A Dafne ya los brazos le crecían,
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tomaban
los cabellos que al oro escurecían.
De áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros, que aún bullendo estaban;
los blancos pies en tierra se hincaban,
y en torcidas raíces se volvían.
Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
el árbol que con lágrimas regaba.
¡Oh miserable hado, oh mal tamaño!
¡Que con lloralla cresca cada día,
la causa y la razón por que lloraba!
Garcilaso de la Vega
(1491/1503 - 1536)
A APOLO SIGUIENDO A DAFNE
Bermejazo platero de las cumbres,
a cuya luz se espulga la canalla,
la ninfa Dafne, que se afufa y calla,
si la quieres gozar, paga y no alumbres.
Si quieres ahorrar de pesadumbres,
ojo del cielo, trata de compralla:
en confites gastó Marte la malla,
y la espada en pasteles y en azumbres.
Volvióse en bolsa Júpiter severo;
levantóse las faldas la doncella
por recogerle en lluvia de dinero.
Astucia fue de alguna dueña estrella;
Que de estrella sin dueña no lo infiero;
Febo, pues eres Sol, sírvete della.
A DAFNE, HUYENDO DE APOLO
«Tras vos, un alquimista va corriendo,
Dafne, que llaman Sol, y ¿vos, tan cruda?
Vos os volvéis murciégalo sin duda,
pues váis del Sol y de la luz huyendo.
ȃl os quiere gozar, a lo que entiendo,
si os coge en esta selva tosca y ruda:
su aljaba suena, está su bolsa muda;
el perro, pues no ladra, está muriendo.
»Buhonero de signos y planetas,
viene haciendo ademanes y figuras,
Cargado de bochornos y cometas.»
Esto la dije; y en cortezas duras
se injirió contra sus tretas,
Y, en escabeche, el Sol se quedó a oscuras.
Francisco de Quevedo
(1580 - 1645)

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