tuve dos perros buenos que no comían gato,
una novia morena, una chupa de cuero,
retales solamente para un autorretrato.

Raúl Nieto de la Torre
(Madrid, 1978)




23 de febrero de 2022

Manuel y Antonio

 

ECOS

                                ¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera!
                                                                     Antonio Machado


¿Qué tiene este verso, madre,
que de ternura me llena,
que no lo puedo decir
sin que el corazón me duela?
"¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera!"

¿Qué tienen, madre, qué tienen
estas palabras que suenan
tan adentro de mi pecho
y tan lejos y tan cerca…?
"¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera!"

¿Qué dicen sin decir nada…?
Sin contar nada, ¿qué cuentan?
De estas palabras sencillas
¿Qué puso Antonio en las letras?
"¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera!"

Cuando en mis labios las tomo
y hasta mis oídos llegan…
¿Por qué lloro sin consuelo?
y por qué lloro sin pena?
"¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera!"

Manuel Machado



ORILLAS DEL DUERO

Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario.
Girando en torno a la torre y al caserón solitario,
ya las golondrinas chillan. Pasaron del blanco invierno,
de nevascas y ventiscas los crudos soplos de infierno.

Es una tibia mañana.
El sol calienta un poquito la pobre tierra soriana.

Pasados los verdes pinos,
casi azules, primavera
se ve brotar en los finos
chopos de la carretera
y del río. El Duero corre, terso y mudo, mansamente.
El campo parece, más que joven, adolescente.

Entre las hierbas alguna humilde flor ha nacido,
azul o blanca. ¡Belleza del campo apenas florido,
y mística primavera!

¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera,
espuma de la montaña
ante la azul lejanía,
sol del día, claro día!
¡Hermosa tierra de España!

Antonio Machado



Antonio Machado - Juan de Mairena

 

-Ah, señores... (Habla Mairena, iniciando un ejercicio de oratoria política.) Continúe usted, señor Rodríguez, desarrollando el tema.
-Ah, señores, no lo dudéis. España, nuestra querida España, merece que sus asuntos se resuelvan favorablemente. ¿Sigo?
-Ya ha dicho usted bastante, señor Rodríguez. Eso es toda una declaración de gobierno, casi un discurso de la corona.

Antonio Machado


Juan de Mairena (sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo) 1936. Edición, introducción y notas de José María Valverde, Castalia, 1971




22 de febrero de 2022

Antonio Machado - Esta luz de Sevilla... + Mi padre

 

[Sonetos, IV]

Esta luz de Sevilla… Es el palacio
donde nací, con su rumor de fuente.
Mi padre, en su despacho. —La alta frente,
la breve mosca, y el bigote lacio—.

Mi padre, aun joven. Lee, escribe, hojea
sus libros y medita. Se levanta;
va hacia la puerta del jardín. Pasea,
A veces habla solo, a veces canta.

Sus grandes ojos de mirar inquieto
ahora vagar parecen, sin objeto
donde puedan posar, en el vacío.

Ya escapan de su ayer a su mañana;
ya miran en el tiempo, ¡padre mío!,
piadosamente mi cabeza cana.




EN EL TIEMPO

1882 - 1890 - 1892

MI PADRE

Ya casi tengo un retrato
de mi buen padre, en el tiempo,
pero el tiempo se lo va llevando.

Mi padre, cazador, – en la ribera
de Guadalquivir ¡en un día tan claro! –
– es el cañón azul de su escopeta
y del tiro certero el humo blanco!

Mi padre en el jardín de nuestra casa,
mi padre, entre sus libros, trabajando.

Los ojos grandes, la alta frente,
el rostro enjuto, los bigotes lacios.
Mi padre escribe (letra diminuta-)
medita, sueña, sufre, habla alto.

Pasea – oh padre mío ¡todavía
estás ahí, el tiempo no te ha borrado!
Ya soy más viejo que eras tú, padre mío, cuando me besabas.
Pero en el recuerdo, soy también el niño que tú llevabas de la mano.
Muchos años pasaron sin que yo te recordara, padre mío!
¿Dónde estabas tú en esos años?”

