Fotografía de Herr_Mueller - The Good Life #1
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23 de julio de 2025

Juan Gil-Albert - Las labores (Homenaje a Hesíodo)

 

LAS LABORES
(Homenaje a Hesíodo)

No sé porqué la lluvia ha sido siempre
para mí tan balsámica. En verano
abre como un paréntesis, los soles
parecen descansar y el hombre mismo
deja en la tierra azadas y legonas
y se protege arisco mientras mira
por la ventana abierta desplegarse
esa recia cortina de luz blanca
patrimonio del cielo. Un cigarrillo
es entonces, en manos laboriosas,
mientras se lía, enciende, un pasatiempo
sutil, un abandono reflexivo,
un desertar que nadie nos reprende,
y con los ojos claros recogemos
la música, el fragante privilegio
de la estación, el agua, llueve, llueve,
suave y firme a la vez, mientras fumamos,
mientras el pensamiento se hace hondo,
se hace distante, ausente, perdidizo,
y fuera va lloviendo lentamente
y nos aísla más, nos deja absortos:
un ser dueños de todo, un ser nada.

Juan Gil-Albert




22 de abril de 2025

Dos poemas de Juan Gil-Albert

 

A la vejez

Como una sombra a veces te insinúas
lejos aún y un tiempo deliciosa,
casi como una joven que aportara
un nuevo resplandor. Siento en mi cuerpo
la transparente imagen de ti misma
como un sedoso velo que adormece
bríos y ansias. Vas como hechicera
vertiéndome en la sangre un bebedizo
y dando a mi sonrisa una engañosa
sombra primaveral. Qué importa, dices,
si en tus cabellos anda floreciendo
una pálida aurora y a tu puerta
hago sonar con férvida llamada
al juvenil discípulo extasiado.
¿Alguna vez brotaron de tu boca
tal caudal de estivales melodías
ni sentiste en lo hondo de tu pecho,
entre los borbotones de la sangre,
abrirse con dominio tan hermoso
tu flor crepuscular? Oye el susurro
con que se encrespa el don de la palabra
bajo el suave rocío del ocaso.
Y ante tal persuasión, ¿quién no abandona,
como un placer postrero que nos tienta,
su vida a esta fiel mano amortiguada
que pule cuanto toca?




Anacreonte o el enamorado

                                   (Homenaje a la vejez)


Nunca pude pensar que envejecernos
fuera esta plenitud que se reclina
del lado del poniente como tarde,
ya en la noche avanzada, nos volvemos
por consumir el sueño que nos queda
con postrer frenesí. Yo no sabía
que como rizos blancos la fragancia
de unas rosas postreras nos adornan
con impalpable toque de años idos
que apenas pesan. No, no son los días
aquel desconfiado interrumpirnos
en nuestra actividad, indecisiones
que nos hacen vivir cual si la vida
estuviera engañándonos. Ahora
todo es verdad, la vista se recrea
sobre tanto fastidio insatisfecho
como el pastor vigila sus ovejas,
pasado el crudo sol, en los confines
de un país menos hosco. Todo es suave
como un atardecer ensimismado.
Y aunque el cuerpo cansino no recuerde
sus sobresaltos, dentro, muy adentro,
el permanente joven sin torturas,
el corazón, no cesa de decirse
-a quién, ya no se sabe, a quién, en dónde-:
Amor, amor, amor, amor, amor.



20 de junio de 2024

Juan Gil-Albert - «Dios mío qué vorágine del tiempo…»

 

Dios mío qué vorágine del tiempo
que no poder hacer lo que se quiere,
cada mañana vuela, cada día
pasa como piedra dirigida
hacia un punto lejano, cada noche
como una exhalación, un toque negro.
Y uno hilvanando siempre las distancias
de su vida que corre presurosa
sin detenerse, un sueño, un curso oscuro
que no nos deja nuestro un solo instante
donde plantar ligera como la espuma
la sensación mortal de estar viviendo 

Juan Gil-Albert