BIOGRAFÍA DE LA BESTIA
El mescal y el peyote, la sangre y la saliva, el aguardiente y el coñac, el sopor y el insomnio,
la sombra y el desnudo, el opio y la morfina, entran como parejas en el Arca del Tiempo.
Entre el millón de especies, nadie discute su presencia, ninguno pone obstáculos, no se
cuestiona su prestigioso señorío.
Soy yo el exonerado y el paria y el sin par. Yo soy el esqueleto prodigioso, el numen
arqueológico del último, el sin continuidades, el bestial aparato originario, el aparcado,
el odioso carnero y príncipe carnudo de las historias singulares, el incompleto, el culo de
las defecaciones moribundas.
Soy el engendro, el monstruoso unitivo, la Bestia solitaria sin esperanza de completamiento.
Soy el extinto, el museable, la pieza rara de las colecciones.
Pero es más: soy tu sombra; soy el reguero de tus genitales, la huella de la cola de la iguana,
la bosta ciega del escarabajo.
Y soy tu mestrua y tus jugos lascivos. Y soy la piel que cambias en cada primavera. Soy el
botón de tu bragueta y hasta el collar de perro de tus leves paseos por los prolijos
bulevares.
Y nada soy de nada ni de nadie. Mierda inconsútil de un intestino imaginario, vómito
hastiado de tristeza y olvido.
O bien soy el opiófago de los tugurios alfombrados, el sacerdote de los humos sutiles, el tan
castrado alcohólico suicida.
Mas no estaré en el Arca. Yo seré el desdeñado sin pareja, pese a la que formamos tú y yo,
en el tinglado abstruso del poema. Persona sin persona, animal andrajoso sin cuerpo y
sin olfato, coleóptero sin cáscara, bicho de insoportables metamorfosis, reloj sin
minuteros.
O la Bestia del verso, la mosca de las sílabas, el parasol de la sintaxis, el huevo ciego de la
ortografía.
O la barca sagrada de Caronte sin remos. O la fisonomía de la muerte. O el idolillo del
escapulario. O el diente sin veneno del ofidio extinguido de la vida.
José Viñals
No hay comentarios:
Publicar un comentario