                                   13 marzo 1916


Antonio Machado, Nuevas canciones (1917-1930)




Juan Ramón Jiménez - Antonio Machado

 

ANTONIO MACHADO

Antonio Machado se dejó desde niño la muerte, lo muerto, podre y quemasdá por todos los rincones de su alma y su cuerpo. Tuvo siempre tanto de muerto como de vivo, mitades fundidas en él por arte sencillo. Cuando me lo encontraba por la mañana temprano, me creía que acababa de levantarse de la fosa. Olía, desde muy lejos, a metamorfosis. La gusanera no le molestaba, le era buenamente familiar. Yo creo que sentía más asco de la carne tersa que de la huesuda carroña, y que las mariposas del aire libre le parecían casi de tan encantadora sensualidad como las moscas de la casa, la tumba y el tren,

inevitables golosas. 

Poeta de la muerte, y pensado, sentido, preparado hora tras hora para lo muerto, no he conocido otro que como él haya equilibrado estos niveles iguales de altos o bajos, según y cómo; que haya salvado, viviendo muriendo, la distancia de las dos únicas existencias conocidas, paradójicamente opuestas; tan unidas aunque los otros hombres nos empeñemos en separarlas, oponerlas y pelearlas. Toda nuestra vida suele consistir en temer a la muerte y alejarla de nosotros, o mejor, alejarnos nosotros de ella. Antonio Machado la comprendía en sí, se cedía a ella en gran parte. Acaso él fue, más que un nacido, un resucitado. Lo prueba quizás, entre otras cosas, su madura filosofía juvenil. Y dueño del secreto de la resurrección, resucitaba cada día ante los que lo vimos esta vez, por natural milagro poético, para mirar su otra vida, esta vida nuestra que él se reservaba en parte también. A veces pasaba la noche en su casa ciudadana de alquiler, familia o posada. Dormir, al fin y al cabo, es morir, y de noche todos nos tendemos para morir lo que se deba. No quería ser reconocido, por sí o por no, y por eso andaba siempre amortajado, cuando venía de viaje, por los trasmuros, los pasadizos, los callejones, las galerías, las escaleras de vuelta, y, a veces, si se retardaba con el mar tormentoso, los espejos de la estación, los faros abandonados, tumbas en pie.

Visto desde nosotros, observado a nuestra luz medio falsa, era corpulento, un corpachón naturalmente terroso, algo de grueso tocón acabado de sacar; y vestía su tamaño con unos ropones negros, ocres y pardos, que se correspondían a su manera estravagante de muerto vivo, saqué nuevo quizás, comprado de prisa por los toledos, pantalón perdido y abrigo de dos fríos, deshecho todo, equivocado en apariencia; y se cubría con un chapeo de alas desflecadas y caídas, de una época cualquiera, que la muerte vida equilibra modas y épocas. En vez de pasadores de bisutería llevaba en los puños del camisón unas cuerdecitas como larvas, y a la cintura, por correa, una cuerda de esparto, como un ermitaño de su clase. ¿Botones? ¿Para qué? Costumbres todas lójicas de tronco afincado ya en cementerio.

Cuando murió en Soria de Arriba su amor único, que tan bien comprendió su función trascendental de paloma de linde, tuvo su idilio en su lado de la muerte. Desde entonces, dueño ya de todas las razones y circunstancias, puso su casa de novio, viudo para fuera, en la tumba, secreto palomar; y ya sólo venía a este mundo de nuestras provincias a algo muy urjente, el editor, la imprenta, la librería, una firma necesaria... La guerra, la terrible guerra española de tres siglos. «Entonces» abandonó toda su muerte y sus muertos más íntimos y se quedó una temporada eterna en la vida jeneral, por morir otra vez, como los mejores otros, por morir mejor que los otros, que nosotros los más apegados al lado de la existencia que tenemos acotado como vida. Y no hubiera sido posible una última muerte mejor para su estraña vida terrena española, tan mejor, que ya Antonio Machado, vivo para siempre en presencia invisible, no resucitará más en jenio y figura. Murió del todo en figura, humilde, miserable, colectivamente, res mayor de un rebaño humano perseguido, echado de España, donde tenía todo él, como Antonio Machado, sus palomares, sus majadas de amor, por la puerta falsa. Pasó así los montes altos de la frontera helada, porque sus mejores amigos, los más pobres y más dignos, los pasaron así. Y si sigue bajo tierra con los enterrados allende su amor, es por gusto de estar con ellos, porque yo estoy seguro de que él, conocedor de los vericuetos estrechos de la muerte, ha podido pesar a España por el cielo de debajo de tierra.

