Dos versos de un poema del poeta portugués Joaquim Manuel Magalhães:
As primeiras palavras dizem tudo,
as segundas já não dizem quase nada.
Dos versos de un poema del poeta portugués Joaquim Manuel Magalhães:
As primeiras palavras dizem tudo,
as segundas já não dizem quase nada.
HYDRA, 1960
Él se ha quedado dormido en la hamaca con las gafas caídas en la punta de la nariz, el lápiz a un lado y un cuaderno de notas abierto sobre su pecho desnudo; dentro del sueño oye los gritos de los niños de unos pescadores que se bañan en la cala. Algunos retales de sol se filtran entre la sombra de una parra donde en torno a los racimos de la uva dorada zumban las abejas. Ella se balancea en una vieja mecedora. Lleva una camisa de algodón, un sombrero de paja, unas sandalias grecolatinas, el pantalón corto impregnado de salitre, la piel quemada. La casa es muy humilde, tiene las paredes encaladas, las maderas pintadas de verde y en este momento la brisa que viene del mar infla las cortinas blancas. Todos los barrancos de la isla están llenos de espliego y alacranes y abren un ojo azul deslumbrado al Egeo. Nada era tan hermoso como estar juntos y habitar una aseada austeridad junto al mar, olvidados de todos, habiéndolo olvidado todo y oír de noche el sonido de las olas que les llevaba muy lejos con las velas ligeras de la imaginación desplegadas hacia las suaves calinas de una patria común donde habitan marineros semejantes a Telémaco y ninfas aromatizadas de brea y marihuana. Antes de abandonar la casa, ella ha dejado una nota escrita en la mesa de la cocina junto a una ensalada de apio y aguacate, que tanto le gustaba. El joven que duerme en la hamaca se llama Leonard Cohen; la mujer que se balanceaba en la mecedora era su novia Marianne. Estaban en Hydra, una isla griega, en 1960, Fue aquel día cuando después de una historia de amor que duró ocho años, al despertar del sueño, Leonard supo que Marianne lo había abandonado. Entonces él tomó el cuaderno de notas que tenía sobre su pecho y escribió: “Tu cuerpo, Marianne, estará siempre en esta casa, en cualquier otro mar” Leonard entendió que había llegado el tiempo de llorar.
Manuel Vicent
(El País, 30-7-23)
TONADA DE LUNA LLENA
Yo vide una garza mora
dándole combate a un río,
así es como se enamora
tu corazon con el mío.
Luna, luna, luna llena, menguante;
luna, luna, luna llena, menguante...
Anda muchacho a la casa
y me traes la carabina
pa matá este gavilán
que no me deja gallina.
La luna me esta mirando,
yo no sé lo que me ve;
yo tengo la ropa limpia,
ayer tarde la lavé.
Luna, luna, luna llena, menguante;
luna, luna, luna llena, menguante...
Simón Díaz
Conocí esta canción en la versión de Caetano Veloso en su álbum Fina estampa de 1994 y así la recuerdo. Y otra cosa, Simón Díaz es el autor de la celebérrima Caballo viejo.
EL MUERTO Y LA LUNA
(Cuento sandé)
Un anciano ve un muerto sobre el que caía la claridad de la luna. Reúne gran número de animales y les dice:
¿Cuál de vosotros, valientes, quiere encargarse de pasar el muerto o la luna a la otra orilla del río?
Dos tortugas se presentan: la primera, que tiene las patas largas, carga con la luna y llega sana y salva con ella a la orilla opuesta; la otra, que tiene las patas cortas, carga con el muerto y se ahoga.
Por eso la luna muerta reaparece todos los días, y el hombre que muere no vuelve nunca.
Blaise Cendrars
Anthologie nègre, 1921. Traducción de Manuel Azaña (1930)
(Fuente: Poesía. Revista ilustrada de información poética. Número 10. Invierno 1980-81)
«A verdade na História, não é o que foi, mas o que tendo podido ser, parece ter sido.»
Severino de Souza in Breve História dos Povos de Angola
Leído en A Feira dos Assombrados e outras histórias inverossímeis, de José Eduardo Agualusa, Publicações Dom Quixote, 2ª ed., 2001