Las empresas que se basan en una tenacidad interior deben ser mudas y oscuras; a poco que uno las declare y se gloríe de ellas, todo parece fatuo, sin sentido e incluso mezquino.
Italo Calvino
El barón rampante, en Nuestros antepasados El vizconde demediado - El barón rampante - El caballero inexistente. Traducción de Esther Benítez. Alianza Editorial, 9ª reimpresión 1989; 1ª ed. 1977.
Le imprese che si basano su di una tenacia interiore devono essere mute e oscure; per poco uno le dichiari o se ne glori, tutto appare fatuo, senza senso o addiritura meschino.
Un poco de contexto para la cita:
Un susurrar de ramas, y desde una alta higuera asoma la cabeza Cosimo, entre hoja y hoja, jadeando. Ella, de abajo arriba, con la fusta en la boca, lo miraba a él y a ellos, aplastados todos en la misma mirada. Cosimo no pudo contenerse; todavía con la lengua fuera saltó:
—¿Sabes que nunca he bajado de los árboles desde entonces?
Las empresas que se basan en una tenacidad interior deben ser mudas y oscuras; a poco que uno se gloríe de ellas, todo aparece fatuo, sin sentido e incluso mezquino. Así mi hermano, apenas pronunciadas esas palabras habría querido no haberlas dicho nunca, y ya no le importaba nada de nada, e incluso le entraron ganas de bajar y acabar de una vez. Tanto más cuanto que Viola se quitó la fusta de la boca y dijo en tono amable:
— ¿Ah, sí? ¡Menudo gaznápiro!
Uno sfrascar sui rami ed ecco, da un alto fico affaccia il capo
Cosimo, tra foglia e foglia, ansando. Lei, di sotto in su, con quel
frustino in bocca, guardava lui e loro appiattiti tutti nello stesso
sguardo. Cosimo non resse: ancora con la lingua fuori sbottò: - Sai che
non sono mai sceso dagli alberi da allora?
Le imprese che si basano su di una tenacia interiore devono essere
mute e oscure; per poco uno le dichiari o se ne glori, tutto appare
fatuo, senza senso o addirittura meschino. Così mio fratello appena
pronunciate quelle parole non avrebbe mai voluto averle dette, e non
gli importava più niente di niente, e gli venne addirittura voglia di
scendere e farla finita. Tanto più quando Viola si tolse lentamente il
frustino di bocca e disse, con un tono gentile: - Ah sì?... Bravo merlo!
V. «Epitafio de Cosimo Piovasco di Rondò»
No hay comentarios:
Publicar un comentario