EPITAFIO EN PRIMAVERA
EL corazón sabía…
Lo sabe. Lo está viendo.
Mínima
y breve era su voz.
Toda su alegre vida
se deslizaba, dulce
y honda; el corazón
lo sabía.
Como en abril la rosa
se abre, se desgañita
en pétalos al cielo,
ella era igual. Se le veía
el alma, fresca como
los guijos en el río
y cantarina.
El corazón lo sabe.
Fue una muerte sencilla.
Acaso pidió el sol
de primavera. Iba
siempre de mayo. A nadie
se le olvida
el mar bajo sus ojos
y la esperanza aquella sin medida.
Ella
vivía
dieciséis años. Hoy
está la tierra encinta.
Es primavera, huele
toda la tierra a su limpia alegría
Jesús Hilario Tundidor
Junto a mi silencio. Premio Adonais 1962. Ediciones Rialp, 1963
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