Fotografía de Herr_Mueller - The Good Life #1

2 de noviembre de 2025

Nasos Vayenás - Ahora es noviembre y se teje ya la red...

 

IV

Ahora es noviembre y se teje ya la red
que ha de envolverte. No queda nada.
Algo de luz azul si acaso en tu cabello
que también se desvanece.

Es decir, la luna pronuncia de nuevo
las palabras sin sílabas que hacen
salir airoso al destino.
¿Qué elegir,

la noche o la idea de la noche?
(Empieza a llover con ganas).
¿El árbol o el bosque? ¿La raíz
o el fruto?

Nasos Vayenás, Odas bárbaras.

Traducción de Vicente Fernández González. Capitel Poesía/Miguel Gomez Ediciones, 2014


(Blog Las diosas y las nubes)


1 de noviembre de 2025

Agustín García Calvo - «¿No lo oís? Es el tiempo, que corre…»

 

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¿No lo oís? Es el tiempo, que corre,
que sopla, que azuza,
que silba y se arremolina,
por las puntas de los cipreses,
por las calles donde los hombres
compran y venden.
¿Dónde han ido las rosas de antaño?
¿Dónde está la casa de adobes
de los abuelos? Todo,
todo arrastra. Subid
arriba a las torres,
si queréis oírlo
su aullido, su silbo
con que junta en rebaño las nubes,
su canto destemplado,
y gritar, preguntarle dónde los ha llevado:
¿dónde nos llevas, tiempo,
oh tiempo cierzo,
tiempo del Norte, tiempo
huracanado?
¿Dónde la madre aquella
que ya, que no,
que cómo se llamaba?
Los nombres vanos
se arrojan como cáscaras,
y los arrastra el tiempo
por las cañadas, por los bosques
de fresnos y de hayas
¿adónde? ¿Adónde
las hojas por la tierra,
las muertes de oro
innumerables,
los verdes cuerpos
de los faunos y dríades
antiguas marchitos,
amarillos, adónde?
¿Dónde? ¿Dónde? Ya basta:
¿para qué más abono
a la tierra?, ¿porqué
nuevas hojas, nueva
primavera a la rama?
Sopla, salvaje, aliento
del valle de la muerte:
que te oiga al menos
silbar en mis oídos,
en mis entrañas,
no pensar que todo va bien,
que la mar en calma,
que vamos tirando,
que la vida
dulcemente se pasa.
Hijos de muerte, ¿sentís
cómo os ciega de polvo los ojos,
cómo os roe la piel de la cara?
Silba, Aquilón, y dinos
adónde los llevas,
para quién arrancas
los negros cabellos
de estas sienes amargas:
¿adónde los dientes tan firmes?,
¿adónde las ingles doradas?
¿Adónde los caballitos
del tiovivo? ¿Adónde
la novia de labios humildes
como leche? Y aquel
muchacho que cantaba
“¿Dónde me llevas, tiempo?”
¿dónde se ha ido? ¿En dónde,
oh Tiempo, pára?

Agustín García Calvo


Canciones y soliloquios, Editorial Lucina, 2ª ed. 1982 (1ª ed. en La Gaya Ciencia, 1976)



Unas fotografías de Mircea D. Taguy

 

Día de los Muertos, 2019


My sister, my other half, my best friend, 2019


Give someone a mask and they’ll show their true face.” - Oscar Wilde (2018)


Mircea D. Taguy 



José Emilio Pacheco - Cuento de espantos

 

CUENTO DE ESPANTOS

Ayer la vi. No me lo van a creer.
Ayer me encontré con ella en el parque
por donde caminábamos a los veinte años.
Está igual que siempre.
En todo caso, la muerte
la ha embellecido, la rejuvenece, la hace
adolecer de adolescencia.
No veintidós
sino dieciocho a lo sumo.

Quién entiende el misterio
de los números y los años,
su más tiempo de muerta que edad de viva.
Pero cómo ilumina los dos orbes:
Venus, estrella
del alba y el crepúsculo;
muchacha para siempre y también sombra
que lleva de la mano a las tinieblas.

La vi de lejos y, como es natural,
me dominó el grave impulso
de acercarme, verla otra vez y decirle:
—No sabes cuánto te extraño.
No me resigno a no verte.
No te he olvidado.

Abrí la boca. No pude
pronunciar la menor palabra.
Me congeló la mirada
que sin decirlo decía:
-¿Cómo se atreve, señor?
¿No se ha visto al espejo?
¿No hay calendarios?
¿No toma en cuenta
las edades que nos separan?

Y de este modo yo, el aún vivo,
me convertí en el fantasma.


José Emilio Pacheco



La arena errante (1999), en Tarde o temprano [Poemas 1958-2009], Tusquets, 2010



Homero Aridjis - Asombro del tiempo

 

ASOMBRO DEL TIEMPO

(Estela para la muerte de mi madre, Josefina Fuentes de Aridjis)

Ella lo dijo: Todo sucede en sábado:
el nacimiento, la muerte,
la boda en el aire de los hijos.
Tu piel, mi piel llegó en sábado.
Somos los dos la aurora, la sombra de ese día.

