Ego
Mi madre teñía túnicas al lado de las termas
mi padre juró: “con el escudo o sobre él”, y volvió
sobre el escudo.
Nací en una pobreza suave
donde no sobró nunca una golosina
ni faltaba un plato de legumbres de estación.
El país que recibí estaba roto
sembrado con la sal del enemigo.
Carecí con la fe de que era salvable
y mi generación trajo tierra fértil de ultramar.
Ahora estoy cansado
para Cruzadas oceánicas
y mis hermanos prefieren no cargar la tierra
sino habitarla.
Me faltaron esos extremos que te facilitan ser feliz
o ser genial
y sin embrago me obstino en poetizar estas vivencias
cuando el molino no muele
ni los lobos intentan mutilar el rebaño.
Por qué los sueños
por qué el insomnio
por qué los versos que niego haber escrito
mientras el Señor me exige abanicar su palanquín de nubes.
Yo
yo no necesito arcilla ni estilete
otro será el dueño de estas manos.
Yerandy Pérez Aguilar
(Pinar del Río, Cuba, 1990)