La suerte de los poetas fuera de su país depende de los traductores.
Wisława Szymborska
La suerte de los poetas fuera de su país depende de los traductores.
Wisława Szymborska
MOMENTO EN TROYA
Pequeñas chiquillas
flacas y sin fe
en que las pecas desaparezcan de sus mejillas,
que no atraen la atención de nadie,
caminando sobre los párpados del mundo,
parecidas a papá o a mamá,
y sinceramente espantadas por ello,
a la hora de la comida,
a la hora de la lectura,
cuando están frente al espejo,
en ocasiones son raptadas y llevadas a Troya.
En los grandes guardarropas de un-abrir-y-cerrar-de-ojos
se transforman en hermosas Helenas.
Suben por escaleras reales
entre susurros de admiración y de largas colas.
Se sienten ligeras. Saben que
la hermosura es descanso,
que el habla toma el sentido de la boca
y los gestos se esculpen solos
en una negligencia inspirada.
Sus caritas,
que bien valen la expulsión de los embajadores griegos,
se alzan con orgullo sobre los cuellos
dignos de ser sitiados.
Los morenazos de las películas,
los hermanos de sus amigas,
el maestro de dibujo,
ay, todos morirán.
Las pequeñas chiquillas
desde la torre de la sonrisa
contemplan la catástrofe.
Las pequeñas chiquillas,
se encogen de hombros
en un embriagador rito de hipocresía.
Pequeñas chiquillas,
sobre un fondo de devastación
con una diadema de ciudad en llamas
con aretes de lamento universal en los oídos.
Pálidas y sin una lágrima.
Saciadas con el espectáculo. Triunfales.
Tristes sólo por el hecho
de que hay que regresar.
Pequeñas chiquillas,
que regresan.
Wisława Szymborska
Sal (1962)
Traducción de Abel Murcia
CHARCO
Recuerdo muy bien ese miedo infantil.
Evitaba los charcos tras la lluvia,
sobre todo los recientes.
Alguno podría no tener fondo,
aunque se pareciera a los otros.
Me meto y de pronto me caigo toda,
comienzo a volar hacia abajo,
y más y más abajo,
en dirección a las nubes reflejadas
y a lo mejor más allá.
Luego se seca el charco,
se cierra sobre mí,
y yo atrapada para siempre —dónde—
en un grito que no sale al aire.
Solamente después llegó el entendimiento:
no todos los accidentes
siguen las reglas del mundo,
y aun si lo quisieran,
no pueden suceder.
Wisława Szymborska
(Trad. Gerardo Beltrán)
Instante, 2002. Traducción y epílogo de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano. Ediciones Igitur, 4ª ed. 2004. (edición original: 2002)
LA VIDA BREVE DE NUESTROS ANTEPASADOS
Pocos llegaban a los treinta.
La vejez era privilegio de árboles y piedras.
La infancia apenas duraba lo que un lobo es cachorro.
Forzoso era apresurarse para llegar con vida
a la puesta de sol,
a las primeras nieves.
Parturientas de trece años,
buscadores de nidos entre juncales a los cuatro,
a los veinte encabezaban cacerías –
hace poco que no estaban y ya no están.
Los extremos del infinito se unían rápidamente.
Las brujas masticaban conjuros
con todos sus dientes de juventud.
El hijo se hacía hombre bajo la mirada del padre.
Los ojos velados del abuelo veían nacer al nieto.
Cierto, jamás contaban años cumplidos.
Contaban redes, ollas, chozas y hachas.
El tiempo, tan generoso con cualquier estrella en el cielo,
les tendía, a ellos, una mano casi vacía
y la retiraba rápidamente, como arrepentido.
Un paso más, otros dos
a lo largo del reluciente río
que surge de la oscuridad y en la oscuridad desaparece.
No había ni un momento que perder,
no podían dejar preguntas para mañana,
ni tener revelaciones tardías, sólo tempranas.
La sabiduría no podía esperar las canas,
tenía que ver claro antes de que hubiera claridad,
y oír voces antes de que sonaran.
El bien y el mal –
poco sabían de eso, pero todo:
cuando el mal triunfa, se esconde el bien;
cuando el bien se manifiesta, el mal aguarda al acecho.
Uno y otro invencibles,
imposibles de ser apartados a una distancia sin retorno.
Por eso, no hay alegría sin una sombra de temor,
y no hay desaliento sin un atisbo de esperanza.
La vida, por larga que sea, siempre será muy breve.
Demasiado breve para añadir algo.
