Fotografía de Herr_Mueller - The Good Life #1

8 de mayo de 2025

Claudia Prado - José

 

JOSÉ

Viajamos sobre el tanque
de un camión cisterna
con una mano
aferrados para no caer
y en la otra cada uno
un cigarrillo que vos
sostenés entre el pulgar
y el índice. Mirás
con curiosidad y decís
mentiras bonitas
veloces  «¿cómo pasa
un avestruz el alambrado?
como una señora, primero
un pie, después el otro».
Te escucho y noto
mi manera de fumar
sobre un camión
cisterna ante una mesa
el cigarrillo siempre
entre el mayor y el índice.
Al lado tuyo
parezco perdida, decís
 «hoy sábado», ese día
sin sentido en el campo
imagino qué cosas
te estarás perdiendo
y por contraste
recuerdo «ser nostálgico
significa no saber
a donde querría ir uno».

Claudia Prado 

(Puerto Madryn, Patagonia Argentina, 1972)


Antología de poesía de la Patagonia. Concha García (ed.) Servicio de Publicaciones Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga, Málaga, 2006



Felipe Núñez - «Signo de la caída y su elemento mismo…»

 

Signo de la caída y su elemento mismo,
patrón de la provincia y su ilustrada
molicie, rota
la edad, y las generaciones
del ganado espaciándose, deduzco
de su gozo culpable dulcificado en piedra esta enseñanza:
practica el vicio, no temas sus efectos.

Felipe Núñez



Los seres y las fuerzas (1979)




Adorno, Kertész y Jabès

 

Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie.

Theodor Adorno (1903 - 1969)


[La frase en su contexto: Kulturkritik findet sich der letzten Stufe der Dialektik von Kultur und Barbarei gegenüber: nach Auschwitz ein Gedicht zu schreiben, ist barbarisch, und das frißt auch die Erkenntnis an, die ausspricht, warum es unmöglich ward, heute Gedichte zu schreiben].


La crítica cultural se encuentra ante la etapa final de la dialéctica de la cultura y la barbarie: escribir un poema después de Auschwitz es un acto de barbarie, y esto también erosiona el conocimiento que expresa por qué se ha vuelto imposible escribir poemas hoy.


§ § § § § § 


Después de Auschwitz sólo queda la poesía. Sólo queda resistir con palabras ciertas.

Imre Kertész

(1929 - 2016), Premio Nobel de Literatura, 2002


§ § § § § § 


En una nota de El libro de la hospitalidad, de Edmond Jabés (traducción y presentación de Sarah Martín, Trotta, 2014; pg. 13), leemos lo siguiente:


En la entrevista con Marcel Cohen, Jabès señala: «A la afirmación de Adorno: ‘No se puede escribir poesía después de Auschwitz’, que nos invita a un replanteamiento global de nuestra cultura, sentiría la tentación de responder: sí, se puede; e, incluso, se debe. Es necesario escribir a partir de esta fractura, de esta herida constantemente reavivada» 



7 de mayo de 2025

Una fotografía de Viktória Kollerová

 


© Viktória Kollerová (Bratislava, Eslovaquia, 1984) - Autorretrato




Una fotografía de Steve McCurry

 


© Steve McCurry - Rio




De una película de Lubitsch

 


Robert L. Leonard - Filmplakat Ernst Lubitsch: Die Austernprinzessin, 1919
[‘La princesa de las ostras’]



Agustín García Calvo - «Yo entonaría también una danza…»

 

4

Yo entonaría también una danza
de ti, como antaño astuto coplero,
que a cuentas llamaba a son de pandero
papas y reyes en dulce venganza,
cantando «Señores, dejad esperanza
de que os valgan honores o cargos,
oro ni tierra, que, cortos o largos,
en el osario no rige ordenanza»;

y añadiría en nueva mudanza
«Venga el pastor de empresas y bancos,
el que esquilaba los débitos blancos,
el que de crédito henchía la panza;
venga y suscriba aquí mi libranza,
venga y verá lo que vale dinero:
todas sus cifras verá que eran cero
y qué de vacío mi cuenta se danza.

Venga a mi cita y no se retarde
por la autopista a ciento cuarenta
el mico neumático que se revienta
contra el terror de que nadie le aguarde;
alma enlatada de esencia que arde,
él, que hacia todo sin fin se dispara,
tendrá aquí su meta: de golpe mi cara
la verá fija; pero un poco tarde.

Y tú, la clienta de las galerías
del supermercado, que por la escalera
mecánica en pos de la cosa cualquiera
bajabas al cielo, al limbo subías,
entra a mi danza, y tus chucherías
saldrán de la bolsa profunda hechas humo,
consumidora de puro consumo,
tu vientre sin fondo, tus manos vacías.

También a mi danza entrad, presidentes,
jueces, ministros, y cuantos prohombres
engorda el Estado con pienso de nombres,
porque a Él lo guardéis con uñas y dientes;
vosotros que, en toda mentira potentes,
matábais seguros, con fe legislábais,
veréis quién hacía lo que ejecutabáis
veréis de qué Dios sois ciegos sirvientes.

Y venga» te haría cantar «a mi corro
el sabio, hilandero de telas de araña,
que hacía de yerba y sangre patraña;
verá qué de claro su libro le borro.
Ven tú también, obrero modorro,
que, prole criando con santo trabajo,
vendías la vida a jornal o destajo:
yo te daré libreta de ahorro».

Y así seguiría en fúnebre chanza
llamando uno a uno a todos tus seres,
blancos o negros, y chulos, mujeres
o santos, bailando en la misma balanza.
Pero no puedo: la voz no me alcanza,
y a todos llamando, no llamo a ninguno:
porque tú solo lo llamas a uno,
y uno soy yo que cantaba tu danza.


Agustín García Calvo


Libro de conjuros. Lucina, 1979 ( 2ª ed. 1981; 3ª ed. 1991)