Fotografía de Herr_Mueller - The Good Life #1

29 de marzo de 2026

Italo Calvino - El barón rampante

 

Las empresas que se basan en una tenacidad interior deben ser mudas y oscuras; a poco que uno las declare y se gloríe de ellas, todo parece fatuo, sin sentido e incluso mezquino.

Italo Calvino


El barón rampante, en Nuestros antepasados  El vizconde demediado - El barón rampante - El caballero inexistente. Traducción de Esther Benítez. Alianza Editorial, 9ª reimpresión 1989; 1ª ed. 1977.


Le imprese che si basano su di una tenacia interiore devono essere mute e oscure; per poco uno le dichiari o se ne glori, tutto appare fatuo, senza senso o addiritura meschino.


Un poco de contexto para la cita:

  Un susurrar de ramas, y desde una alta higuera asoma la cabeza Cosimo, entre hoja y hoja, jadeando. Ella, de abajo arriba, con la fusta en la boca, lo miraba a él y a ellos, aplastados todos en la misma mirada. Cosimo no pudo contenerse; todavía con la lengua fuera saltó:
  —¿Sabes que nunca he bajado de los árboles desde entonces?
  Las empresas que se basan en una tenacidad interior deben ser mudas y oscuras; a poco  que uno se gloríe de ellas, todo aparece fatuo, sin sentido e incluso mezquino. Así mi  hermano, apenas  pronunciadas esas  palabras habría  querido  no  haberlas  dicho  nunca,  y ya no  le  importaba  nada  de  nada, e incluso le entraron ganas de bajar y acabar de una vez. Tanto más cuanto que Viola se quitó la fusta de la boca y dijo en tono amable:
 — ¿Ah, sí? ¡Menudo gaznápiro!

Uno sfrascar sui rami ed ecco, da un alto fico affaccia il capo Cosimo, tra foglia e foglia, ansando. Lei, di sotto in su, con quel frustino in bocca, guardava lui e loro appiattiti tutti nello stesso sguardo. Cosimo non resse: ancora con la lingua fuori sbottò: - Sai che non sono mai sceso dagli alberi da allora? Le imprese che si basano su di una tenacia interiore devono essere mute e oscure; per poco uno le dichiari o se ne glori, tutto appare fatuo, senza senso o addirittura meschino. Così mio fratello appena pronunciate quelle parole non avrebbe mai voluto averle dette, e non gli importava più niente di niente, e gli venne addirittura voglia di scendere e farla finita. Tanto più quando Viola si tolse lentamente il frustino di bocca e disse, con un tono gentile: - Ah sì?... Bravo merlo! 



V. «Epitafio de Cosimo Piovasco di Rondò»


No hay comentarios:

Publicar un comentario