Un
anochecer yo
miraba elevarse el vapor
de mi cuenco de arroz blanco.
Entonces supe
que algo se había ido para siempre.
Que ahora también
se estaba yendo para siempre.
A comer.
Y me comí el arroz.
Han Kang
(Leído en el blog de Emma Gunst)
No hay comentarios:
Publicar un comentario