El principio del fin es el dominio. Vuelvo
una vez más a casa, derrotado. Atardece
sin dignidad, acaso sin amor, como un lento
desplome. He de ser vulnerable para
que pueda ser. El viento, la luz de octubre
en la higuera. También es débil la belleza
y se oculta, se debe ocultar, también es
caediza. Entregarse del todo, no mandar
ni pedir. Al trasluz las ramas, el cielo. Lo libre.
Si se quema el ribazo con más fuerza
brota en abril el ricio, con más verdor. Lo saben
los vaqueros, lo saben quienes echan a la lumbre
sus escritos, su porvenir. No hay sacrificio
sin recuperación ni humo sin rescoldo, porque la flor
no miente. Su belleza quedó, si estuvo
volverá, renacida, alguien habrá de rescatarla
librándose de sí mismo. La simiente se da
y por eso se perpetúa, germina, para cubrir
los andrajos del tiempo, como dijera Donne.
Fermín Herrero
La gratitud, XIV premio «Jaime Gil de Biedma» y
XIII Premio de la Crítica de Castilla y León
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