© Leon Tarac - Paris XIXeme / Eté 74, Flo.
VACACIONES O FALTA DE IMAGINACIÓN
Cuando saqué a pasear a la perra ya había oscurecido. La cresta de las montañas se dibujaba un poco más negra que el comienzo de la noche que nos rodeaba. Dentro de la casa esperaba buena parte de mi familia, reunida en la misma habitación, junto al fuego. Las vacaciones producen esa clase de imágenes. A la casa habíamos llevado juegos de mesa, un ordenador conectado a internet para ver películas y un libro de poemas. Leí uno de Elizabeth Bishop, Cuestiones de viaje. “¿Es por falta de imaginación por lo que venimos / a lugares imaginados, en lugar de quedarnos en casa?”. Al leerlo, me pareció que Bishop escribió estas preguntas para mí. ¿Qué me había traído hasta mis vacaciones? ¿El cansancio, el deseo o la más pura falta de imaginación?
Bishop concluye así: “Continente, ciudad, país, sociedad: / la elección nunca es amplia y nunca es libre. / Aquí o allí… No. ¿No tendríamos que habernos quedado en casa, / dondequiera que fuese?”. Seguramente, me dije. La cuestión es que eso que Bishop llama casa es quizá ese lugar donde ser una misma. Quizá eso es precisamente lo que vamos buscando en vacaciones: quiénes somos, cómo nos sentimos ser, a quiénes deseamos tener un poco más cerca.
El libro de poemas guardaba más versos para mí. Hilda Doolittle, Marianne Moore, Louise Bogan, May Swenson… Nunca antes había leído a May Swenson, pero en esta selección (Antología de las poetas estadounidenses, en Alba Editorial) aparece uno que dedica a su amiga Elizabeth Bishop. “Hasta hoy en Delaware, Elizabeth, no he sabido / que falleciste en Boston hace una semana. ¿Cómo puede ser / que abandonaras el mundo sin que yo lo supiera?”, escribe. Y luego habla de un paseo por la playa con estos versos: “Los gritos de los charranes. El estruendo de las olas. El viento me desgarra / el rabillo del ojo. La sal del oleaje se congela sobre mi rostro. / Una sola vida es tan pequeña como una pluma caída. O una concha partida”. Y, al leerlo, entiendo que he viajado hasta aquí para intentar sentir como las poetas, para conquistar una forma de estar en el mundo que, como la poesía, se limite a existir, sin horizonte, pegada a la vida. No es fácil, da igual lo lejos que vayas, siempre es necesario recurrir a la imaginación. Después de todo, la poesía ha seguido un camino paralelo, capaz de observar la sociedad sin llegar a fundirse nunca con ella. Creo que, por eso, la poesía es la única palabra que resiste, esa que no se ha industrializado ni entiende de progreso, ni de logros.
“Pero la visión pervive, Elizabeth. Tu visión se multiplica”, escribe Swenson. “No desaparece, tu visión pervive de ojo en ojo, / tus palabras se perpetúan de boca en boca”. La leo y comprendo que la poesía, como el hielo de los polos, podría sucumbir. Porque, efectivamente, es imposible sentirla sin una comunidad lectora, sin una generación poética, sin ese de boca en boca. Y sin poesía, adiós a las vacaciones. Podríamos convertirnos en turistas eternos, sería el fin de cualquier viaje, empezando por el interior. Entonces, ¿qué hacemos? ¿dónde regresaremos después del viaje? Sé que es una pregunta difícil tan cerca del lunes. Pero necesaria. Les sugiero pensar en esa boca donde perpetuar una palabra. Imaginarla. Y resistir.
Nuria Labari
(El País, 31 de marzo de 2024)
Tanto gentile e tanto onesta pare
la donna mia, quand'ella altrui saluta,
ch'ogne lingua devèn, tremando, muta,
e li occhi no l'ardiscon di guardare.
Ella si va, sentendosi laudare,
benignamente e d'umiltà vestuta,
e par che sia una cosa venuta
da cielo in terra a miracol mostrare.
Mostrasi sì piacente a chi la mira
che dà per li occhi una dolcezza al core,
che 'ntender no la può chi no la prova;
e par che de la sua labbia si mova
un spirito soave pien d'amore,
che va dicendo a l'anima: Sospira.
Dante
Tanto gentile e tanto onesta pare è un sonetto di Dante Alighieri contenuto nel XXVI capitolo della Vita Nova, uno dei più chiari esempi dello stile della loda e della scuola stilnovista
(Wikipedia)
Paráfrasis del soneto:
«Tanto nobile d'animo e tanto piena di decoro è
la donna mia, quando rivolge ad altri il saluto,
che ogni lingua diviene, tremando, muta,
e gli occhi non hanno il coraggio di guardarla.
Ella così va, sentendosi lodare,
benevola e umile nell'atteggiarsi,
e sembra che sia una creatura discesa
dal cielo sulla terra per mostrare un miracolo.
Si dimostra così affascinante a chi la guarda
che trasmette, tramite gli occhi, una dolcezza al cuore,
tale che non la può capire chi non la prova;
e sembra che dal suo volto esca
uno spirito dolce ricolmo d'amore
che va dicendo all'anima: Sospira.»
A unos pocos kilómetros quilómetros de Berlanga de Duero. Y allí vamos.
Pero antes de entrar vente aún conmigo a dar un breve rodeo. Hasta Aguilera, a media docena de kilómetros. En el camposanto de este lugar está el colofón exacto del camino que hemos hecho.
Hace unos meses enterraron aquí a la tía Blasa, que iba a cumplir ciento dos años. Me dijeron que cuando se despertaba, a veces preguntaba a sus sobrinas: «¿Pero es que aún estoy viva? ¡A ver si no me voy a morir nunca y me vais a tener que enterrar tal cual!». Ibas a verla y te decía: «¿Pero qué hago yo aquí ya tantos años sin morirme? ¡Uy, Dios! Llamadme a don Julián por si no me ha hecho bien alguna cosa, que la haga otra vez y que pueda irme tranquila al otro mundo». Y recomendaba a las sobrinas: «Ponedme de mortaja el vestido de bodas que yo misma ya tengo arreglado y la toquilla que hay con él. Si se puede que me sepulten con el tío».
Y mientras echaban sobre la caja la tierra amontonada a la vera del hoyo, a mi lado un vecino con ochenta ya cumplidos —seguro, el siguiente— comentaba con naturalidad: ¡hay que ver, qué suave sale la tierra en estos sitios!
Avelino Hernández
Donde la vieja Castilla se acaba: Soria, Editorial Rimpego, León, 2015 (1ª ed. original como Donde la vieja Castilla se acaba, Ediciones De la Torre, Madrid, 1982)
La ametralladora escribe los puntos suspensivos de la muerte.
Las palabras son el esqueleto de las cosas, por eso duran más que ellas.
Ramón Gómez de la Serna
¡Ay, las fechas están agazapadas en el calendario, igual que gatos junto a la ratonera, para matar los días en el instante mismo de salir!
Rafael Sánchez Ferlosio
Vendrán más años malos y nos harán más ciegos. Ediciones Destino, 1993