El hombre perfecto e ideal debería ser de origen persa oriental, de fe arábiga, de educación iraquí (es decir, babilonia), hebreo por su astucia, discípulo de Cristo en su conducta, tan piadoso como un monje sirio, griego en las ciencias particulares, indio para interpretar todos los misterios, pero, en definitiva y especialmente, sufí en toda su vida espiritual.
Hermanos de la Pureza de Basora, siglo X
Leído en Historia íntima de la humanidad, de Theodore Zeldin, Plataforma Editorial, 4ª edición, mayo de 2015; 1ª ed., 2014 (1ª edición original, 1994)
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