Dulce enemiga
Que llevas al hombre
Más allá de sí mismo
Adoro tus perfecciones
Y tus fulgores sobre mi cuerpo helado
Recorres a zancadas
Los cielos –nada apacibles –
Y las estrellas incesantes
Y las estrellas quietas
Bella al alba y al crepúsculo
Dueña de la vida
Todo te magnifica.
Harold Alvarado Tenorio
En este poema se describe un ser femenino en términos admirativos (1-3, 4-5, 10-12). Pero desde el primer verso se comienza a ver la contradicción, que hace comprender que no describe a una mujer sino a la muerte. Una descripción que pasa por el tamiz de un lenguaje exaltante y valorativo como si se estuviera describiendo un encuentro erótico y, como el que se haría a un cuerpo deseado, pero que sirve en este caso para resaltar la magnificencia y poderío de la muerte. La Muerte es personificada, y se ve como una mujer imparable que puede recorrer «a zancadas los cielos». En una época turbulenta que hace que el yo poético se considere tomado por la muerte al referirse a su propio cuerpo con el adjetivo «helado».
El erotismo en la poesía colombiana de la Generación desencantada de Golpe de Dados, de Alejandra Toro Murillo