GRANADA
Hoy vuelvo a ti, Granada de mi ensueño,
como el alumno eterno de lo amargo.
Todo lo encuentro, igual que entonces, bello;
todo más triste aún y alucinado.
Beso la clara fuente y beso el puente
donde mis ojos estudiaron llanto.
Y, como el gallo de la Alhambra, vuelvo
con la veleta de la muerte en alto.
Sombra fui de una tarde entre las colchas
de la calleja vieja del estanco...
Qué nauseabundo el perro de la vida
hallé, tan negro, tras de mí acechando.
Oh Granada, granada está mi alma
y el corazón a punto de enterrarlo.
Yo sé que tú no quieres que me vaya,
sino que muera –¡rojo!– entre tus gajos.
Vicente Núñez
Ocaso en Poley, 1982
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