Wisława Szymborska
De Fin y principio (1993), en Paisaje con grano de arena. Traducción de Ana María Moix y Jerzy Wojciech Sławomirski. Lumen, 3ª ed. 2011
ELOGIO DE LOS SUEÑOS
En el sueño
pinto como Vermeer van Delf.
Hablo el griego con soltura
y no sólo con los que están vivos.
Conduzco el coche,
que me obedece.
Tengo talento
escribo grandes poemas.
Escucho voces
casi como los graves santos.
Se asombrarían
lo bien que toco el piano.
Vuelo, tal como debería hacerse,
es decir, por mí misma.
Cayendo del techo
sé caer suavemente en lo verde.
No me resulta difícil
respirar bajo el agua.
No me quejo;
logré descubrir la Atlántida.
Me alegra poder despertarme
siempre antes de la muerte.
Apenas estalla la guerra
me doy vuelta al otro lado.
Soy, aunque no lo necesito,
hija de la época.
Hace un par de años
vidos soles.
Y antes de ayer un pingüino
totalmente nítido.
Wisława Szymborska
Traducción de Abel Murcia. Poesía no completa, con edición y traducción de Gerardo Beltrán y Abel Murcia, Fondo de Cultura Económica, 2021. Publicado en Si acaso, 1972.
EL ODIO
Ved cuán activo está
y qué bien se conserva
el odio en nuestro siglo.
Con qué ligereza salva obstáculos,
y qué fácil le resulta saltar sobre su presa.
No es como los otros sentimientos.
Más viejo y, a la vez, más joven.
Por sí mismo genera la causa
de su despertar a la vida.
Duerme a veces, pero jamás con un sueño eterno.
Y el insomnio no le resta fuerzas, se las da.
Buenas son las religiones,
con tal de estar en la línea de salida.
Buenas son las patrias,
con tal de lanzarse a la carrera.
Al principio, incluso la justicia funciona.
Después correrá solo.
El odio. El odio.
La faz se le retuerce en una mueca
de amoroso éxtasis.
¡Qué anemia y apatía
la de los otros sentimientos!
¿Desde cuándo la fraternidad
arrastra multitudes?
¿Ha llegado alguna vez la compasión
primera a la meta?
¿A cuántos voluntarios seduce la duda?
El odio sí seduce, ¡y cómo!, es perro viejo.
Avispado, listo, trabajador.
¡Cuántos cantares ha compuesto!
¡Cuántas páginas de la historia ha numerado!
¡Cuántas alfombras humanas ha desplegado,
en cuántas plazas, en cuántos estadios!
No nos engañemos:
sabe crear belleza.
Espléndidos son sus incendios en la negra noche.
Soberbias las humaredas de sus explosiones al alba.
Imposible negar el patetismo de sus ruinas
ni el humor chabacano
de la única columna que queda en pie.
Es maestro del contraste
entre silencio y estruendo,
entre sangre roja y nieve blanca.
Y nunca jamás se cansa
del leitmotiv del verdugo pulcro
sobre la inmunda víctima.
Siempre dispuesto a nuevas tareas.
Si es necesario esperar, espera.
Dicen que es ciego. ¿Ciego?
Tiene los ojos de lince del francotirador
y mira el futuro con denuedo.
Él, sólo él.
Wisława Szymborska
De Fin y principio (1993), en Paisaje con grano de arena. Traducción de Ana María Moix y Jerzy Wojciech Sławomirski. Lumen, 3ª ed. 2011
A ALGUNOS LES GUSTA LA POESÍA
A algunos,
es decir, no a todos.
Ni siquiera a los más, sino a los menos.
Sin contar las escuelas, donde es obligatoria,
y a los mismos poetas,
serán dos de cada mil personas.
Les gusta,
como también les gusta la sopa de fideos,
como les gustan los cumplidos y el color azul,
como les gusta la vieja bufanda,
como les gusta salirse con la suya,
como les gusta acariciar al perro.
La poesía,
pero qué es la poesía.
Más de una insegura respuesta
se ha dado a esta pregunta.
y yo no sé, y sigo sin saber, y a esto me aferro
como a un oportuno pasamanos.
Wisława Szymborska
Traduccion de Gerardo Beltrán, David A. Carrión Sánchez y Abel A. Murcia Soriano en El gran número Fin y principio y otros poemas (Wisława Szymborska), poesía Hiperión, 4ª ed. 2008 (1ª ed. 1997)
CÁLCULO ELEGIACO
Cuántos de los que he conocido
(si de verdad los he conocido)
hombres, mujeres
(si esta división sigue vigente),
han atravesado este umbral
(si esto es un umbral),
han cruzado este puente
(si se puede llamar puente).
