LA LECTORA
Ana, siempre
Te has vuelto a acurrucar en el rincón
donde leías por un instante, eterna.
Como aquella foto vieja
que guardé entre las páginas de un libro
que no sabría localizar ahora. Levantabas
la vista ─como un pájaro el pico─ para verme
y sonreías a la vida, me entregabas
ese lujo sencillo del silencio, esa belleza
humilde de la tarde y el corazón
de la música
casi al alcance de la mano.
Yo también te miraba con idéntica alegría.
Cuando volví a buscarte, después
de un parpadeo, en el sillón no había nadie,
sólo el hueco de un cuerpo,
sólo un pañuelo de lunares
latiendo en el respaldo
y el abismo.
La belleza sin trucos del abismo.
Alfredo Buxán (Galicia, 1950)
(Leído en El blog de Amaduma)
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