Toda esta noche de luna alta, luna que viene de España y trae a España con sus montes y su Antonio Machado reflejados en su espejo melancólico, luna de triste diamante azul y verde en la palmera de rozona felpa morada de mi puertecilla de desterrado verdadero, he tenido en mi fondo de despierto dormido el romance «Iris de la noche», uno de los más hondos de Antonio Machado y uno de los más bellos que he leído en mi vida:

Y Tú, Señor, por quien todos 
vemos y que ves las almas, 
dinos si todos un día 
hemos de verte la cara. 

En la eternidad de esta mala guerra de España, que tuvo comunicada a España de modo grande y terrible con la otra eternidad, Antonio Machado, con Miguel de Unamuno, y Federico García Lorca, tan vivos de la muerte los tres, cada uno a su manera, se han ido, de diversa manera lamentable y hermosa también, a mirarle a Dios la cara. Grande de ver sería cómo da la cara de Dios, sol o luna principales, en las caras de los tres caídos, más afortunados quizás que los otros, y cómo ellos le están viendo la cara a Dios.

Juan Ramón Jiménez


Españoles de tres mundos, Aguilar, 1969 [1ª ed. en Buenos Aires, 1942]



Antonio Machado (Sevilla, 26 de julio de 1875 - Colliure, Francia, 22 de febrero de 1939)






5 de enero de 2022

Antonio Machado - Simpatías

 

SIMPATÍAS

                        Candidior postquam tondenti barba cadebat.
                                                               Virgilio. Égloga I

¿Cúya es esta frente? ¿Cúyo  
este mentón azulado?
¿Cúyo esta boca sumida,
y estos ojos fatigados
de la letra diminuta
y de los montes lejanos?
Siempre mira el hombre al hombre
con piedad de su retrato.

                     Madrid, junio de 1922

Antonio Machado


Nuevas Canciones (1917-1930)



10 de noviembre de 2021

Rosa Berbel - Nunca, nada, nadie

 

NUNCA, NADA, NADIE*

Me pregunto con cuánta de esta gente
volveremos a estar o cuál será su nombre
si tendrán esta misma rabia
por las malas jugadas de la vida
o esta felicidad momentánea
y dorada
que atraviesa los parques y las manos
si este espacio que ahora compartimos
será mañana otro si mañana seremos
quizá otros y nos conoceremos desde cero
y no recordaremos el momento
en que pisamos juntos estas plazas
la canción que sonaba en aquel saxo
aquel niño perdido que lloraba en el suelo
o la belleza fugaz
de los semáforos
en los que todo el mundo se besaba.

Rosa Berbel

(Estepa, 1997)



                                 *Nunca, nada, nadie. Tres palabras terribles, sobre todo la última.
                                                                                                Antonio Machado

En la antología poética Supernova, 2016


* * *



La cita completa de Machado, en Juan de Mairena, es ésta:


Nunca, nada, nadie. Tres palabras terribles; sobre todo la última. (Nadie es la personificación de la nada). El hombre, sin embargo, se encara con ellas y acaba perdiéndoles el miedo… ¡Don Nadie! ¡Don José María Nadie! ¡El excelentísimo señor Don Nadie! Conviene que os habituéis –habla Mairena a sus discípulos– a pensar en él y a imaginarlo. Como ejercicio poético no se me ocurre nada mejor. Hasta mañana.