Fotografía de Herr_Mueller - The Good Life #1
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29 de abril de 2026

Rafael Alberti - Campo de batalla

 

CAMPO DE BATALLA

Nace en las ingles un calor callado,
como un rumor de espuma silencioso.
Su dura mimbre el tulipán precioso
dobla sin agua, vivo y agotado.

Crece en la sangre un desasosegado,
urgente pensamiento belicoso.
La exhausta flor perdida en su reposo
rompe su sueño en la raíz mojado.

Salta la tierra y de su entraña pierde
savia, veneno y alameda verde.
Palpita, cruje, azota, empuja, estalla.

La vida hiende vida en plena vida.
Y aunque la muerte gane la partida,
todo es un campo alegre de batalla.

Rafael Alberti


7 de diciembre de 2025

Rafael Alberti - A la divina proporción

 

A LA DIVINA PROPORCION

A ti, maravillosa disciplina,
media, extrema razón de la hermosura
que claramente acata la clausura
viva en la malla de tu ley divina.

A ti, cárcel feliz de la retina,
áurea sección, celeste cuadratura,
misteriosa fontana de mesura
que el Universo armónico origina.

A ti, mar de los sueños angulares,
flor de las cinco formas regulares,
dodecaedro azul, arco sonoro.

Luces por alas un compás ardiente.
Tu canto es una esfera transparente.
A ti, divina proporción de oro.

Rafael Alberti





V. Manuel Rivas - «A Sección Áurea»



27 de noviembre de 2025

Rafael Alberti - Amaranta

 


AMARANTA

                              …calzó de viento...
                                        Góngora


Rubios, pulidos senos de Amaranta,
por una lengua de lebrel limados
pórticos de limones desviados
por el canal que asciende a tu garganta.

Rojo, un puente de rizos se adelanta
e incendia tus marfiles ondulados.
Muerde, heridor, tus dientes desangrados,
y corvo, en vilo, al viento te levanta.

La soledad, dormida en la espesura
calza su pie de céfiro y desciende
del olmo alto al mar de la llanura.

Su cuerpo en sombra, oscuro, se le enciende,
y gladiadora, como un ascua impura
entre Amaranta y su amador se tiende.


Rafael Alberti


Cal y canto (1929)



23 de agosto de 2025

Jesús Hilario Tundidor - Epístola a Rafael Alberti

 

EPÍSTOLA A RAFAEL ALBERTI

Desde una tierra donde
España yace como
en siglos arropada injustamente y dormida.
Bajo mi juventud
de potro y hombre
triste, Alberti, amigo, compañero en la orilla
de la esperanza, oh, bajo
mi corazón te nombro
este silencio y esta durísima ceniza
de la patria:
¿Quién puso
la palabra comercio, o sangre, o muerte, unida
a la niñez? ¿Quién hizo
el miedo por las calles,
quién despojo la limpia
ternura de los niños? Porque recuerdo ahora
de qué color la vida
se ponía en la tarde,
cómo calzaba a nuestros sueños, cómo
los crecimientos iban
sin luz. Era terrible.
De repente y sin más, igual que un agua fría
nos cayó la tristeza,
para siempre, varones
acosados sin lágrimas, perdida
la fe, perdida
nuestra generación de larga espera.

Acuso hoy como un hombre que tiene
el pecho en alto y un viento verde atiza
sus espaldas. ¿Qué rasa
atardecida
nos abrirá los puentes del silencio, querrá darnos
la voz, la juventud, el aire
claro y la alegría
humilde? Alberti, Alberti,
si vieras las espigas
de la patria, su cielo
azul, el alcotán, el alma
mísera de Castilla, aún tan hermosa,
pero tan apagada y tan vencida…

Tomando la amistad por tu hombro izquierdo
si estuvieses aquí, te llevaría
una mañana al campo
para que vieras las palomas blancas
y grises y zuritas.
Y te hablaría como a un viejo padre
de las cosas sencillas,
a ver si con hablarte y con oírte
lleno de amor, de sueño y metal puro
en el alfar de España amanecía.

Jesús Hilario Tundidor


Pasiono. Colección de poesía Provincia, León, 1972    



17 de junio de 2025

Rafael Alberti - «Se equivocó la paloma»


Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.

Por ir al Norte, fue al Sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.

Creyó que el mar era el cielo;
que la noche, la mañana.
Se equivocaba.

Que las estrellas, rocío;
que la calor, la nevada.
Se equivocaba.

Que tu falda era tu blusa;
que tu corazón, su casa.
Se equivocaba.

(Ella se durmió en la orilla.
Tú, en la cumbre de una rama.)


Rafael Alberti


Entre el clavel y la espada, Losada, Buenos Aires, 1941




5 de agosto de 2024

«…Que me matarás»

 

Anémona encantada

Anémona encantada
enamorada.
Orquídea despeinada
enamorada.
Flor abierta o cerrada
enamorada.

No me las enseñes más,
que me matarás.

Rafael Alberti


*************


No me las enseñes más...

… que me matarás.
Y eso que no eres monja, vida mía,
ni vives en un triste monasterio,
y no las tienes blancas, de “so el velo
negro”, sino morenas, con el bronce
más exquisitamente conseguido
que he visto nunca, bajo el bañador
más pequeño del mundo, renunciando
a su precaria protección. No insistas
en enseñármelas, corazón mío,
más,
que me matarás.

Luis Alberto de Cuenca 


**************


La fuente:


No me las enseñes más,
que me matarás.
No me las enseñes más,
que me matarás.

Estábase la monja
en el monesterio,
sus teticas blancas
de so el velo negro.
No me las enseñes más,
que me matarás.

Anónimo / Diego Sánchez de Badajoz

(Siglo XV)



3 de noviembre de 2021

Rafael Alberti - El otoño y el Ebro

 

EL OTOÑO Y EL EBRO

El otoño, otra vez. Sigue la guerra, fría,
insensible al periódico descenso de las hojas.
Como el hombre del Ebro bajo la artillería,
los despoblados troncos junto a las aguas rojas.

Resistencia del árbol, tan dura, tan humana
como la del soldado que entre los vendavales
de la muerte nocturna ve crecer la mañana,
florida nuevamente de ramos inmortales.

Miro las hojas, miro cuán provisionalmente
se desnuda la tierra del bosque más querido
y de qué modo el hombre de esta España se siente,
como los troncos, firme, ya desnudo o vestido.

El otoño otra vez. Luego el invierno. Sea.
Caiga el traje del árbol, el sol no nos recuerde.
Pero como los troncos, el hombre en la pelea,
seco, amarillo, frío, mas por debajo, verde.

                                                 (1938)


 Rafael Alberti