UNA LECTORA
Hasta el tercio inferior del muslo blanco
ávidamente estíranse las medias.
Allí seis broches de metal las muerden,
de ordinario latón... Yo cincelara
seis viperinas cabezuelas de oro.
La cabeza hacia atrás, hínchase el cuello
corrido por las venas yugulares,
asoma la barbilla el borde apenas,
y el rostro no se ve, pues se lo tapa
con sus dos alas de color el libro.
Los levantados y desnudos brazos
dejan al descubierto las axilas,
negras, rizadas, hondas,
más que sexos impúdicas.
Baldomero Fernández Moreno
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