Fotografía de Herr_Mueller - The Good Life #1

2 de octubre de 2025

Fernando Quiñones - Lucía la Uruguaya

 

LUCÍA LA URUGUAYA

El amigo me lo contaba
sin jactancia, con un asombro
mitigado ya por el tiempo.

«Pasé el mar — le decía ella
aprestando al amor el cuerpo fino —.
Pasé el mar con mi hombre
y mis dos chicos, sin saber
que no era más que para conocerte,
enterarme de que tu lengua
es mi único alimento».

Le decía, las manos en su cara:
«Haz todo y más porque, después de ti,
ya no me importe nada, nadie.
Acábame aunque no sin dejarme
marcado el cuerpo. Y no me ames: úsame, que yo pondré el amor.
No quiero para ti ese peso ni ninguno.
Ve en mí no más un instrumento
de tu placer y no te rías si me notas
tan ansiosa como una virgen.
Tu sexo ante mis ojos, dueño de ellos y de mis pezones.
Que me hiera sin cura, que se enrede
en mi alma hasta agotarme».

              Quién.
Quién diría que aquello era de pago.


Fernando Quiñones


(Chiclana de la Frontera, 1930 - Cádiz, 1998)


(aquí)


1 de octubre de 2025

Un aforismo de Francisco Rodríguez Barrientos

 

Aún nos quedan palabras para seguir escupiendo sangre.

Francisco Rodríguez Barrientos

(Costa Rica, 1956)



Disparos al aire   Antología del aforismo en Hispanoamérica (Hiram Barrios). Ediciones Trea, 2022




Una fotografía de Van Leo

 

Italian Beauty, Cairo 1950



Van Leo (born Levon Alexander Boyadjian; November 20, 1921 – March 18, 2002) was an Armenian-Egyptian photographer who became known for his numerous self-portraits and portraits of celebrities of his time.

(Wikipedia)



Autorretrato de Van Leo como gangster (aquí)




Autorretrato de Martín Chambi en el estudio, Cusco, 1922

 




Martín Chambi  (Puno, 1891 - Cusco, 1973) fue un fotógrafo peruano. Es considerado como pionero de la fotografía de retrato.​ Reconocido por sus fotos de testimonio biológico y étnico, ha retratado profundamente a la población peruana y su patrimonio.

Wikipedia 


Edward Burra - The Snack Bar, 1930

 



Edward Burra (1905 - 1976) -  The Snack Bar, 1930



Héctor Murena - «Sea el laurel de tristeza y osadía…»

 

Sea el laurel de tristeza y osadía
para este fugitivo inspirado y pálido.
Inicia su vida nueva, acepta,
va a luchar hondamente
con esa muerte que come su piel
pero que tiene su exacta estatura,
a ese grave misterio
en él encarnado
va a enfrentar ante los días.
Para este fugitivo inspirado y pálido
sea el laurel de tristeza y osadía.

Héctor Murena

(Buenos Aires, 1923 - 1975)



Antología de poetas suicidas [1770 - 1885], Selección, coordinación y notas de José Luis Gallero, Árdora Ediciones, 2005-2006




Eduardo Vázquez Martín - Donde se levanta censo aproximado de sirenas, y con brevedad...

 

Donde se levanta censo aproximado de sirenas, y con brevedad se prosan algunas cualidades de ellas al estilo de Francisco Delicado

                                                                                                                                        para Adriana


Las hay muchas y son variados sus hábitos. Unas sólo cantan sentadas a la puerta de su casa. Otras cuando cantan peinan larga cabellera. Se sabe, por raro que parezca, que además de sorda no falta la que es muda. Sirenas arrepentidas y cínicas. Unas santas y otras pecadoras, golosas y flacas, necias y atentas. Van de un lado a otro, de costa a costa, atropellándose en su enloquecimiento de cardumen disperso. De ahí que se diga que a río revuelto ganancia de pescador.

Altas y espigadas las que más favores reciben y mejor muerte proporcionan; son caras. Porque también es variado el precio que se paga por tanta alcahueta, ramera de buena voz —tesitura dice el que de eso sabe o le contaron—. Sirenas putas y putas sirenas, pastan yerbas dóciles cuando se manatinan y se hacen buenas. Sirenas de horario muy distinto; la que sólo ama y mata a media noche, la que a cualquier hora, por vicio y por gusto y porque nunca falta quien va resuelto a perderse en sus abrazos. Por lo mismo hay remilgosas, apretadas, siperonoahorita. Romanas y griegas, españolas mudéjares y portuguesas tristes. Sirenas meridianas y occidentales. Sirenas combatidas y sirenas vencidas. Sirenas güelfas, gibelinas, injuínas y de mentiras. Sirenas secretas y sirenas públicas. Sirenas para cantarle sólo al príncipe y al vate que al príncipe la canta. Sirenas rebeldes, feriales y famosas. ¡Ligeia y Circe! —por ejemplo—.

Sirenas trasvestidas hay. Sirenas de ambos sexos en las orillas de Reforma e Insurgentes. Sirenas para siempre. Sirenas de una noche. Al piano y con guitarra. Sirenas de acordeón —falsas sirenas—. Sirenas maquilladas y sirenas jabonadas. Sirenas de partido, de catedral y de domingo. Buenas y malas sirenas. Hay tantas y tantas y el Campo Santo es corto que para eso hay mar y mar por todos lados.

Eduardo Vázquez Martín

Selección: Eduardo Milán y Ernesto Lumbreras


(Poesía virtual)