Ingrid Bergman (Estocolmo, 29 de agosto de 1915 - Londres, 29 de agosto de 1982)
Conocí este poema de Jacques Prévert como letra de una canción interpretada por Marlene Dietrich. La música, naturalmente, de Joseph Kosma.
DÉJEUNER DU MATIN
Il a mis le café
Dans la tasse
Il a mis le lait
Dans la tasse de café
Il a mis le sucre
Dans le café au lait
Avec la petite cuiller
Il a tourné
Il a bu le café au lait
Et il a reposé la tasse
Sans me parler
Il a allumé
Une cigarette
Il a fait des ronds
Avec la fumée
Il a mis les cendres
Dans le cendrier
Sans me parler
Sans me regarder
Il s’est levé
Il a mis
Son chapeau sur sa tête
Il a mis
Son manteau de pluie
Parce qu’il pleuvait
Et il est parti
Sous la pluie
Sans une parole
Sans me regarder
Et moi j’ai pris
Ma tête dans ma main
Et j’ai pleuré.
Jacques Prévert
DESAYUNO
Echó café
En la taza
Echó leche
En la taza de café
Echó azúcar
En el café con leche
Con la cucharilla
Lo revolvió
Bebió el café con leche
Dejó la taza
Sin hablarme
Encendió un cigarrillo
Hizo anillos
De humo
Volcó la ceniza
En el cenicero
Sin hablarme
Sin mirarme
Se puso de pie
Se puso
El sombrero
Se puso
El impermeable
Porque llovía
Y se marchó
Bajo la lluvia
Sin decir palabra
Sin mirarme
Y me cubrí
La cara con las manos
Y lloré.
Besa la mano de tu enemigo hasta que se la partas.
Proverbio árabe
Epígrafe en un poema de Cielos e inviernos, “Adiós, muchacho, compañero de mi vida”, de Ramón Irigoyen, Ediciones Hiperión, 1980, 2ª edición (1ª ed. 1979)
Acomodarse es, a un tiempo, triunfar y perecer.
*
La razón le abandona cuando necesita pensar.
*
Cultivó el arrebato para dar razón de sí.
Carlos Díaz Dufoo, hijo
Emilio Pettoruti (La Plata, 1892 - París, 1971) - Ragazza (Carolita) [1922]
(Gandalf’s Gallery, Flickr)
ORIGEN
(Las fuerzas de la tierra)
Me gusta que mi cuerpo presienta la tormenta,
sentir como una planta, una espina, una ola,
al trueno negro por la noche.
Que me entren por las plantas de los pies
duros efluvios de los minerales;
¡oh, Pan, dame tu fruta y tu piel de pantera,
la leche de las corzas y el racimo cargado,
los cuarzos y los óxidos, los saurios primitivos
y aquel fuego encendido por un brazo peludo
en el primer invierno de la Tierra.
Quiero estar con raíces y con nervios; tentáculos
que capten el ozono de las lluvias.
El caracol marino y la tortuga, sean
como un sueño en el suero salado de mi sangre.
Que el pecho de la hembra inflame mis arterias;
que me ahuyente el dulzón hedor de los cadáveres
y sienta los nocturnos espantos de las grutas
pintadas de rojizos bisontes abultados.
Agustín de Foxá