Las palabras que se pierden. ¿Dónde la habré puesto? ¿En qué cajón, en qué encimera, en qué casa, en qué año? Para encontrar la palabra perdida tuve que buscar en un cajón la palabra «encimera» y entonces recuperé la casa y el año, pero no la palabra, que llegó luego. La palabra cuya ausencia te vuelve de madrugada, y te empuja a levantarte como las ganas de orinar. Las palabras que se buscan chasqueando los dedos, como si llamaras a un perro, a aquel perro que quizás no volverá.
Marcos Ordóñez
Una cierta edad, Anagrama, 2019