Cuántos después de una vida más corta o más larga
(si para ellos en eso sigue habiendo alguna diferencia),
buena porque ha empezado,
mala porque ha acabado
(si no prefirieran decirlo al revés),
se han encontrado en la otra orilla
(si se han encontrado
y si la otra orilla existe).
No me es dado saber
cuál fue su destino
(ni siquiera si se trata de un solo destino,
y si es todavía destino).
Todo
(si con esta palabra no lo delimito)
ha terminado para ellos
(si no lo tienen por delante).
Cuántos han saltado del tiempo en marcha
y se pierden a lo lejos con una nostalgia cada vez
mayor.
(si merece la pena creer en perspectivas).
Cuántos
(si la pregunta tiene algún sentido,
si se puede llegar a la suma final
antes de que el que cuenta se cuente a sí mismo)
han caído en el más profundo de los sueños
(si no hay otro más profundo).
Hasta la vista.
Hasta mañana.
Hasta la próxima.
Ya no quieren
(si es que no quieren) repetirlo.
Condenados a un interminable
(si no es otro) silencio.
Ocupados sólo con aquello
(si es sólo con aquello)
a lo que los obliga la ausencia.
Wisława Szymborska
Traducción de Abel A. Murcia Soriano en El gran número - Fin y principio y otros poemas (Wisława Szymborska) poesía Hiperión, 4ª ed. 2008 (1ª ed. 1997)
SI ACASO
Podría ocurrir.
Tenía que ocurrir.
Ocurrió antes. Después.
Más cerca. Más lejos.
Ocurrió; no a ti.
Te salvaste porque fuiste el primero.
Te salvaste porque fuiste el último.
Porque estabas solo. Porque la gente.
Porque a la izquierda. Porque a la derecha.
Porque llovía. Porque había sombra.
Porque hacía sol.
Por fortuna había allí un bosque.
Por fortuna no había árboles.
Por fortuna una vía, un gancho, una viga, un freno,
un marco, una curva, un milímetro, un segundo.
Por fortuna una cuchilla nadaba en el agua.
Debido a, ya que, y en cambio, a pesar de.
Qué hubiera ocurrido si la mano, el pie,
a un paso, por un pelo,
por casualidad.
¿Ah, estás? ¿Directamente de un momento todavía
entreabierto?
¿La red tenía un solo punto, y tú a través de ese punto?
No dejo de asombrarme, de quedarme sin habla.
Escucha
cuán rápido me late tu corazón.
Wisława Szymborska
(traducción de Abel Murcia)
A MI CORAZÓN EL DOMINGO
Gracias te doy, corazón mío,
por no quejarte, por ir y venir
sin premios, sin halagos,
por diligencia innata.
Tienes setenta merecimientos por minuto.
Cada una de tus sístoles
es como empujar una barca
hacia alta mar
en un viaje alrededor del mundo.
Gracias te doy, corazón mío,
porque una y otra vez
me extraes del todo,
y sigo separada hasta en el sueño.
Cuidas de que no me sueñe al vuelo,
y hasta el extremo de un vuelo
para el que no se necesitan alas.
Gracias te doy, corazón mío,
por haberme despertado de nuevo,
y aunque es domingo,
día de descanso,
bajo mis costillas
continúa el movimiento de un día laboral.
Wislawa Szymborska
Versión de Gerardo Beltrán
NADA DOS VECES
Nada sucede dos veces
ni va a suceder, por eso
sin experiencia nacemos,
sin rutina moriremos.
En esta escuela del mundo
ni siendo malos alumnos
repetiremos un año,
un invierno, un verano.
No es el mismo ningún día,
no hay dos noches parecidas,
igual mirada en los ojos,
dos besos que se repitan.
Ayer mientras que tu nombre
en voz alta pronunciaban
sentí como si una rosa
cayera por la ventana.
Ahora que estamos juntos,
vuelvo la cara hacia el muro.
¿Rosa? ¿Cómo es la rosa?
¿Como una flor o una piedra?
Dime por qué, mala hora,
con miedo inútil te mezclas.
Eres y por eso pasas.
Pasas, por eso eres bella.
Medio abrazados, sonrientes,
buscaremos la cordura,
aun siendo tan diferentes
cual dos gotas de agua pura.
Wisława Szymborska
De su libro Llamada al Yeti (1957), in El gran número. Fin y principio y otros poemas. Varios traductores. La de este poema es de Gerardo Beltran. Ediciones Hiperión, Cuarta edición, 2008.