Ella la dijo: Si tu padre muere,
yo también voy a morir.
Sólo es cosa de sábados.
Cualquier mañana los pájaros
que amé y cuidé van a venir por mí.

Ella estuvo conmigo. En mi comienzo.
Yo estuve con ella cuando murió, cuando nació.
Se cerró el círculo. Y no sé
cuándo nació ella, cuándo morí yo.
El rayo umbilical nos dio la vuelta.

Sobre la ciudad de cemento se alza el día.
Abajo queda el asombro del tiempo.
Has cerrado los ojos, en mí los has abierto.
Tu cara, madre, es toda tu cara, hoy que dejas la vida.
La muerte, que conocía de nombre, la conozco en tu cuerpo.

Dondequiera que voy me encuentro con tu rostro.
Al hablar, al moverme estoy contigo.
El camino de tu vida tiene muchos cuerpos míos.
Juntos, madre, estaremos lejanos.
Nos separó la luna del espejo.

Mis recuerdos se enredan con los tuyos.
Tumbados para siempre, ya nada los tumba.
Nada los hace ni deshace.
Palpando tu calor, ya calo tu frío.
Mi memoria es de piedra.

Hablo a solas y hace mucho silencio.
Te doy la espalda pero te estoy mirando.
Las palabras me llevan de ti a mí y de mí a ti
y no puedo pararlas. Esto es poesía, dicen,
pero es también la muerte.

Yo labro con palabras tu estela.
Escribo mi amor con tinta.
Tú me diste la voz, yo sólo la abro al viento.
Tú duermes y yo sueño. Sueño que estás allí,
detrás de las palabras.

Te veo darme dinero para libros,
pero también comida.
Porque en este mundo, dicen,
son hermosos los versos,
pero también los frutos.

Un hombre camina por la calle.
Una mujer viene. Una niña se va.
Sombras y ruidos que te cercan
sin que tú los oigas, como si sucedieran
en otro mundo, el nuestro.

Te curan de la muerte y no te salvan de ella.
Se ha metido en tu carne y no pueden sacarla,
sin matarte. Pero tú te levantas, muerta,
por encima de ti y me miras desde el pasado mío,
intacta.

Ventana grande que deja entrar a tu cuarto
la ciudad de cemento.
Ventana grande del día que permite
que el sol se asome a tu cama,
y tú, entre tanto calor, tú sola tienes frío.

Así como se hacen años se hace muerte.
Y cada día nos hacemos fantasmas de nosotros.
Hasta que una tarde, hoy, todo se nos deshace
y viendo los caminos que hemos hecho
somos nuestros desechos.

Sentado junto a ti, veo más lejos tu cuerpo.
Acariciándote el brazo, siento más tu distancia.
Todo el tiempo te miro y no te alcanzo.
Para llegar a ti hay que volar abismos.
Inmóvil te veo partir, aquí me quedo.

El corredor por el que ando atraviesa paredes,
pasa puertas, pasa pisos,
llega al fondo de la tierra, donde me encuentro, vivo,
en el comienzo de mí mismo en ti.

Número en cada puerta y tu ser pierde los años.
Tu cuerpo en esa cama ya sin calendarios.
Quedarás fija en una edad, así pasen los siglos.
Domingo 7 de septiembre, a las tres de la tarde.
Un día más, unos minutos menos.

En tu muerte has rejuvenecido,
has vuelto a tu rostro más antiguo.
El tiempo ha andado hacia atrás
para encontrarte joven. No es cierto
que te vayas, nunca he hablado tanto contigo.

Uno tras otro van los muertos, bultos blancos,
en el día claro.
Por el camino vienen vestidos de verde.
Pasan delante de mí y me atraviesan. Yo les hablo.
Tú te vuelves.

Pasos apesadumbrados de hombres
que van a la ceremonia de la muerte,
pisando sin pisar las piedras
de las calles de Contepec,
con tu caja al cementerio.

Tú lo dijiste un día:
todo sucede en sábado:
la muerte, el nacimiento.
Sobre tu cuerpo, madre, el tiempo se recuerda.
Mi memoria es de piedra.

Homero Aridjis




(Leído en Rua das Pretas)



El epitafio de Rilke

 

Rosa, oh contradicción pura, alegría
de no ser sueño de nadie bajo tantos
párpados.

Rainer Maria Rilke

 

Rose, oh reiner Widerspruch, Lust,
Niemandes Schlaf zu sein unter soviel
Lidern

 



Una fotografía de Anastasia



Anastasia / Αναστασία - 365 Project - Day 178, 2013



[ΚΟΙΜΗΤΗΡΙΟ - Ξέρεις ν’αντιμετωπίζεις το θάνατο; / Cementerio - ¿Sabes cómo afrontar la muerte?]